Hacking Ian La Construcción Social De Qué Resumen?

26.10.2022 0 Comments

Hacking Ian La Construcción Social De Qué Resumen
Idea [ editar ] –

  • Hacking se encuentra en un punto medio dentro de la filosofía de la ciencia, critica la construcción social de la realidad, y hace énfasis en el sentido común. Llegando a la idea de que si algo está construido socialmente puede ser evitable o no ser necesario.
  • Como punto primordial Hacking hace cuestionamientos sobre las ciencias, donde destaca que no se deben hacer las mismas cosas con que empezaron los pensadores de las culturas occidentales, ya que estas cosas se siguen haciendo por ellas mismas.

Así que, llega a considerar a la ciencia como una actividad científica y por lo tanto social, ejemplo básico de ello se indica con los científicos que trabajan por su cuenta y a pesar de ello comunican los resultados de su trabajo a la sociedad.

¿Que explica Ian Hacking 1999 sobre el construccionismo social?

La propuesta de Ian Hacking para el construccionismo social Su crítica consiste en desenmascarar que dicha clasificación es contingente y producto de una historia social, y en la especificidad en cómo las mismas interactúan con la realidad social.

¿Quién fue Ian Hacking?

Ian Hacking (1936, Vancouver, Canadá) es un filósofo e historiador de la ciencia. Enseñó en la Universidad de Stanford Actualmente, es presidente permanente en el College de France, dividiendo su tiempo con el trabajo en la Universidad de Toronto.

¿Qué significa la construcción social?

Una construcción social o un constructo social es una entidad institucionalizada o un artefacto en un sistema social ‘inventado’ o ‘construido’ por participantes en una cultura o sociedad particular que existe porque la gente accede a comportarse como si existiera, o acuerdan seguir ciertas reglas convencionales, o a.

¿Qué quiere decir que la realidad es una construcción social?

/ miércoles 9 de septiembre de 2020 Todos los días, en esta vorágine social que nos arrastra sin remedio a lo superfluo y nos aleja de la sustancia -la vida misma-, tomamos decisiones que afectan de alguna u otra manera a terceros; nada es lo que parece, pero en comunicación, hay una sentencia definitiva: para ser hay que parecer y si parece, es.

No se trata de un juego de palabras. Los seres humanos creemos, desde la antigüedad, que cada quien tenemos la razón y la verdad. Hemos secuestrado, en lo individual, eso que llamamos “mi realidad” y nos cuesta mucho trabajo aceptar que otros tienen un punto de vista distinto.

El empecinarse en creer que sólo existe una realidad (la nuestra por supuesto), la prisa, la impaciencia, el modo muchas veces equivocado para comunicarnos con los demás, el miedo, la falta de empatía y el no saber escuchar, nos está llevando a un extraño escenario de confrontaciones innecesarias.

  1. En su obra “La construcción social de la realidad”, los autores Peter L;
  2. Berger y Thomas Luckmann advierten que la realidad se concibe como un proceso dialéctico entre relaciones sociales; otros escritores y sociólogos señalan que constructo social es un artefacto dentro de una sociedad, inventado o creado por participantes de determinada cultura y que existe, porque la gente accede a comportarse como si existiera;

En una clase de postgrado, le pregunté a los participantes algo muy sencillo: ¿Qué es la realidad? Las respuestas, en su mayoría, coincidieron: es lo que existe… es la verdad de las cosas. Luego ingresé la segunda y última pregunta, ¿hay una sola realidad? Entonces las intervenciones fueron más claras: hay dos formas de percibirla.

  1. Quiero alejarme del terreno filosófico, pero desde su esencia sociológica, realidad es el constructo que tiene una persona justamente al construirla a través de sus sentidos y sus emociones y que obedece a estímulos a los que está sujeto dentro de la institucionalización de la sociedad y los ámbitos de interacción;

¿La realidad está o la construimos? Me parece que vamos a coincidir: nada existe si no lo creamos. Y ésa es precisamente la gran responsabilidad que tenemos los seres humanos. Todos los días construimos una realidad a la vista de los demás, pero es la emoción, los sentidos, lo que nos permite enviar un mensaje que debe ser percibido sin interpretaciones.

Y es que con mucha frecuencia, en cualquier discusión, hay dos partes que pretenden defender “su verdad” a costa de lo que sea; los famosos ruidos de la información se cruzan y ejercen un peligroso poder que lleva a emisor y receptor al encono, antes que aceptar el punto de vista del otro.

Esa es la parte importante: son puntos de vista, no verdades. ¿Qué nos impide aceptar una realidad que no nos conviene? El prejuzgar, adivinar, suponer, porque juzgar antes de tiempo, anticiparse a los hechos, es igual a no captar la realidad objetiva, sino la realidad neurótica creada en la mente.

Lo mismo es válido para el adivinar y el suponer: también son construcciones neuróticas mentales que nos impiden “ver” la realidad de las otras personas, tal cual son y están en el aquí y el ahora y no como han estado en el pasado.

Por ello se dice que “ningún paciente está tan enfermo como su expediente clínico”. Pero hay otras barreras de la comunicación que nos cierran los ojos ante la posibilidad de no tener la razón, como la superficialidad, el engaño, la mentira, la crítica destructiva, la pésima utilización del lenguaje y, por supuesto, el querer imponer nuestras razones sin aceptar las otras.

La guerra no existe como tal, es una construcción del hombre. Ni existen los conflictos emanados de la nada: los construimos nosotros. La realidad se construye, no está a la vista de nadie. Vemos lo que necesitamos ver, escuchamos lo que le agrada al oído y vemos lo que nuestras pupilas aceptan como válido.

Imagine una tierra inhóspita, desolada y ponga a dos personas frente a esa escena. Uno dirá que ahí no hay nada que hacer, porque la realidad le advierte una tierra infértil y un futuro catastrófico. Y el otro podrá observar, en su realidad, que se trata de un área de oportunidad, donde el agua está esperando a ser encontrada, que ahí se pueden sembrar alimentos y también esperanzas.

¿Quién tiene la razón? ¿Es o no la realidad una construcción social? Yo sólo escribo cosas comunes. Todos los días, en esta vorágine social que nos arrastra sin remedio a lo superfluo y nos aleja de la sustancia -la vida misma-, tomamos decisiones que afectan de alguna u otra manera a terceros; nada es lo que parece, pero en comunicación, hay una sentencia definitiva: para ser hay que parecer y si parece, es.

No se trata de un juego de palabras. Los seres humanos creemos, desde la antigüedad, que cada quien tenemos la razón y la verdad. Hemos secuestrado, en lo individual, eso que llamamos “mi realidad” y nos cuesta mucho trabajo aceptar que otros tienen un punto de vista distinto.

  1. El empecinarse en creer que sólo existe una realidad (la nuestra por supuesto), la prisa, la impaciencia, el modo muchas veces equivocado para comunicarnos con los demás, el miedo, la falta de empatía y el no saber escuchar, nos está llevando a un extraño escenario de confrontaciones innecesarias;

En su obra “La construcción social de la realidad”, los autores Peter L. Berger y Thomas Luckmann advierten que la realidad se concibe como un proceso dialéctico entre relaciones sociales; otros escritores y sociólogos señalan que constructo social es un artefacto dentro de una sociedad, inventado o creado por participantes de determinada cultura y que existe, porque la gente accede a comportarse como si existiera.

En una clase de postgrado, le pregunté a los participantes algo muy sencillo: ¿Qué es la realidad? Las respuestas, en su mayoría, coincidieron: es lo que existe… es la verdad de las cosas. Luego ingresé la segunda y última pregunta, ¿hay una sola realidad? Entonces las intervenciones fueron más claras: hay dos formas de percibirla.

