Hacking. Ian. La Construcción Social De Qué?

27.10.2022 0 Comments

Hacking. Ian. La Construcción Social De Qué
Idea [ editar ] –

  • Hacking se encuentra en un punto medio dentro de la filosofía de la ciencia, critica la construcción social de la realidad, y hace énfasis en el sentido común. Llegando a la idea de que si algo está construido socialmente puede ser evitable o no ser necesario.
  • Como punto primordial Hacking hace cuestionamientos sobre las ciencias, donde destaca que no se deben hacer las mismas cosas con que empezaron los pensadores de las culturas occidentales, ya que estas cosas se siguen haciendo por ellas mismas.

Así que, llega a considerar a la ciencia como una actividad científica y por lo tanto social, ejemplo básico de ello se indica con los científicos que trabajan por su cuenta y a pesar de ello comunican los resultados de su trabajo a la sociedad.

¿Que explica Ian Hacking 1999 sobre el construccionismo social?

La propuesta de Ian Hacking para el construccionismo social Su crítica consiste en desenmascarar que dicha clasificación es contingente y producto de una historia social, y en la especificidad en cómo las mismas interactúan con la realidad social.

¿Qué fue Ian Hacking?

Ian Hacking (1936, Vancouver, Canadá) es un filósofo e historiador de la ciencia. Estudió varias licenciaturas, algunas de ellas, en Matemáticas y Física en la Universidad de Columbia Británica en 1956, y otra en Ciencias de la Moral en la Universidad de Cambridge en 1958.

  • En esta última universidad, alrededor de 1962, realizó su maestría y doctorado bajo la supervisión de Casimiro de Lewy, antiguo alumno de Ludwig Wittgenstein;
  • Enseñó en la Universidad de Stanford durante algunos años, para después, en el año de 1982, integrarse a la Universidad de Toronto;

Actualmente, es presidente permanente en el College de France, dividiendo su tiempo con el trabajo en la Universidad de Toronto. Es miembro de la Academia Británica, y la Academia Americana de las Artes y las Ciencias, además de la Sociedad Real de Canadá.

  1. A lo largo de sus estudios, buscó dar sentido y encontrar una conexión con la filosofía de la ciencia, aportó una manera diferente de ver el mundo con sus lecciones en filosofía del lenguaje, teoría de la probabilidad, inferencia estadística, y el examen histórico-social de la subida y caída de las disciplinas y teorías;

Lo interesante es su capacidad para lograr que público especializado o no en el área expuesta, pueda entender la información. Su trabajo ha sido publicado en “The Globe and Mail”, “New Republic”, “The New York Review of Books”, “El London Review of Books” y “Tiempos”.

Ha publicado 13 libros en diversos idiomas y más de 220 artículos. Entre los más importantes que buscan destacar sus áreas de estudio se encuentran la lógica de la inferencia estadística y la intervención que muestran una influencia importante en filosofía e historia de la ciencia.

Al igual que “Reescribir el Alma: Personalidad múltiple y Las Ciencias de la memoria”, que abordan el conflicto presente en los trastornos mentales, siendo reconocidos con el premio Pierre Janet y Psique.

¿Qué significa la construcción social?

Una construcción social o un constructo social es una entidad institucionalizada o un artefacto en un sistema social ‘inventado’ o ‘construido’ por participantes en una cultura o sociedad particular que existe porque la gente accede a comportarse como si existiera, o acuerdan seguir ciertas reglas convencionales, o a.

¿Qué quiere decir que la realidad es una construcción social?

/ miércoles 9 de septiembre de 2020 Todos los días, en esta vorágine social que nos arrastra sin remedio a lo superfluo y nos aleja de la sustancia -la vida misma-, tomamos decisiones que afectan de alguna u otra manera a terceros; nada es lo que parece, pero en comunicación, hay una sentencia definitiva: para ser hay que parecer y si parece, es.

  1. No se trata de un juego de palabras;
  2. Los seres humanos creemos, desde la antigüedad, que cada quien tenemos la razón y la verdad;
  3. Hemos secuestrado, en lo individual, eso que llamamos “mi realidad” y nos cuesta mucho trabajo aceptar que otros tienen un punto de vista distinto;

El empecinarse en creer que sólo existe una realidad (la nuestra por supuesto), la prisa, la impaciencia, el modo muchas veces equivocado para comunicarnos con los demás, el miedo, la falta de empatía y el no saber escuchar, nos está llevando a un extraño escenario de confrontaciones innecesarias.

En su obra “La construcción social de la realidad”, los autores Peter L. Berger y Thomas Luckmann advierten que la realidad se concibe como un proceso dialéctico entre relaciones sociales; otros escritores y sociólogos señalan que constructo social es un artefacto dentro de una sociedad, inventado o creado por participantes de determinada cultura y que existe, porque la gente accede a comportarse como si existiera.

En una clase de postgrado, le pregunté a los participantes algo muy sencillo: ¿Qué es la realidad? Las respuestas, en su mayoría, coincidieron: es lo que existe… es la verdad de las cosas. Luego ingresé la segunda y última pregunta, ¿hay una sola realidad? Entonces las intervenciones fueron más claras: hay dos formas de percibirla.