Quiero alejarme del terreno filosófico, pero desde su esencia sociológica, realidad es el constructo que tiene una persona justamente al construirla a través de sus sentidos y sus emociones y que obedece a estímulos a los que está sujeto dentro de la institucionalización de la sociedad y los ámbitos de interacción.

¿La realidad está o la construimos? Me parece que vamos a coincidir: nada existe si no lo creamos. Y ésa es precisamente la gran responsabilidad que tenemos los seres humanos. Todos los días construimos una realidad a la vista de los demás, pero es la emoción, los sentidos, lo que nos permite enviar un mensaje que debe ser percibido sin interpretaciones.

Y es que con mucha frecuencia, en cualquier discusión, hay dos partes que pretenden defender “su verdad” a costa de lo que sea; los famosos ruidos de la información se cruzan y ejercen un peligroso poder que lleva a emisor y receptor al encono, antes que aceptar el punto de vista del otro.

Esa es la parte importante: son puntos de vista, no verdades. ¿Qué nos impide aceptar una realidad que no nos conviene? El prejuzgar, adivinar, suponer, porque juzgar antes de tiempo, anticiparse a los hechos, es igual a no captar la realidad objetiva, sino la realidad neurótica creada en la mente.

Lo mismo es válido para el adivinar y el suponer: también son construcciones neuróticas mentales que nos impiden “ver” la realidad de las otras personas, tal cual son y están en el aquí y el ahora y no como han estado en el pasado. Por ello se dice que “ningún paciente está tan enfermo como su expediente clínico”.

Pero hay otras barreras de la comunicación que nos cierran los ojos ante la posibilidad de no tener la razón, como la superficialidad, el engaño, la mentira, la crítica destructiva, la pésima utilización del lenguaje y, por supuesto, el querer imponer nuestras razones sin aceptar las otras.

La guerra no existe como tal, es una construcción del hombre. Ni existen los conflictos emanados de la nada: los construimos nosotros. La realidad se construye, no está a la vista de nadie. Vemos lo que necesitamos ver, escuchamos lo que le agrada al oído y vemos lo que nuestras pupilas aceptan como válido.

Imagine una tierra inhóspita, desolada y ponga a dos personas frente a esa escena. Uno dirá que ahí no hay nada que hacer, porque la realidad le advierte una tierra infértil y un futuro catastrófico. Y el otro podrá observar, en su realidad, que se trata de un área de oportunidad, donde el agua está esperando a ser encontrada, que ahí se pueden sembrar alimentos y también esperanzas.

¿Quién tiene la razón? ¿Es o no la realidad una construcción social? Yo sólo escribo cosas comunes.

¿Qué características debe tener un conocimiento para que se pueda considerar científico?

¿Qué ejemplos existen de la construcción social?

Por qué se crean los constructos sociales – Los seres humanos necesitamos dar sentido a nuestra realidad y esto es precisamente lo que postula la teoría del constructivismo social: creamos constructos sociales para dar sentido al mundo objetivo. Una de las formas más habituales de dar sentido es construyendo categorías y aplicando etiquetas.

Por ejemplo, dividimos a las personas en función de las distintas características físicas que poseen y creamos la construcción social denominada “raza”. O clasificamos a un ser vivo en función de si tiene ramas con hojas.

construyendo el concepto de “árbol”. Estos dos ejemplos, aunque muy diferentes entre sí, tienen algo en común: que ambos son construcciones artificiales basadas en ideas y creencias que pueden variar a lo largo del tiempo y el espacio (el contexto o la cultura).

Los constructos sociales incluyen valores y creencias que, como decimos, pueden modificarse a medida que las sociedades y los individuos interactúan; de este modo, emergen nuevos significados o cambian los ya disponibles.

El término “feminismo” no es el mismo hoy que hace varias décadas. Y lo mismo ocurre con otras construcciones sociales, como el humor o el concepto de género.

¿Por qué la historia es una construcción social?

EDITORIALES La construcción social de la Historia de la Enfermería JOSÉ SILES GONZÁLEZ Departamento de Enfermería. Universidad de Alicante, España Uno de los retos más sostenidos a lo largo del tiempo, una cuestión anquilosada y crónica que pende como la espada de Damocles sobre la entrecortada trayectoria del colectivo enfermero, radica en la dificultad para definir su imagen social e histórica, con todas las consecuencias que acarrea este déficit en su devenir profesional y científico. Por todo ello, el punto de partida de este ejercicio de reflexión se orienta en torno a la consecución de los siguientes objetivos: -Reflexionar sobre la relación entre el déficit de identidad de la enfermería y la capacidad para crear (construir) y gestionar la memoria colectiva de la misma.

  • -Analizar las vinculaciones entre la construcción social de la historia, la ideología, el poder y el sistema político;
  • -Describir las principales causas que, tradicionalmente, han obstaculizado la socialización de la enfermería como grupo profesional y la creación de su memoria colectiva;

Construcción social de la historia y cultura. Tradicionalmente se han distinguido dos formas de concebir la construcción social de la historia: la historia como resultado de la interpretación del hombre inserto en su cultura (ha existido siempre la construcción social de la historia); y la historia como consecuencia de las aportaciones de todos los individuos, grupos, elementos y factores que participan en la dinámica social de una cultura sin ningún tipo de exclusión.

  1. Ambas interpretaciones coinciden en señalar la dimensión cultural como factor relevante en el proceso de construcción social de la historia, por lo que el estudio de las culturas puede considerarse como un paso previo y esencial para comprender este proceso de construcción social;

Existen multitud de acepciones de cultura, pero siguiendo con la perspectiva esencialista, cualquier grupo humano cuya existencia implica la de la cultura, ésta podría ser definida de forma universal como “el conjunto de los comportamientos, pensamientos y sentimientos implicados en el proceso de satisfacción de necesidades de un grupo humano” (Siles, 2000).

  • Este mecanismo de satisfacción de necesidades -fisiológicas, sociales, psicológicas- provoca por sí mismo una proyección conceptual -inserta en el mapa del lenguaje- que constituye un proceso de elaboración totalmente involucrado en el plano semiótico: “El hombre es un animal suspendido en redes de significado que él mismo ha tejido” (Geertz, 1989);

Dicho de otra forma, cualquier conducta desarrollada en un grupo humano tiene un significado que es el que dota de cohesión cultural a dicho grupo. El grupo humano compuesto por el amplio y variado colectivo enfermero tal vez carece aún de un perfil preciso desde el punto de vista cultural y los enfermeros tienen una gran dificultad para alcanzar consensos sobre problemas nucleares (históricos), precisamente porque no son capaces de interpretar con los mismos significados cuestiones crónicas que siguen pendientes de solución desde tiempos inmemoriales.

Las perspectivas históricas y el tratamiento del tiempo. La historia se ha revelado como una ciencia que va más allá de la mera erudición, dado que aquellos colectivos que han desarrollado su propia historia, constituyen grupos socioprofesionales y científicos muy vertebrados.

Existen tres grandes formas de interpretar el paso del tiempo -la historia- : -La historia tradicional, que se ocupaba de los grandes acontecimientos (sucesiones drásticas, grandes eventos bélicos, etc), que eran narrados de forma lineal por un cronista.

  • Desde esta perspectiva histórica el tiempo era tratado de forma puntual o aguda dado que no se analizaban más que los hechos en sí mismos en el preciso momento que sucedían (de forma aislada);
  • Un ejemplo de visión tradicional de la historia de la enfermería podría ser el papel de Florencia Nightingale en la Guerra de Crimea, dado que se trata de un acontecimiento sobredimensionado por la “heroicidad” de la protagonista histórica;
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-La perspectiva coyuntural de la historia, que surge en el primer tercio del siglo XX con la escuela francesa de los Anales (Siles, 1999) constituye una visión más duradera del tiempo de análisis de los eventos, permitiendo un análisis más global del fenómeno estudiado (factores económicos, políticos, sociales, etc), aunque dicho fenómeno esté sujeto a cambios cíclicos.