Quiero alejarme del terreno filosófico, pero desde su esencia sociológica, realidad es el constructo que tiene una persona justamente al construirla a través de sus sentidos y sus emociones y que obedece a estímulos a los que está sujeto dentro de la institucionalización de la sociedad y los ámbitos de interacción.

¿La realidad está o la construimos? Me parece que vamos a coincidir: nada existe si no lo creamos. Y ésa es precisamente la gran responsabilidad que tenemos los seres humanos. Todos los días construimos una realidad a la vista de los demás, pero es la emoción, los sentidos, lo que nos permite enviar un mensaje que debe ser percibido sin interpretaciones.

Y es que con mucha frecuencia, en cualquier discusión, hay dos partes que pretenden defender “su verdad” a costa de lo que sea; los famosos ruidos de la información se cruzan y ejercen un peligroso poder que lleva a emisor y receptor al encono, antes que aceptar el punto de vista del otro.

Esa es la parte importante: son puntos de vista, no verdades. ¿Qué nos impide aceptar una realidad que no nos conviene? El prejuzgar, adivinar, suponer, porque juzgar antes de tiempo, anticiparse a los hechos, es igual a no captar la realidad objetiva, sino la realidad neurótica creada en la mente.

  1. Lo mismo es válido para el adivinar y el suponer: también son construcciones neuróticas mentales que nos impiden “ver” la realidad de las otras personas, tal cual son y están en el aquí y el ahora y no como han estado en el pasado;

Por ello se dice que “ningún paciente está tan enfermo como su expediente clínico”. Pero hay otras barreras de la comunicación que nos cierran los ojos ante la posibilidad de no tener la razón, como la superficialidad, el engaño, la mentira, la crítica destructiva, la pésima utilización del lenguaje y, por supuesto, el querer imponer nuestras razones sin aceptar las otras.

La guerra no existe como tal, es una construcción del hombre. Ni existen los conflictos emanados de la nada: los construimos nosotros. La realidad se construye, no está a la vista de nadie. Vemos lo que necesitamos ver, escuchamos lo que le agrada al oído y vemos lo que nuestras pupilas aceptan como válido.

Imagine una tierra inhóspita, desolada y ponga a dos personas frente a esa escena. Uno dirá que ahí no hay nada que hacer, porque la realidad le advierte una tierra infértil y un futuro catastrófico. Y el otro podrá observar, en su realidad, que se trata de un área de oportunidad, donde el agua está esperando a ser encontrada, que ahí se pueden sembrar alimentos y también esperanzas.

¿Quién tiene la razón? ¿Es o no la realidad una construcción social? Yo sólo escribo cosas comunes. Todos los días, en esta vorágine social que nos arrastra sin remedio a lo superfluo y nos aleja de la sustancia -la vida misma-, tomamos decisiones que afectan de alguna u otra manera a terceros; nada es lo que parece, pero en comunicación, hay una sentencia definitiva: para ser hay que parecer y si parece, es.

No se trata de un juego de palabras. Los seres humanos creemos, desde la antigüedad, que cada quien tenemos la razón y la verdad. Hemos secuestrado, en lo individual, eso que llamamos “mi realidad” y nos cuesta mucho trabajo aceptar que otros tienen un punto de vista distinto.

  • El empecinarse en creer que sólo existe una realidad (la nuestra por supuesto), la prisa, la impaciencia, el modo muchas veces equivocado para comunicarnos con los demás, el miedo, la falta de empatía y el no saber escuchar, nos está llevando a un extraño escenario de confrontaciones innecesarias;

En su obra “La construcción social de la realidad”, los autores Peter L. Berger y Thomas Luckmann advierten que la realidad se concibe como un proceso dialéctico entre relaciones sociales; otros escritores y sociólogos señalan que constructo social es un artefacto dentro de una sociedad, inventado o creado por participantes de determinada cultura y que existe, porque la gente accede a comportarse como si existiera.

En una clase de postgrado, le pregunté a los participantes algo muy sencillo: ¿Qué es la realidad? Las respuestas, en su mayoría, coincidieron: es lo que existe… es la verdad de las cosas. Luego ingresé la segunda y última pregunta, ¿hay una sola realidad? Entonces las intervenciones fueron más claras: hay dos formas de percibirla.

Quiero alejarme del terreno filosófico, pero desde su esencia sociológica, realidad es el constructo que tiene una persona justamente al construirla a través de sus sentidos y sus emociones y que obedece a estímulos a los que está sujeto dentro de la institucionalización de la sociedad y los ámbitos de interacción.

¿La realidad está o la construimos? Me parece que vamos a coincidir: nada existe si no lo creamos. Y ésa es precisamente la gran responsabilidad que tenemos los seres humanos. Todos los días construimos una realidad a la vista de los demás, pero es la emoción, los sentidos, lo que nos permite enviar un mensaje que debe ser percibido sin interpretaciones.

Y es que con mucha frecuencia, en cualquier discusión, hay dos partes que pretenden defender “su verdad” a costa de lo que sea; los famosos ruidos de la información se cruzan y ejercen un peligroso poder que lleva a emisor y receptor al encono, antes que aceptar el punto de vista del otro.

Esa es la parte importante: son puntos de vista, no verdades. ¿Qué nos impide aceptar una realidad que no nos conviene? El prejuzgar, adivinar, suponer, porque juzgar antes de tiempo, anticiparse a los hechos, es igual a no captar la realidad objetiva, sino la realidad neurótica creada en la mente.

Lo mismo es válido para el adivinar y el suponer: también son construcciones neuróticas mentales que nos impiden “ver” la realidad de las otras personas, tal cual son y están en el aquí y el ahora y no como han estado en el pasado. Por ello se dice que “ningún paciente está tan enfermo como su expediente clínico”.

Pero hay otras barreras de la comunicación que nos cierran los ojos ante la posibilidad de no tener la razón, como la superficialidad, el engaño, la mentira, la crítica destructiva, la pésima utilización del lenguaje y, por supuesto, el querer imponer nuestras razones sin aceptar las otras.

La guerra no existe como tal, es una construcción del hombre. Ni existen los conflictos emanados de la nada: los construimos nosotros. La realidad se construye, no está a la vista de nadie. Vemos lo que necesitamos ver, escuchamos lo que le agrada al oído y vemos lo que nuestras pupilas aceptan como válido.

  • Imagine una tierra inhóspita, desolada y ponga a dos personas frente a esa escena;
  • Uno dirá que ahí no hay nada que hacer, porque la realidad le advierte una tierra infértil y un futuro catastrófico;
  • Y el otro podrá observar, en su realidad, que se trata de un área de oportunidad, donde el agua está esperando a ser encontrada, que ahí se pueden sembrar alimentos y también esperanzas;

¿Quién tiene la razón? ¿Es o no la realidad una construcción social? Yo sólo escribo cosas comunes.

¿Qué características debe tener un conocimiento para que se pueda considerar científico?

¿Qué ejemplos existen de la construcción social?

Por qué se crean los constructos sociales – Los seres humanos necesitamos dar sentido a nuestra realidad y esto es precisamente lo que postula la teoría del constructivismo social: creamos constructos sociales para dar sentido al mundo objetivo. Una de las formas más habituales de dar sentido es construyendo categorías y aplicando etiquetas.

  • Por ejemplo, dividimos a las personas en función de las distintas características físicas que poseen y creamos la construcción social denominada “raza”;
  • O clasificamos a un ser vivo en función de si tiene ramas con hojas;

construyendo el concepto de “árbol”. Estos dos ejemplos, aunque muy diferentes entre sí, tienen algo en común: que ambos son construcciones artificiales basadas en ideas y creencias que pueden variar a lo largo del tiempo y el espacio (el contexto o la cultura).

Los constructos sociales incluyen valores y creencias que, como decimos, pueden modificarse a medida que las sociedades y los individuos interactúan; de este modo, emergen nuevos significados o cambian los ya disponibles.

El término “feminismo” no es el mismo hoy que hace varias décadas. Y lo mismo ocurre con otras construcciones sociales, como el humor o el concepto de género.

¿Por qué la familia es una construcción social?

La familia, en este aspecto, sirve para que la propiedad privada pueda trasmitirse de generación en generación. Además, la familia trasmite los valores, la ideología, cultura, etc. , de la sociedad hegemónica en una determinada época y con ello se logra reproducir y perpetuar el sistema social que impera.

¿Qué es una construcción social según autores?

La construcción social de la realidad (Berger y Luckmann, 1972)trata de demostrar que toda la realidad social no es otra cosa que una construcción de la misma sociedad.

¿Cómo es la construcción social del individuo?

La subjetividad se construye socialmente en los colectivos de pensamiento, como lo pensaba Fleck. Pero no en uno solo, sino en un número indeterminado y siempre cambiante de colectivos para cada sujeto, de tal manera que el resultado son subjetividades únicas.

¿Cómo se construye la imagen social?

“El lenguaje es como una piel […]. Es como si tuviera palabras en los dedos, o dedos en el extremo de las palabras” (R. Barthes). MATILDE FERNÁNDEZ-CID ENRÍQUEZ* En las últimas décadas, la investigación social ha venido prestando una atención creciente a espacios y acciones relacionados con la comunicación, la información y la imagen.

Ello tiene gran relación con el reconocimiento de su poder pragmático (de las palabras, de las imágenes, de la comunicación). Y en este ámbito resulta evidente la importancia de los medios de comunicación, cuya pragmática se constata en los efectos de su influencia no solo en decisiones públicas, también en comportamientos privados, prácticas profesionales, organizaciones colectivas, opiniones y vivencias cotidianas.

El reconocimiento se mantiene incluso entre quienes cuestionan el excesivo protagonismo tantas veces otorgado a priori a esa influencia –a sus efectos– en la formación de la opinión pública y de la conciencia social. Cuando nos aproximamos al análisis de la realidad social, sea cual sea el motivo de estudio y antes incluso de iniciar su potencial medición o lectura, nos encontramos con representaciones sociales.