  1. Un claro ejemplo de visión estructural de la historia de la enfermería española podría ser el caso de la enfermería durante la fase de la II República;
  2. -El enfoque histórico más dilatado, en cuanto al tratamiento del tiempo, lo representa la historia denominada estructural por adoptar una perspectiva en la que las estructuras estudiadas resisten el paso del tiempo (Vilar, 1980) permitiendo el análisis de su evolución a la luz de las influencias, que los distintos factores (ideológicos, políticos, económicos, etc), le imprimen;

La enfermería religiosa o la doméstica, con sus respectivas trayectorias ejemplifican dos claros casos de visión estructural de la historia de la enfermería. Interpretaciones del concepto de historia y la dialéctica historia-existencia y desarrollo social.

  • Si de lo que se trata es de clarificar el proceso de construcción social de la historia de la enfermería, en primer lugar, se debería aportar una descripción entendible y esencial del concepto de historia;

Existen casi tantas definiciones de historia como historiadores, pero se ha optado por dos cuyo carácter conjuga la esencialidad con la universalidad: “La cualidad temporal que tiene todo lo que existe y su correspondiente manifestación empírica (Aróstegui, 1995).

  1. “La única ciencia simultáneamente dinámica y global de las sociedades” (Vilar, 1980);
  2. La historia ha sido entendida como sinónimo de existencia social, no puede existir nada si no tiene historia;
  3. Para Hegel, la historia propiamente dicha no nace sino con el Estado, cuando la vida social toma conciencia a la luz de esta magna institución (Lefort, 1978); ¿o tal vez es el Estado el que surge cuando la sociedad toma conciencia temporal de sus estructuras, es decir, conciencia histórica de su existencia? ¿Surgen primero las profesiones y luego su historia, o al revés, o tal vez es un proceso paralelo e interactivo? La existencia de conciencia histórica se ha interpretado a menudo como la antesala del desarrollo social;

Para entender esta acepción de la historia no hay más que plantarse la siguiente cuestión: ¿Qué es de las sociedades sin historia? Se trata de sociedades silenciosas, sin voz, que apenas evolucionan y mantienen en un nirvana sus estructuras ideológicas, sociales, políticas y económicas, erigiéndose la tradición oral en la conservadora por antonomasia del patrimonio cultural (son ágrafas).

Los grupos profesionales, el poder y la memoria colectiva: el caso de la enfermería. La memoria colectiva dota de identidad a un grupo social o profesional, dado que, sin partir de un nivel mínimo de poder del grupo en la sociedad, no existe memoria colectiva (déficit socializador).

De forma que mediante el poder del grupo se gestiona y controla la creación de la propia memoria (Estado, profesión, equipo de fútbol) (Pérez Garzón, 1999). Esta dinámica entre los grupos profesionales, el poder y la memoria colectiva se desarrolla, por un lado, por la acción de la disciplina histórica que asume como tarea actuar como depositaria de la memoria colectiva de la sociedad, grupo o institución, y, por otro, por el compromiso que contrae el historiador al asumir la tarea de crear y gestionar la memoria del grupo/comunidad objeto de estudio.

La situación de la enfermería en relación a su poder y a su capacidad para proyectar sobre sí misma y la sociedad su propia memoria colectiva, se encuentra en un momento de crisis constructiva. Crisis por la dificultad para que el producto de la construcción histórica enfermera actual -la memoria emergente- pueda reabsorber y reubicar las memorias colectivas anteriores ancladas en la dimensión biológica, de género y limitadas al ámbito doméstico en el que el principal cuidado estribaba en la alimentación vinculada a los atributos biológicos que mantenían unidos a la madre y al niño (Siles, 1999).

En consecuencia, y paradójicamente, el reto fundamental para dar paso libre al producto del actual proceso de construcción de la historia de la enfermería radica en realizar un esfuerzo de desconstrucción de los clichés que obturan (Derrida, 1998) la transición desde la enfermería desprovista de historia a un grupo profesional y disciplinar que se ha aplicado por fin a la creación y gestión de su memoria histórica; esto es facilitar la mudanza desde las coordenadas domésticas y de género propios del ámbito doméstico a los cotos cuyas lindes enmarcan a la enfermería en los límites de la ciencia y la profesionalidad.

  • Historia versus legitimación de la sociedad y sus estructuras;
  • La historia es la disciplina que se encarga de estudiar el funcionamiento desarrollado por las estructuras sociales a través del tiempo en las diferentes culturas;

Una estructura alcanza el grado de institución cuando la historia demuestra que su funcionalidad sigue vigente en diferentes etapas históricas; es este el caso de la familia, que es tanto una estructura social, como una institución primaria y que, desde el Neolítico, sigue cumpliendo sus objetivos socializadores, a la par que se mantiene como una célula de convivencia tan fundamental como transcultural.

La familia ha sido legitimada por el paso del tiempo y la constatación de su supervivencia a través del mismo. Uno de los grandes escollos para la identificación profesional de la enfermería radica en que gran parte de su pasado, su historia y sus funciones se encuentran entreverados en esa estructura social doméstica.

La legitimación, pues, constituye un proceso mediante el que se explican y justifican las experiencias históricas, confiriendo validez a las estructuras que cumplen determinadas funciones necesarias para el normal desenvolvimiento de la sociedad. Ya entrados en el siglo XXI, la estructura familiar y el rol de cuidadora doméstica de la mujer siguen ralentizando la justificación profesional y científica de la enfermería en el terreno más resistente a los cambios: el de las mentalidades.

La legitimación, asimismo, fundamenta el orden social, científico y profesional, estableciendo una jerarquía que acaba siendo amparada por la normativa vigente y controlada por los poderes instalados en todas y cada una de estas parcelas.

Familia, escuela, servicios sanitarios, sociales, policía, alimentación, etc, constituyen estructuras ubicadas en una escala jerárquica que es regulada según los intereses de las élites que han sido capaces -mediante su legitimación histórica- de obtener mayores concentraciones de legitimación.

La construcción social de la historia versus capacidad de explicar los fenómenos mediante la fábula: el origen de los mitos. La frontera entre lo natural y lo sobrenatural fue traspasada por el hombre primitivo merced su capacidad imaginativa.

Mediante su creatividad el hombre proyectó en el más allá un mundo habitado por personajes inmortales que, a pesar de su carácter divino, obedecían una mecánica emocional y conductual muy parecida a la de los pobres mortales. Dioses que comen, beben, odian, hacen el amor, son fieles y adúlteros, se aman y se aniquilan -aunque sea de forma transitoria- entre sí; nada menos alejado de la mentalidad humana.

Este enorme parecido entre divinidades y mortales podría deberse al hecho de que los dioses, en particular, y el mundo inmortal en general, son el resultado de la proyección de la vida del hombre en el más allá, efecto deseado de la necesidad del hombre de explicar lo inexplicable: grandes misterios como la muerte, desastres naturales, plagas, enfermedades, etc (Siles, 1999).

Los primeros historiadores griegos se valían de la fábula para saltar una y otra vez de la dimensión sobrenatural a la natural, ejercicio narrativo que les permitió conservar los mitos. Herodoto salvó los mitos de la desmemoria, adaptándolos desde la tradición oral a la historia escrita, mientras que Hesiodo, en su “Teogonía” rescató los mitos del olvido y los introdujo en la memoria colectiva de los griegos.