  1. Este concepto remite a formas de percibir el mundo circundante, de otorgar sentido a objetos, lugares, acontecimientos, sujetos… y, muy vinculado a esas peculiares percepciones, orienta también valores y actitudes;

Es lógico, pues, que ocupe un lugar central entre quienes se interesen en una aproximación al proceso de conformación de nuestra vida social; también, por supuesto, para quienes se aproximan a esa realidad social con objetivo transformador. El primer paso en todo proceso de aprendizaje consiste en organizar las cosas, cuestión para la que se muestra de suma importancia conocer los indicadores o rasgos que utilizamos para agrupar, destacar, distinguir (descartar).

Ese trabajo de categorización, de ordenación y agrupación de los objetos en diferentes categorías permite organizar un entorno extraño, complejo, a veces incluso caótico. Es un trabajo delicado, pues tiene una doble deriva: por una parte, resulta muy útil en todo proceso de conocimiento y, por otra –y en lógica complementaria–, esas mismas categorías servirán de orientación en nuevos procesos perceptivos.

Así, “el proceso de categorización supone un doble aspecto que lo convierte en el producto final de un proceso de percepción y en el punto de referencia (anclaje) que organiza la percepción misma” (Pérez Pérez, J. , 1989) . En la construcción de imágenes sociales, los medios ocupan un lugar privilegiado: su trabajo consiste no solo en transmitir información, sino que en cierta medida crean realidad porque intervienen en su legibilidad (en ocasiones, directamente en su conformación) y, de esta manera, contribuyen a la formación de opinión pública.

Y hablar de opinión es también convocar, de forma indirecta, actitudes, valores, representaciones; y estereotipos, lugares comunes, vínculos de significación relativamente estables. Conocer el proceso creativo del trabajo de los medios, analizar sus producciones, sus mensajes, incluso sus silencios, debería animarnos a la construcción de espacios de diálogo entre todos los agentes sociales implicados.

Los medios pueden ser importantes instrumentos con potencial transformador Los medios de comunicación –algunos todavía pueden conservar el apellido “de masas”– pueden, en este sentido, ayudar en los procesos de análisis de la vida social. Pueden llegar a ser un importante instrumento con potencial transformador.

Sin embargo, no hay que olvidar que, como toda empresa de producción  –en su caso, producción de información–, los medios se encuentran asimismo mediatizados: demandas de clientes o promotores, estrategias de competencia en el mercado, exigencias derivadas de la búsqueda de beneficios… son elementos que a veces se enfrentan.

Hay que añadir a estos condicionantes las propias posiciones ideológicas de empresas y profesionales. También es considerable el peso de las dinámicas de trabajo, rutinas, modas, acontecimientos noticiables y otros elementos extratextuales, como la transmisión de ecos y la formación de agendas, con frecuencia programadas lejos de las tareas de campo inmediato del periodismo, del periodista.

Drogas y drogodependencias Hace unos años (ya 20, fue mi primer trabajo en relación con medios), participé en una investigación sobre el tratamiento de las drogas y las drogodependencias en los medios de comunicación , en la que destacábamos la presentación fragmentada, dramatizada, en cierta medida mitificada, de estas informaciones, las cuales, sin embargo, rara vez se introducían en el análisis de la droga como mercancía y de la lógica y el comportamiento del peculiar pero poderoso mercado construido a su alrededor.

En los espacios mediáticos –entre la opinión pública– se hablaba preferentemente de la distribución –el tráfico–, de la compra y venta de droga –de sustancias ilegales–, en general desde la óptica de su control (incautaciones, detenciones, decomisos) o de los comportamientos delictivos asociados a esta práctica.

  • Progresivamente, ha ido aumentando el espacio dedicado al consumo, a los diversos consumos y sus protagonistas; y la más escasa información relativa a la producción de drogas se ve a veces compensada por su afán analítico (periodismo de investigación, aportación de datos y mapas);

Pero estos tres bloques –producción, tráfico, consumo– configuran las piezas que, vinculadas y analizadas en su dependiente conexión, darían cuenta de ese mercado que tiene sus propias reglas de funcionamiento y que introduce asimismo peculiares propuestas de contrato e incentivación.

  • Resulta obvio que el contenido de la noticia –de lo que se habla, de lo que se opina– tiene mucho que ver con la fuente de información, con la agenda mediática –que establece qué resulta noticiable– e incluso con la competencia comunicativa de quien elabora el mensaje;

Por ello, suele ser polémico, pero a la vez tan necesario, entrar en el debate con los agentes intervinientes en estos espacios. Una aproximación algo más comprehensiva a los consumos de drogas invita a analizarlos como un fenómeno o hecho social que, de forma sintética –a modo de síntoma–, da a su vez cuenta del conjunto social en el que se inscribe.

Toda la información revisada, rica en matices, no evita –más bien invita a– abordar la tarea de un análisis que relacione estos distintos aspectos, con objeto de una comprensión más abarcadora de los mundos de las drogas y las drogodependencias.