Asimismo, Hesiodo describe en “Los trabajos y los días”, la vida cotidiana de los griegos, pero permite la influencia de los dioses dentro de esa esfera caracterizada por la rutina habitual del quehacer diario.

En consecuencia, la construcción social de la historia, ha estado muy vinculada a la capacidad creativa del hombre para explicar y ordenar los fenómenos mediante la fábula (particularmente los relacionados con la enfermedad y la muerte). Sin la imaginación y los mitos al hombre le hubiera costado mucho más soportar los momentos críticos por lo que ha pasado a lo largo de la historia.

  1. Desde esta perspectiva constructivista y, a la par, funcional de los mitos, Kant, aludía a su función moldeadora del intelecto del individuo, la comunidad y el mundo (Kant, 1999);
  2. En este mismo sentido, la función explicativa y lenitiva de los mitos se recoge en la expresión de Malinowski: “Asegurar al individuo frente al terror provocado por los desastres, la enfermedad y la muerte” (Malinowski, 1988);

La Antropología de la muerte y la creatividad del hombre en Morín. En “El hombre y la muerte”, Morín (1974) desarrolla una antropología de la muerte en donde pone de manifiesto que la muerte es, o puede llegar a ser, un producto más de la capacidad de construcción social del hombre (Berger y Luckman, 1986), no en cuanto al hecho esencial en sí mismo, sino en todo lo concerniente a su interpretación, significado y asunción de tratamientos y ritos.

Asimismo, la relación entre religión y capacidad adaptativa del hombre ante los hechos “ingobernables” de la naturaleza, entre los que ocupa un lugar nuclear la muerte, fenómeno que incluso llevaba a los padres a retener desesperadamente algún recuerdo de sus hijos mediante el, a la sazón, reciente invento de la foto contribuye a la constatación de la evidente relación entre la interpretación sobrenatural de los fenómenos, la capacidad de construcción social del hombre y la incidencia creciente de la tecnología en dicho proceso (González Faus, 1998).

Morín distingue en su obra una triple constante ante el principal misterio del hombre: conciencia de ruptura que conlleva la muerte; el daño o traumatismo que esta conciencia/saber inflige; y, por último, la aspiración a la inmortalidad. El hombre utiliza la creatividad como instrumento para superar las contradicciones y frustraciones que provoca la muerte finiquitando su individualidad, y para ello se pone a la tarea de elaborar concepciones de la muerte en un contexto bipolar: 1) Cosmomorfismo: inspirado en el recurrente renacimiento de la vida en la naturaleza (muerte-resurrección o muerte-descanso eterno).

2) Antropomorfismo: mantiene la individualidad mediante la vía de la inmortalidad: individuo amortal mediante la creatividad (alma, superhéroe), o la ciencia (genoma) En consecuencia, se trata de estudiar la muerte como el fenómeno que más ha preocupado al hombre, resultando, a veces, incluso de difícil e inasimilable explicación.

La muerte, desde la prehistoria, supuso el fenómeno al que más imaginación y creatividad tuvieron que aplicar los seres pensantes de la tribu para congraciar la rutina diaria de su presente con la incertidumbre del futuro. Características de la “perversión lógica” de los mitos y la historia tradicional.

Todos los pueblos se han legitimado a sí mismos como históricos mediante el recurso al mito. La pureza de sangre se trasladaba a un carácter tipo o personalidad base (García Castaño y Pulido, 1999) y, a su vez, mediante la capacidad de proyección creativa, generalmente narrativa, se enaltecían las “esencias colectivas” del grupo humano construyendo grandes relatos épicos (El Cid Campeador, La Canción de Roldán, Los Nibelungos, etc), verdaderos depositarios de las raíces culturales y la idiosincrasia de los grupos humanos.

Estos materiales -plasmados en la narrativa épica- se han entretejido como los mimbres de la historia de los pueblos y se han instrumentalizado para introducir en la actividad hermenéutica de los fenómenos (interpretación de la realidad), elementos ideológicos que responden a la necesidad de justificar la existencia y legitimación de grupos sociales, nacionalidades, estados, y, por supuesto, colectivos profesionales y científicos, dado que la ciencia jamás ha tenido la posibilidad -ni siquiera remota- de evolucionar al margen de la ideología y los valores del sistema social en el que se halla integrada (Jiménez y Otero, 1990).

  • Los colectivos profesionales, que han evolucionado hacia las posiciones más privilegiadas de la sociedad, se consideran a sí mismos como útiles y hacen valer la pertinencia de su participación en el proceso general de satisfacción de necesidades para proyectar su imagen en la sociedad utilizando para ello todos los medios de comunicación de masas de forma que la importancia de su rol socio-profesional quede patente;

Son colectivos profesionales que influyen en la interpretación de los sucesos, de forma que hacen que resulte imprescindible su implicación para el análisis y solución de los mismos. Constituyen colectivos profesionales que influyen de forma determinante en la construcción social de su imagen y, en esa misma línea, están programados para aportar datos sobre eventos según las interpretaciones que de los mismos facilitan: -Religión imperante (protestantes-católicos/ islámicos-cristianos).

  1. -Vencedores;
  2. -Monarcas, emperadores, jerarcas, políticos relevantes;
  3. -Ricos, poderosos, desarrollados;
  4. -Hombres (división sexual de la actividad hermenéutica como preámbulo del control de las tareas);
  5. -Grupos profesionales prestigiosos;

Características de las sociedades donde se escribe la historia tradicional. En las sociedades inmersas en los valores culturales determinados por la religión (en el plano sobrenatural), y la monarquía absoluta, la dictadura o el autoritarismo (en el plano natural), la consecuencia inmediata es la potenciación de posturas intolerantes y el desarrollo de barreras sociales cuya impermeabilidad impide la interacción entre grupos diversos.

El papel social, profesional y científico de la enfermería en estas sociedades está limitado a las dimensiones técnicas y procedimentales. Estas sociedades se caracterizan por el elevado nivel de exclusión en el orden moral, religioso, económico, político y social.

La consecuencia inmediata de este apartamiento radica en la marginación en el proceso de interpretación de la realidad a través del tiempo de todos aquellos individuos y grupos no integrados en los esquemas culturales dominantes. Dicho de otro modo este tipo de sociedades practican el discurso histórico monolítico, unilateral y excluyente del vencedor.

  1. De la construcción bi-unilateral de la historia o multiculturalismo (desconocimiento mutuo) al transculturalismo;
  2. La construcción bi-unilateral de la historia es un proceso propio de las sociedades compuestas por diferentes grupos culturales que no son capaces de proyectar una historia común porque tampoco tienen clara la voluntad de desarrollar estrategias para convivir compartiendo las tareas cotidianas;

En las sociedades democráticas en las que se promueven valores basados en el transculturalismo, se potencian valores como el diálogo, el conocimiento mutuo, el respeto y la tolerancia. La práctica de estos valores favorece la interpretación “polifónica” de la realidad constituyendo el proceso de construcción histórica de la realidad una actividad compartida de la que se co-responsabilizan todos y cada uno de los grupos sociales que integran la sociedad en cuestión.

En estas sociedades todos los colectivos tienen derecho a poseer “voz histórica” y: a interpretar la realidad por sí mismos, a co-crear y co-gestionar su propia memoria histórica, a reflexionar de forma autocrítica sobre sus construcciones históricas.

Esto da lugar a una hermenéutica de tipo transcultural que potencia la capacidad de proyección simbólica de forma plural y creativa. En el marco de una sociedad democrática culturalmente compleja, la historia debe construirse con la aportación de las de todos los colectivos integrantes de la comunidad.