Este esfuerzo analítico ayudaría también en los diversos ámbitos de intervención. En otra ocasión (al finalizar la nombrada sobre tratamiento en medios, como continuación), la tarea consistió en el análisis del material recopilado tras la realización de un concurso de carteles, convocado entre la población adolescente española, con el lema “Alternativas al consumo.

Tú propones” . Este material consistía en los carteles –dibujo, collage , foto…– y una breve explicación –en folio aparte, en lenguaje textual– proporcionada por sus autores. Tras el proceso de análisis (en el que obviamente no nos podemos extender aquí), encontramos una prueba de ciertos efectos de los medios, en cuanto –todavía– referencia dominante.

Un breve repaso a los mensajes emitidos por los medios en el momento en que se desarrolló este concurso evidencia un tratamiento del consumo de drogas como fruto de una elección racional realizada de forma individual. A su vez, y en íntima conexión, el mensaje publicitario invitaba a una decisión certera, tajante, intransferible, definitiva, del potencial consumidor.

  • La disyuntiva ofrecía escasas posibilidades a un planteamiento reflexivo y a una conciencia de participación real;
  • El premio ofrecido desde la publicidad resultaba en ocasiones paradójico, aunque muy comercial: se presentaba la promesa de un sobreconsumo imaginario en una supuesta sociedad de abundancia (puedes disfrutarlo todo) para disuadir de otro consumo (el de las drogas), cuya renuncia suponía la puerta de entrada en el anterior;

Reconozcamos que en los últimos años se percibe una tendencia a eludir esos excesos. Sírvanos este ejemplo, tomado solamente para ilustrar la conveniencia de reconfigurar espacios de diálogo, de interacción social, en el que los medios tienen y van a mantener un papel primordial, y no “a pesar de”, sino “con” los cambios formales y tecnológicos que actualizan esos marcos interactivos.

  1. Entramos aquí, de forma indirecta, en la polémica todavía presente (y que en Cuadernos de Periodistas se actualiza de forma ejemplar en múltiples artículos) en torno a si los canales plurales y la multiplicación interactiva dificultan o enriquecen potencialmente la labor del periodista y el papel de los propios medios;

Lo que hacen las palabras Si algo vincula la amplia diversidad de escuelas y perspectivas implicadas en el análisis de la opinión pública, es el reconocimiento de la pragmática de los discursos mediáticos, que se convierte en hipótesis –al menos, en sospecha– de partida, aunque se evidencie la heterogeneidad y distinta fuerza de estos discursos.

  • Recordemos que el significante “información” comprende dos significados: “informarse de” y “dar forma a”, y desde esta dual y complementaria significación, la información resulta un proceso necesario de presentación/conformación en un mundo de realidades diversas;

Distintas investigaciones han priorizado su atención a preguntas sobre quién dice qué, en qué medio y con qué código, para quién, en qué contexto y con qué efectos. O bien: a quién se permite comunicar, en torno a qué, con quién, hasta qué punto. Incluso hay quien pretende examinar, además, el proceso de transformación de la comunicación en acción, considerando los sectores e instituciones sociales protagonistas, las claves de la vida cotidiana referenciada, los acuerdos de origen, su lugar de llegada.

  1. Una perspectiva sociológica en búsqueda del sentido de la acción social comparte con otros analistas de la comunicación un objetivo que se presenta escurridizo pero necesario: las polimorfas referencias acerca de sujetos sociales y actores, papeles y poderes, estructuras y organizaciones, resultan, entre otras, necesarias aportaciones que orientan la interpretación, el análisis, la previsión, es decir, que posibilitan plantear la investigación social;

Todo acto de comunicación es “texto en contexto” antes que hierático dato El trabajo con los medios no solo aproxima a parcelas del extenso territorio de la comunicación de masas, también su propio comportamiento habla de la sociedad y los contextos –del mundo, de la cultura– en que se manifiestan y actúan.

Asimismo, todo acto de comunicación es “texto en contexto” antes que hierático dato, donde la elaboración de sentido va acompañada de sus potenciales transformaciones. Cabe recordar que “el discurso no es la transposición transparente de opiniones, de actitudes, de representaciones existentes de forma acabada […], no es un producto acabado, sino un momento de un proceso de elaboración” (Bardin, 2002) .

Aunque hay que alertar sobre lecturas lineales que presentan como omnipotentes los mensajes de los medios, tampoco conviene minimizarlos, como desde el otro extremo proponen algunas voces, bajo el supuesto de la eliminación del efecto por anulación de sentido en el mundo mediático del simulacro, del espectáculo y de la saturación semiótica.

Como elemento de reflexión, permítasenos aludir al concepto de intertextualidad, que nos recuerda que ningún texto es una isla. Existe una compleja estructura de interrelaciones, una reserva de ecos que provienen de otros textos, expresiones, comentarios, situaciones, personajes.

En definición aportada por Jensen , la intertextualidad es “el proceso en que los elementos del discurso comunican significados específicos a las audiencias porque hacen referencia a otros discursos, temas, géneros o medios que nos son familiares, que pueden también estar presentes o implícitos en el contexto de recepción”.

Resulta un concepto especialmente interesante en el análisis de la comunicación de masas, ya que los medios “dialogan” –aun cuando manifiesten distanciamiento o desdén hacia el adversario– en un permanente “efecto eco” que no alude exclusivamente al índice de sus contenidos.