Este proceso plural contribuye a facilitar la reflexión en común sobre los problemas económicos, sociales, políticos. de salud, etc. Dado que la dinámica social actual revela que la estabilidad fundamentada en el aislamiento social constituye una utopía, se debe considerar la construcción unilateral de la historia como algo cuyo significado está muy cerca de la aberración.

En definitiva y, después de todo lo expuesto, no sería del todo aventurado formular conclusiones como las que se relacionan a continuación:  -Las raíces biológicas que inciden en la división sexual del trabajo han mantenido a las cuidadoras dentro del límite del ámbito doméstico, obstaculizando su proceso de profesionalización.

  1. -La construcción de nuevos significados para la actividad de cuidar ha chocado con sólidos impedimentos ideológicos y de género, dificultando la creación de una memoria colectiva liberada de estereotipos aberrantes;
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-Para que el proceso de construcción social de la historia de la enfermería sea efectivo, es preciso realizar una profunda reflexión crítica acompañada de una fase previa de desconstrucción de los clichés anquilosantes que mantienen la enfermería en esquemas mentales del pasado.

-La construcción social y transcultural de la historia sólo es posibles en marcos políticos democráticos en los que la ideología predominante (en todos los niveles: profesional, social), está en consonancia con el sistema político, y esto es particularmente válido para la historia de la enfermería, dado que no se puede entender su proceso de profesionalización sin considerar su gran vinculación al mundo de la mujer y al papel de ésta en el sistema educativo, social y laboral.

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¿Qué es una construcción social según autores?

La construcción social de la realidad (Berger y Luckmann, 1972)trata de demostrar que toda la realidad social no es otra cosa que una construcción de la misma sociedad.

¿Cómo es la construcción social del individuo?

La subjetividad se construye socialmente en los colectivos de pensamiento, como lo pensaba Fleck. Pero no en uno solo, sino en un número indeterminado y siempre cambiante de colectivos para cada sujeto, de tal manera que el resultado son subjetividades únicas.

¿Cómo se construye la imagen social?

“El lenguaje es como una piel […]. Es como si tuviera palabras en los dedos, o dedos en el extremo de las palabras” (R. Barthes). MATILDE FERNÁNDEZ-CID ENRÍQUEZ* En las últimas décadas, la investigación social ha venido prestando una atención creciente a espacios y acciones relacionados con la comunicación, la información y la imagen.

  • Ello tiene gran relación con el reconocimiento de su poder pragmático (de las palabras, de las imágenes, de la comunicación);
  • Y en este ámbito resulta evidente la importancia de los medios de comunicación, cuya pragmática se constata en los efectos de su influencia no solo en decisiones públicas, también en comportamientos privados, prácticas profesionales, organizaciones colectivas, opiniones y vivencias cotidianas;

El reconocimiento se mantiene incluso entre quienes cuestionan el excesivo protagonismo tantas veces otorgado a priori a esa influencia –a sus efectos– en la formación de la opinión pública y de la conciencia social. Cuando nos aproximamos al análisis de la realidad social, sea cual sea el motivo de estudio y antes incluso de iniciar su potencial medición o lectura, nos encontramos con representaciones sociales.

Este concepto remite a formas de percibir el mundo circundante, de otorgar sentido a objetos, lugares, acontecimientos, sujetos… y, muy vinculado a esas peculiares percepciones, orienta también valores y actitudes.

Es lógico, pues, que ocupe un lugar central entre quienes se interesen en una aproximación al proceso de conformación de nuestra vida social; también, por supuesto, para quienes se aproximan a esa realidad social con objetivo transformador. El primer paso en todo proceso de aprendizaje consiste en organizar las cosas, cuestión para la que se muestra de suma importancia conocer los indicadores o rasgos que utilizamos para agrupar, destacar, distinguir (descartar).

Ese trabajo de categorización, de ordenación y agrupación de los objetos en diferentes categorías permite organizar un entorno extraño, complejo, a veces incluso caótico. Es un trabajo delicado, pues tiene una doble deriva: por una parte, resulta muy útil en todo proceso de conocimiento y, por otra –y en lógica complementaria–, esas mismas categorías servirán de orientación en nuevos procesos perceptivos.

Así, “el proceso de categorización supone un doble aspecto que lo convierte en el producto final de un proceso de percepción y en el punto de referencia (anclaje) que organiza la percepción misma” (Pérez Pérez, J. , 1989) . En la construcción de imágenes sociales, los medios ocupan un lugar privilegiado: su trabajo consiste no solo en transmitir información, sino que en cierta medida crean realidad porque intervienen en su legibilidad (en ocasiones, directamente en su conformación) y, de esta manera, contribuyen a la formación de opinión pública.

Y hablar de opinión es también convocar, de forma indirecta, actitudes, valores, representaciones; y estereotipos, lugares comunes, vínculos de significación relativamente estables. Conocer el proceso creativo del trabajo de los medios, analizar sus producciones, sus mensajes, incluso sus silencios, debería animarnos a la construcción de espacios de diálogo entre todos los agentes sociales implicados.

Los medios pueden ser importantes instrumentos con potencial transformador Los medios de comunicación –algunos todavía pueden conservar el apellido “de masas”– pueden, en este sentido, ayudar en los procesos de análisis de la vida social. Pueden llegar a ser un importante instrumento con potencial transformador.

  1. Sin embargo, no hay que olvidar que, como toda empresa de producción  –en su caso, producción de información–, los medios se encuentran asimismo mediatizados: demandas de clientes o promotores, estrategias de competencia en el mercado, exigencias derivadas de la búsqueda de beneficios… son elementos que a veces se enfrentan;

Hay que añadir a estos condicionantes las propias posiciones ideológicas de empresas y profesionales. También es considerable el peso de las dinámicas de trabajo, rutinas, modas, acontecimientos noticiables y otros elementos extratextuales, como la transmisión de ecos y la formación de agendas, con frecuencia programadas lejos de las tareas de campo inmediato del periodismo, del periodista.

Drogas y drogodependencias Hace unos años (ya 20, fue mi primer trabajo en relación con medios), participé en una investigación sobre el tratamiento de las drogas y las drogodependencias en los medios de comunicación , en la que destacábamos la presentación fragmentada, dramatizada, en cierta medida mitificada, de estas informaciones, las cuales, sin embargo, rara vez se introducían en el análisis de la droga como mercancía y de la lógica y el comportamiento del peculiar pero poderoso mercado construido a su alrededor.

En los espacios mediáticos –entre la opinión pública– se hablaba preferentemente de la distribución –el tráfico–, de la compra y venta de droga –de sustancias ilegales–, en general desde la óptica de su control (incautaciones, detenciones, decomisos) o de los comportamientos delictivos asociados a esta práctica.

  1. Progresivamente, ha ido aumentando el espacio dedicado al consumo, a los diversos consumos y sus protagonistas; y la más escasa información relativa a la producción de drogas se ve a veces compensada por su afán analítico (periodismo de investigación, aportación de datos y mapas);

Pero estos tres bloques –producción, tráfico, consumo– configuran las piezas que, vinculadas y analizadas en su dependiente conexión, darían cuenta de ese mercado que tiene sus propias reglas de funcionamiento y que introduce asimismo peculiares propuestas de contrato e incentivación.

  • Resulta obvio que el contenido de la noticia –de lo que se habla, de lo que se opina– tiene mucho que ver con la fuente de información, con la agenda mediática –que establece qué resulta noticiable– e incluso con la competencia comunicativa de quien elabora el mensaje;

Por ello, suele ser polémico, pero a la vez tan necesario, entrar en el debate con los agentes intervinientes en estos espacios. Una aproximación algo más comprehensiva a los consumos de drogas invita a analizarlos como un fenómeno o hecho social que, de forma sintética –a modo de síntoma–, da a su vez cuenta del conjunto social en el que se inscribe.

Toda la información revisada, rica en matices, no evita –más bien invita a– abordar la tarea de un análisis que relacione estos distintos aspectos, con objeto de una comprensión más abarcadora de los mundos de las drogas y las drogodependencias.

Este esfuerzo analítico ayudaría también en los diversos ámbitos de intervención. En otra ocasión (al finalizar la nombrada sobre tratamiento en medios, como continuación), la tarea consistió en el análisis del material recopilado tras la realización de un concurso de carteles, convocado entre la población adolescente española, con el lema “Alternativas al consumo.

Tú propones” . Este material consistía en los carteles –dibujo, collage , foto…– y una breve explicación –en folio aparte, en lenguaje textual– proporcionada por sus autores. Tras el proceso de análisis (en el que obviamente no nos podemos extender aquí), encontramos una prueba de ciertos efectos de los medios, en cuanto –todavía– referencia dominante.

Un breve repaso a los mensajes emitidos por los medios en el momento en que se desarrolló este concurso evidencia un tratamiento del consumo de drogas como fruto de una elección racional realizada de forma individual. A su vez, y en íntima conexión, el mensaje publicitario invitaba a una decisión certera, tajante, intransferible, definitiva, del potencial consumidor.

La disyuntiva ofrecía escasas posibilidades a un planteamiento reflexivo y a una conciencia de participación real. El premio ofrecido desde la publicidad resultaba en ocasiones paradójico, aunque muy comercial: se presentaba la promesa de un sobreconsumo imaginario en una supuesta sociedad de abundancia (puedes disfrutarlo todo) para disuadir de otro consumo (el de las drogas), cuya renuncia suponía la puerta de entrada en el anterior.

Reconozcamos que en los últimos años se percibe una tendencia a eludir esos excesos. Sírvanos este ejemplo, tomado solamente para ilustrar la conveniencia de reconfigurar espacios de diálogo, de interacción social, en el que los medios tienen y van a mantener un papel primordial, y no “a pesar de”, sino “con” los cambios formales y tecnológicos que actualizan esos marcos interactivos.

  • Entramos aquí, de forma indirecta, en la polémica todavía presente (y que en Cuadernos de Periodistas se actualiza de forma ejemplar en múltiples artículos) en torno a si los canales plurales y la multiplicación interactiva dificultan o enriquecen potencialmente la labor del periodista y el papel de los propios medios;

Lo que hacen las palabras Si algo vincula la amplia diversidad de escuelas y perspectivas implicadas en el análisis de la opinión pública, es el reconocimiento de la pragmática de los discursos mediáticos, que se convierte en hipótesis –al menos, en sospecha– de partida, aunque se evidencie la heterogeneidad y distinta fuerza de estos discursos.

  1. Recordemos que el significante “información” comprende dos significados: “informarse de” y “dar forma a”, y desde esta dual y complementaria significación, la información resulta un proceso necesario de presentación/conformación en un mundo de realidades diversas;

Distintas investigaciones han priorizado su atención a preguntas sobre quién dice qué, en qué medio y con qué código, para quién, en qué contexto y con qué efectos. O bien: a quién se permite comunicar, en torno a qué, con quién, hasta qué punto. Incluso hay quien pretende examinar, además, el proceso de transformación de la comunicación en acción, considerando los sectores e instituciones sociales protagonistas, las claves de la vida cotidiana referenciada, los acuerdos de origen, su lugar de llegada.

Una perspectiva sociológica en búsqueda del sentido de la acción social comparte con otros analistas de la comunicación un objetivo que se presenta escurridizo pero necesario: las polimorfas referencias acerca de sujetos sociales y actores, papeles y poderes, estructuras y organizaciones, resultan, entre otras, necesarias aportaciones que orientan la interpretación, el análisis, la previsión, es decir, que posibilitan plantear la investigación social.

Todo acto de comunicación es “texto en contexto” antes que hierático dato El trabajo con los medios no solo aproxima a parcelas del extenso territorio de la comunicación de masas, también su propio comportamiento habla de la sociedad y los contextos –del mundo, de la cultura– en que se manifiestan y actúan.

Asimismo, todo acto de comunicación es “texto en contexto” antes que hierático dato, donde la elaboración de sentido va acompañada de sus potenciales transformaciones. Cabe recordar que “el discurso no es la transposición transparente de opiniones, de actitudes, de representaciones existentes de forma acabada […], no es un producto acabado, sino un momento de un proceso de elaboración” (Bardin, 2002) .

Aunque hay que alertar sobre lecturas lineales que presentan como omnipotentes los mensajes de los medios, tampoco conviene minimizarlos, como desde el otro extremo proponen algunas voces, bajo el supuesto de la eliminación del efecto por anulación de sentido en el mundo mediático del simulacro, del espectáculo y de la saturación semiótica.

Como elemento de reflexión, permítasenos aludir al concepto de intertextualidad, que nos recuerda que ningún texto es una isla. Existe una compleja estructura de interrelaciones, una reserva de ecos que provienen de otros textos, expresiones, comentarios, situaciones, personajes.

En definición aportada por Jensen , la intertextualidad es “el proceso en que los elementos del discurso comunican significados específicos a las audiencias porque hacen referencia a otros discursos, temas, géneros o medios que nos son familiares, que pueden también estar presentes o implícitos en el contexto de recepción”.

  1. Resulta un concepto especialmente interesante en el análisis de la comunicación de masas, ya que los medios “dialogan” –aun cuando manifiesten distanciamiento o desdén hacia el adversario– en un permanente “efecto eco” que no alude exclusivamente al índice de sus contenidos;

Coexisten dos imágenes, que en el extremo pueden estar polarizadas, en torno a la labor y al producto de los medios. Por un lado, la mirada inocente hacia los medios apoya la idea de una transmisión fiel de realidad. Es esta una valoración que comúnmente se defiende desde los ámbitos profesionales de la información.

  • Por otro lado, lo que podríamos calificar como una mirada desde la sospecha, por parte de quienes mantienen que los medios son creadores y conformadores de las múltiples realidades que convocan esos datos, imágenes y relatos con los que trabajan y que se presentan como elementos objetivos;

Gombrich dijo que no hay mirada inocente (inaugural); en realidad, ningún gesto lo es, tampoco la palabra. El proceso narrativo está, inevitablemente, condicionado. La selección de noticias (la pirámide invertida de reducciones sucesivas), la llamada “agenda setting ” y criterios muy establecidos acerca de lo noticiable determinarán aquellas noticias que cotidianamente se hacen públicas.

A pesar de que, como venimos apuntando, el protagonismo de los medios de comunicación es compartido, el poder de un emisor se acrecienta cuando disminuye el acceso del receptor a otras fuentes alternativas, lo que permite el contraste y es condición para una lectura crítica.

Las posibilidades de percepción directa de los acontecimientos se encuentra limitada espacial y temporalmente para cualquier persona; sin embargo, por medio de las noticias, las opiniones, los datos, las imágenes que producen, mantienen la ilusión de captación creciente de realidades ajenas.

  1. Cuanto más alejado está el acontecimiento de nuestro mundo vivencial inmediato, en mayor medida depende su difusión de un mediador transmisor-constructor de la información; y cuantas menos fuentes y más acotados canales comunicativos, más influencia cabe esperar de un único referente;
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Discapacidad intelectual Si en el anterior apartado aludía a mi primer trabajo de investigación sobre medios, relativo al tratamiento informativo de las drogas, tomo en este como ejemplo un trabajo abordado más recientemente, en referencia al tratamiento en los medios de la discapacidad intelectual.