Coexisten dos imágenes, que en el extremo pueden estar polarizadas, en torno a la labor y al producto de los medios. Por un lado, la mirada inocente hacia los medios apoya la idea de una transmisión fiel de realidad. Es esta una valoración que comúnmente se defiende desde los ámbitos profesionales de la información.

Por otro lado, lo que podríamos calificar como una mirada desde la sospecha, por parte de quienes mantienen que los medios son creadores y conformadores de las múltiples realidades que convocan esos datos, imágenes y relatos con los que trabajan y que se presentan como elementos objetivos.

Gombrich dijo que no hay mirada inocente (inaugural); en realidad, ningún gesto lo es, tampoco la palabra. El proceso narrativo está, inevitablemente, condicionado. La selección de noticias (la pirámide invertida de reducciones sucesivas), la llamada “agenda setting ” y criterios muy establecidos acerca de lo noticiable determinarán aquellas noticias que cotidianamente se hacen públicas.

  • A pesar de que, como venimos apuntando, el protagonismo de los medios de comunicación es compartido, el poder de un emisor se acrecienta cuando disminuye el acceso del receptor a otras fuentes alternativas, lo que permite el contraste y es condición para una lectura crítica;
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Las posibilidades de percepción directa de los acontecimientos se encuentra limitada espacial y temporalmente para cualquier persona; sin embargo, por medio de las noticias, las opiniones, los datos, las imágenes que producen, mantienen la ilusión de captación creciente de realidades ajenas.

  • Cuanto más alejado está el acontecimiento de nuestro mundo vivencial inmediato, en mayor medida depende su difusión de un mediador transmisor-constructor de la información; y cuantas menos fuentes y más acotados canales comunicativos, más influencia cabe esperar de un único referente;

Discapacidad intelectual Si en el anterior apartado aludía a mi primer trabajo de investigación sobre medios, relativo al tratamiento informativo de las drogas, tomo en este como ejemplo un trabajo abordado más recientemente, en referencia al tratamiento en los medios de la discapacidad intelectual.

  1. A veces resulta complicado explicar que la opción por el análisis de las representaciones sociales es una decisión que apuesta por la intervención directa (que busca efectos en actitudes y decisiones), precisamente por el reconocimiento de la pragmática que se deriva de esas representaciones;

El mismo hecho del creciente interés en los últimos tiempos por el mundo de las discapacidades, o el de la diversidad, está en relación con su visibilidad. Cuando hablamos de un “hecho social emergente”, no siempre tratamos “emergente” como nuevo, sino como visible, reconocido.

  • Ya desde las primeras lecturas, constatamos que los textos informativos en torno a la discapacidad no perfilan relatos completos;
  • Como ocurre con otros textos periodísticos, domina la fragmentación en la referencia, la descripción sesgada –dramatizada– de acontecimientos, la selección muy limitada de fuentes de información;

Estas noticias parecen realizadas a partir de un consenso de no injerencia, de evitación de proximidad. Sin embargo, se observa también cierta transformación en el tiempo: cambio en las formas de nombrar, integración de nuevos contenidos, evitación de algunos tópicos y términos censurados.

Este constatado cambio de lenguaje podría interpretarse, situándonos en el debate acerca de los efectos de los medios y del papel de las audiencias, como resultado de presiones (respuestas, críticas, sugerencias…) de sus públicos.

Es importante también, por ejemplo, la orientación establecida desde los libros de estilo de la prensa actual. Las etiquetas tienen enormes efectos en la percepción de las personas señaladas El mismo proceso de construcción social de realidad permite afirmar que los juicios sociales no son inamovibles: las categorías admiten modificaciones y nuevas definiciones, lo que significa que se puede intervenir en ellas, modificarlas.

Pero no resulta tarea fácil. Nos ayuda el diccionario: en torno al término “etiqueta” encontramos algunas acepciones: “marca, señal o marbete que se coloca en un objeto o en una mercancía, para identificación, valoración, clasificación, etc.

” o “calificación identificadora de una dedicación, profesión, significación, ideología, etc. Las etiquetas procuran que algo/alguien se visibilice, si bien destacando alguna cualidad, virtud, rasgo que supuestamente le caracteriza. Las conocidas asociaciones expresivas “las personas con discapacidad intelectual son como niños”, “los ciegos son desconfiados” o “las personas con síndrome de Down son tiernas y simpáticas” son ejemplos de etiquetación que, aunque utilizadas con frecuencia sin intención consciente excluyente, tienen enormes efectos en la percepción de las personas señaladas y, en consecuencia, condicionan en la práctica relaciones personales y sociales.

  1. La generalización de esas cadenas valorativas (derivaciones semánticas, de significación) es la base de conformación de estereotipos, de etiquetas que afectan y vinculan a múltiples individuos (agrupándolos en colectivos de identificación);

“Estereotipo” es un término que nos remite al trabajo de imprenta: la “estereotipia” como “procedimiento para reproducir una composición tipográfica”. Si volvemos a la socorrida ayuda de nuestro diccionario, encontramos que “estereotipo”, en ese contexto de trabajo de imprenta, es “plancha utilizada en estereotipia”, pero también, en sentido figurado –que nos incumbe especialmente–, es “imagen o idea aceptada comúnmente por un grupo o sociedad con carácter inmutable”.

El estereotipo produce el efecto de homogeneizar mediante una marca vinculante; por eso traemos aquí la reflexión, ya que el proceso de discriminación social tiene que ver precisamente con este marcaje de diferencias entre grupos que se conforman a partir de estereotipos.

Emisiones y percepciones Me permito recordar aquí el fragmento de A través del espejo , tantas veces referido, de un diálogo entre los famosos personajes Alicia y Humpty Dumpty, creados por Lewis Carroll. Humpty Dumpty introduce en la conversación una palabra que se acaba de inventar, y cuando Alicia le pregunta por su significado, nos encontramos con la siguiente contestación: – Cuando yo uso una palabra –insistió Humpty Dumpty, con un tono de voz más bien desdeñoso–, quiere decir lo que yo quiero que diga.

Ni más ni menos. – La cuestión –insistió Alicia– es si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes. – La cuestión –zanjó Humpty Dumpty– es saber quién es el que manda. Eso es todo. Introduje con esta cita el capítulo destinado, en mi tesis doctoral, a las representaciones de la discapacidad intelectual en los medios, aunque también lo podíamos aplicar al discurso del poder público-político.

En realidad, con ella trataba de entrar en el debate acerca del poder de los medios –su eficacia, pero también sus límites– en la construcción de imágenes y etiquetas, en la difusión de estereotipos, en la conformación de opinión. En nuestro contexto social y político, ha venido aumentando el papel de los medios y la influencia de la comunicación de masas en el establecimiento de referentes y marcos para el debate tanto en espacios públicos como privados.

Coadyuvan a dibujar la percepción del mundo, de los mundos de referencia, lo que incluye en cierta medida nuestra percepción acerca de nosotros mismos, como sujetos individuales y colectivos. Cuando hablamos del poder pragmático del lenguaje, consideramos también, junto con los mensajes en sí mismos, quién los emite, en qué contexto, con qué capacidad de persuasión.

Si la sintaxis tiene que ver con la organización de signos para construir mensajes y la semántica con su significado, la pragmática trata de responder la pregunta formulada por uno de sus teóricos de referencia en torno a qué hacen las palabras. Resulta muy ilustrativa la lectura coordinada de estas tres perspectivas de análisis en comunicación.

La información oficial o mediática debe ser actualizada, escenificada, en muy diferentes contextos comunicativos y de construcción de sentido; si no es así, no tiene posibilidad de cristalizar, de significar, de difundirse como referente o modelo.

En ocasiones, existe una disonancia entre la opinión publicada (sea en el Boletín Oficial del Estado, sea en el periódico de referencia) y la opinión pública. También aquí, de nuevo, hay que aludir a oportunidades y responsabilidades de los distintos agentes implicados, sea cual sea su lugar y nivel de intervención y su jerarquía.

Recuerda Wolf que si hasta hace poco las ideas de transmisión o difusión eran priorizadas, hoy es frecuente escuchar expresiones como “construcción social de la realidad por parte de los medios”, “cultura de los medios” y “realidad de los medios”.

En paralelo, se viene cuestionando el papel central, en relación con su influencia –sus efectos–, en la formación de la opinión pública y de la conciencia social. La información se actualiza en diferentes procesos de construcción de sentido y de elaboración simbólica; por lo tanto, no se puede generalizar, a partir de un análisis de contenido de los medios, conclusiones acerca de las interpretaciones del público.

En contraste con aproximaciones más individualistas, la tradición sociológica analiza la ideología, en sentido abarcador, como “producto de un grupo social, considerándola como un sistema de ideas y representaciones que comprende las costumbres y estilo de vida de un grupo de sujetos y sosteniendo, por tanto, que hace referencia a algo más que a simples experiencias aisladas de miembros individuales de un grupo” (Seoane y Herrera, 1989) .

Es evidente que, desde esta perspectiva, la lectura de la noticia no se realiza solo a partir de lo que dice: contenidos ausentes y connotados y otros elementos de referencia, también las competencias culturales, son generalmente necesarios para darle sentido.

Así, “buena parte de la información de un texto no está expresada de forma explícita, sino implícita. Este aspecto del discurso y la comunicación tiene dimensiones ideológicas importantes. El análisis de lo no dicho es a veces más revelador que el estudio de lo que realmente se expresa en el texto” (Van Dijk, 1993) .

Hay marcas (etiquetas) que marcan (estigmas) Observamos una responsabilidad compartida, aunque desde distintas posiciones, poder y efectos, en la construcción de realidad. Es claro que encontramos un mundo estructurado, un modelo social y una categorización ya en buena medida construidas; no obstante, si constatamos que existe un proceso de construcción (de las categorías, de las estructuras, de nuestras formas de comunicación y de trato), podemos pensar que también es posible un proceso de reflexión e intervención sobre algunos aspectos de nuestra vida común que contradicen el acordado proyecto de participación inclusiva.