  1. A veces resulta complicado explicar que la opción por el análisis de las representaciones sociales es una decisión que apuesta por la intervención directa (que busca efectos en actitudes y decisiones), precisamente por el reconocimiento de la pragmática que se deriva de esas representaciones;

El mismo hecho del creciente interés en los últimos tiempos por el mundo de las discapacidades, o el de la diversidad, está en relación con su visibilidad. Cuando hablamos de un “hecho social emergente”, no siempre tratamos “emergente” como nuevo, sino como visible, reconocido.

Ya desde las primeras lecturas, constatamos que los textos informativos en torno a la discapacidad no perfilan relatos completos. Como ocurre con otros textos periodísticos, domina la fragmentación en la referencia, la descripción sesgada –dramatizada– de acontecimientos, la selección muy limitada de fuentes de información.

Estas noticias parecen realizadas a partir de un consenso de no injerencia, de evitación de proximidad. Sin embargo, se observa también cierta transformación en el tiempo: cambio en las formas de nombrar, integración de nuevos contenidos, evitación de algunos tópicos y términos censurados.

Este constatado cambio de lenguaje podría interpretarse, situándonos en el debate acerca de los efectos de los medios y del papel de las audiencias, como resultado de presiones (respuestas, críticas, sugerencias…) de sus públicos.

Es importante también, por ejemplo, la orientación establecida desde los libros de estilo de la prensa actual. Las etiquetas tienen enormes efectos en la percepción de las personas señaladas El mismo proceso de construcción social de realidad permite afirmar que los juicios sociales no son inamovibles: las categorías admiten modificaciones y nuevas definiciones, lo que significa que se puede intervenir en ellas, modificarlas.

Pero no resulta tarea fácil. Nos ayuda el diccionario: en torno al término “etiqueta” encontramos algunas acepciones: “marca, señal o marbete que se coloca en un objeto o en una mercancía, para identificación, valoración, clasificación, etc.

” o “calificación identificadora de una dedicación, profesión, significación, ideología, etc. Las etiquetas procuran que algo/alguien se visibilice, si bien destacando alguna cualidad, virtud, rasgo que supuestamente le caracteriza. Las conocidas asociaciones expresivas “las personas con discapacidad intelectual son como niños”, “los ciegos son desconfiados” o “las personas con síndrome de Down son tiernas y simpáticas” son ejemplos de etiquetación que, aunque utilizadas con frecuencia sin intención consciente excluyente, tienen enormes efectos en la percepción de las personas señaladas y, en consecuencia, condicionan en la práctica relaciones personales y sociales.

La generalización de esas cadenas valorativas (derivaciones semánticas, de significación) es la base de conformación de estereotipos, de etiquetas que afectan y vinculan a múltiples individuos (agrupándolos en colectivos de identificación).

“Estereotipo” es un término que nos remite al trabajo de imprenta: la “estereotipia” como “procedimiento para reproducir una composición tipográfica”. Si volvemos a la socorrida ayuda de nuestro diccionario, encontramos que “estereotipo”, en ese contexto de trabajo de imprenta, es “plancha utilizada en estereotipia”, pero también, en sentido figurado –que nos incumbe especialmente–, es “imagen o idea aceptada comúnmente por un grupo o sociedad con carácter inmutable”.

El estereotipo produce el efecto de homogeneizar mediante una marca vinculante; por eso traemos aquí la reflexión, ya que el proceso de discriminación social tiene que ver precisamente con este marcaje de diferencias entre grupos que se conforman a partir de estereotipos.

Emisiones y percepciones Me permito recordar aquí el fragmento de A través del espejo , tantas veces referido, de un diálogo entre los famosos personajes Alicia y Humpty Dumpty, creados por Lewis Carroll. Humpty Dumpty introduce en la conversación una palabra que se acaba de inventar, y cuando Alicia le pregunta por su significado, nos encontramos con la siguiente contestación: – Cuando yo uso una palabra –insistió Humpty Dumpty, con un tono de voz más bien desdeñoso–, quiere decir lo que yo quiero que diga.

  1. Ni más ni menos;
  2. – La cuestión –insistió Alicia– es si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes;
  3. – La cuestión –zanjó Humpty Dumpty– es saber quién es el que manda;
  4. Eso es todo;
  5. Introduje con esta cita el capítulo destinado, en mi tesis doctoral, a las representaciones de la discapacidad intelectual en los medios, aunque también lo podíamos aplicar al discurso del poder público-político;

En realidad, con ella trataba de entrar en el debate acerca del poder de los medios –su eficacia, pero también sus límites– en la construcción de imágenes y etiquetas, en la difusión de estereotipos, en la conformación de opinión. En nuestro contexto social y político, ha venido aumentando el papel de los medios y la influencia de la comunicación de masas en el establecimiento de referentes y marcos para el debate tanto en espacios públicos como privados.

Coadyuvan a dibujar la percepción del mundo, de los mundos de referencia, lo que incluye en cierta medida nuestra percepción acerca de nosotros mismos, como sujetos individuales y colectivos. Cuando hablamos del poder pragmático del lenguaje, consideramos también, junto con los mensajes en sí mismos, quién los emite, en qué contexto, con qué capacidad de persuasión.

Si la sintaxis tiene que ver con la organización de signos para construir mensajes y la semántica con su significado, la pragmática trata de responder la pregunta formulada por uno de sus teóricos de referencia en torno a qué hacen las palabras. Resulta muy ilustrativa la lectura coordinada de estas tres perspectivas de análisis en comunicación.

  • La información oficial o mediática debe ser actualizada, escenificada, en muy diferentes contextos comunicativos y de construcción de sentido; si no es así, no tiene posibilidad de cristalizar, de significar, de difundirse como referente o modelo;

En ocasiones, existe una disonancia entre la opinión publicada (sea en el Boletín Oficial del Estado, sea en el periódico de referencia) y la opinión pública. También aquí, de nuevo, hay que aludir a oportunidades y responsabilidades de los distintos agentes implicados, sea cual sea su lugar y nivel de intervención y su jerarquía.

Recuerda Wolf que si hasta hace poco las ideas de transmisión o difusión eran priorizadas, hoy es frecuente escuchar expresiones como “construcción social de la realidad por parte de los medios”, “cultura de los medios” y “realidad de los medios”.

En paralelo, se viene cuestionando el papel central, en relación con su influencia –sus efectos–, en la formación de la opinión pública y de la conciencia social. La información se actualiza en diferentes procesos de construcción de sentido y de elaboración simbólica; por lo tanto, no se puede generalizar, a partir de un análisis de contenido de los medios, conclusiones acerca de las interpretaciones del público.

En contraste con aproximaciones más individualistas, la tradición sociológica analiza la ideología, en sentido abarcador, como “producto de un grupo social, considerándola como un sistema de ideas y representaciones que comprende las costumbres y estilo de vida de un grupo de sujetos y sosteniendo, por tanto, que hace referencia a algo más que a simples experiencias aisladas de miembros individuales de un grupo” (Seoane y Herrera, 1989) .

Es evidente que, desde esta perspectiva, la lectura de la noticia no se realiza solo a partir de lo que dice: contenidos ausentes y connotados y otros elementos de referencia, también las competencias culturales, son generalmente necesarios para darle sentido.

  • Así, “buena parte de la información de un texto no está expresada de forma explícita, sino implícita;
  • Este aspecto del discurso y la comunicación tiene dimensiones ideológicas importantes;
  • El análisis de lo no dicho es a veces más revelador que el estudio de lo que realmente se expresa en el texto” (Van Dijk, 1993) ;

Hay marcas (etiquetas) que marcan (estigmas) Observamos una responsabilidad compartida, aunque desde distintas posiciones, poder y efectos, en la construcción de realidad. Es claro que encontramos un mundo estructurado, un modelo social y una categorización ya en buena medida construidas; no obstante, si constatamos que existe un proceso de construcción (de las categorías, de las estructuras, de nuestras formas de comunicación y de trato), podemos pensar que también es posible un proceso de reflexión e intervención sobre algunos aspectos de nuestra vida común que contradicen el acordado proyecto de participación inclusiva.

  • La propuesta no aporta una alternativa original o extraña, más bien se atiene a un principio ya antiguo que hemos apostado por mantener, dando coherencia y continuidad a lo mejor de nuestra tradición histórica: el principio de igualdad, de ciudadanía, de convivencia acordada;

Lo venimos viendo: hay marcas (etiquetas) que marcan (estigmas), y tienen mucho que ver con la sociedad y la cultura en la que se inscriben, porque imágenes y representaciones se conforman en múltiples ámbitos comunicativos –prensa, cine, revistas especializadas, televisión, folletos informativos, publicidad–, también de nuestra vida cotidiana –familia, escuela, centro de salud, de trabajo, de ocio, barrio–, aunque no siempre sean evidentes o explícitas.

En relación con estas últimas reflexiones, podríamos extendernos acerca de la incidencia del protagonista –sobre quién se dice algo– en el tratamiento dado a la noticia y sobre la importancia de las fuentes informativas.

Acerca del lugar que ocupan los sujetos objeto de noticia, Sánchez Noriega nos recuerda que “la gente común aparece en los medios como testigos de acontecimientos, sin nombre ni apellidos” (Sánchez Noriega, 2002) . Son esos personajes de la noticia a quienes periodistas y profesionales tutean en los foros de encuentro (platós, tertulias, noticias en directo…), mientras “tratan de usted” a informantes considerados más cualificados, como líderes sociales, políticos o expertos.

Hoy creo que hay que relativizar estas afirmaciones, pues parece que aumentan la pluralidad de fuentes y la posible interlocución de personas/organismos implicados, aunque cabe preguntar por los límites reales de esa aparente pluralidad, como varias firmas proponen desde las páginas de Cuadernos de Periodistas (donde, por ejemplo, Juan Luis Manfredi nos recordaba que “ceder el espacio del diálogo y abrir la agenda a los intereses ciudadanos parece parte de la función social del periodista”).

Al igual que se multiplican las formas de propiedad y uso de máquinas comunicantes, las lecturas (vinculadas a competencias comunicativas, pero no solo) de contenidos producidos también se muestran diversas (en ocasiones, divergentes). Manuel Vázquez Montalbán nos dejó algunas reflexiones en esta línea, en referencia al trabajo de los medios: “Cada vez urge más tener presente que una teoría de la comunicación social tiene que implicar el para qué histórico de esa en apariencia aséptica transmisión de información del emisor al receptor.

Toda comunicación es una transferencia de información con el propósito de persuadir al receptor a aceptar la finalidad del emisor: desde la dimensión de la comunicación interpersonal a la dimensión de la comunicación social” .

Una vieja sentencia propuesta por Paul Eluard asegura que “hay muchos mundos, pero están en este”. Hay que saber percibirlos, y también sus procesos de conformación y cambio. En España venimos asistiendo en las últimas décadas a varios procesos de transición que afectan directamente a nuestro objeto de estudio.

  1. Los datos, los hechos, los acontecimientos que definen esas transiciones se perciben, se viven, se transmiten cargados de significación, de sentidos que no se presentan unívocos, que son múltiples, pues múltiples son los sujetos, los colectivos que los nombran, y diferentes también los lugares –los espacios sociales– desde los que son nombrados;

Por ello, aludimos al proceso de construcción social; y si constatamos que la realidad social se construye socialmente, debemos derivar que también la información, la conformación de formas de nombrar, son asimismo elaboración social. Cerremos este texto, como lo abrimos, con la cita del maestro Barthes : “Las palabras en los dedos, los dedos en las palabras”.

Imagen poética, envite abierto a seguir trabajando en las palabras y las cosas. 1 La noción de anclaje hace referencia al «punto o patrón psicológico respecto al que se comparan y estructuran los juicios de los objetos», que se extiende a un conjunto de objetos y acontecimientos comportamientos, creencias y sus formas de constitución.

2 Pérez Pérez, J. (1989): «Percepción y categorización del contexto social», en Creencias, actitudes y valores , Rodríguez, Á. y Seoane, J. (coords. Alhambra Universidad, Madrid 3 Colectivo Abierto de Sociología (1996): Tratamiento periodístico de las drogas y las drogodependencias , Madrid 4   Fernández-Cid, M.

y Martín Caño, A. (1998): Imágenes de los adolescentes sobre las drogodependencias. Pirámide, Madrid 5 Bardin, L. (2002): Análisis de contenido. Akal, Madrid 6 Jensen, K. (1997): La semiótica social de la comunicación de masas.

Bosch Comunicación, Barcelona 7 Wolf, M. (1991): La investigación de la comunicación de masas. Crítica y perspectivas. Instrumentos Paidós, Barcelona 8 Seoane, J. y Herrera, M. (1989): «Actitudes e ideología política», en Creencias, actitudes y valores , Rodríguez, Á.

y Seoane, J. (coords). Alhambra Universidad, Madrid 9 Van Dijk, T. (1989): Estructuras y funciones del discurso. Siglo XXI, Madrid 10 Sánchez Noriega, J. (2002): Crítica de la seducción mediática. Comunicación y cultura de masas en la opulencia informativa.

Tecnos, Madrid 11 Vázquez Montalbán, M. (1985): Historia y comunicación social. Alianza Editorial, Madrid Matilde Fernández-Cid Enríquez Profesora de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), coordinadora del Máster Oficial en Consumo y Comercio de la UCM y miembro del Equipo de Investigación UCM sobre “Medición de la discriminación múltiple” (CSO2016-75946-R).

¿Cómo construimos nuestra idea de la realidad?

Constructivismo y ocioconstructivismo – En resumen, podemos entender el constructivismo como un postulado epistemológico. En el cual nosotros somos agentes activos de nuestra percepción, no recibimos una copia literal del mundo. Somos nosotros, a través de nuestras percepciones, los que le damos forma al mundo que hay dentro de nosotros, pero también fuera.

Ahora bien, si cada uno de nosotros es una persona activa que construye su realidad ¿cómo es posible que todo las personas tengan una visión de la realidad muy parecida? Para hallar respuesta a esto, podemos acudir al psicólogo Vigotsky y su teoría socioconstructivista basada en la cultura.

A pesar de que cada uno construye su mundo, todos nacemos en una sociedad y cultura que nos guía. Al nacer inmersos en una cultura, esta no solo orienta nuestras interpretaciones, sino que también cogemos prestada de ella multitud de construcciones. Una evidencia a favor de esto es que nuestras construcciones de la realidad se asemejan más con personas de nuestra cultura que con personas de países distantes. La conclusión que subyace a esto es que todas las ideas, conocimientos y teorías son constructos sociales. La realidad es ajena a nosotros, hasta las leyes físicas tendrían una parte de construcción social en un marco conceptual compartido. En este aspecto la ciencia ya no explicaría los acontecimientos de la realidad, sino los acontecimientos de nuestra construcción conjunta de la realidad.

  1. Estos postulados han supuesto en cierta medida una revolución en la historia de la psicología y en otras ciencias;
  2. Gracias al socioconstructivismo muchas áreas de la psicología han cambiado totalmente de paradigma y han ampliado su espectro;

La pregunta que nos puede surgir ahora es:  ¿el constructivismo es la respuesta correcta o todavía nos queda mucho por saber? Te podría interesar.