La propuesta no aporta una alternativa original o extraña, más bien se atiene a un principio ya antiguo que hemos apostado por mantener, dando coherencia y continuidad a lo mejor de nuestra tradición histórica: el principio de igualdad, de ciudadanía, de convivencia acordada.

Lo venimos viendo: hay marcas (etiquetas) que marcan (estigmas), y tienen mucho que ver con la sociedad y la cultura en la que se inscriben, porque imágenes y representaciones se conforman en múltiples ámbitos comunicativos –prensa, cine, revistas especializadas, televisión, folletos informativos, publicidad–, también de nuestra vida cotidiana –familia, escuela, centro de salud, de trabajo, de ocio, barrio–, aunque no siempre sean evidentes o explícitas.

  • En relación con estas últimas reflexiones, podríamos extendernos acerca de la incidencia del protagonista –sobre quién se dice algo– en el tratamiento dado a la noticia y sobre la importancia de las fuentes informativas;

Acerca del lugar que ocupan los sujetos objeto de noticia, Sánchez Noriega nos recuerda que “la gente común aparece en los medios como testigos de acontecimientos, sin nombre ni apellidos” (Sánchez Noriega, 2002) . Son esos personajes de la noticia a quienes periodistas y profesionales tutean en los foros de encuentro (platós, tertulias, noticias en directo…), mientras “tratan de usted” a informantes considerados más cualificados, como líderes sociales, políticos o expertos.

Hoy creo que hay que relativizar estas afirmaciones, pues parece que aumentan la pluralidad de fuentes y la posible interlocución de personas/organismos implicados, aunque cabe preguntar por los límites reales de esa aparente pluralidad, como varias firmas proponen desde las páginas de Cuadernos de Periodistas (donde, por ejemplo, Juan Luis Manfredi nos recordaba que “ceder el espacio del diálogo y abrir la agenda a los intereses ciudadanos parece parte de la función social del periodista”).

Al igual que se multiplican las formas de propiedad y uso de máquinas comunicantes, las lecturas (vinculadas a competencias comunicativas, pero no solo) de contenidos producidos también se muestran diversas (en ocasiones, divergentes). Manuel Vázquez Montalbán nos dejó algunas reflexiones en esta línea, en referencia al trabajo de los medios: “Cada vez urge más tener presente que una teoría de la comunicación social tiene que implicar el para qué histórico de esa en apariencia aséptica transmisión de información del emisor al receptor.

Toda comunicación es una transferencia de información con el propósito de persuadir al receptor a aceptar la finalidad del emisor: desde la dimensión de la comunicación interpersonal a la dimensión de la comunicación social” .

Una vieja sentencia propuesta por Paul Eluard asegura que “hay muchos mundos, pero están en este”. Hay que saber percibirlos, y también sus procesos de conformación y cambio. En España venimos asistiendo en las últimas décadas a varios procesos de transición que afectan directamente a nuestro objeto de estudio.

Los datos, los hechos, los acontecimientos que definen esas transiciones se perciben, se viven, se transmiten cargados de significación, de sentidos que no se presentan unívocos, que son múltiples, pues múltiples son los sujetos, los colectivos que los nombran, y diferentes también los lugares –los espacios sociales– desde los que son nombrados.

Por ello, aludimos al proceso de construcción social; y si constatamos que la realidad social se construye socialmente, debemos derivar que también la información, la conformación de formas de nombrar, son asimismo elaboración social. Cerremos este texto, como lo abrimos, con la cita del maestro Barthes : “Las palabras en los dedos, los dedos en las palabras”.

  1. Imagen poética, envite abierto a seguir trabajando en las palabras y las cosas;
  2. 1 La noción de anclaje hace referencia al «punto o patrón psicológico respecto al que se comparan y estructuran los juicios de los objetos», que se extiende a un conjunto de objetos y acontecimientos comportamientos, creencias y sus formas de constitución;

2 Pérez Pérez, J. (1989): «Percepción y categorización del contexto social», en Creencias, actitudes y valores , Rodríguez, Á. y Seoane, J. (coords. Alhambra Universidad, Madrid 3 Colectivo Abierto de Sociología (1996): Tratamiento periodístico de las drogas y las drogodependencias , Madrid 4   Fernández-Cid, M.

  1. y Martín Caño, A;
  2. (1998): Imágenes de los adolescentes sobre las drogodependencias;
  3. Pirámide, Madrid 5 Bardin, L;
  4. (2002): Análisis de contenido;
  5. Akal, Madrid 6 Jensen, K;
  6. (1997): La semiótica social de la comunicación de masas;

Bosch Comunicación, Barcelona 7 Wolf, M. (1991): La investigación de la comunicación de masas. Crítica y perspectivas. Instrumentos Paidós, Barcelona 8 Seoane, J. y Herrera, M. (1989): «Actitudes e ideología política», en Creencias, actitudes y valores , Rodríguez, Á.

y Seoane, J. (coords). Alhambra Universidad, Madrid 9 Van Dijk, T. (1989): Estructuras y funciones del discurso. Siglo XXI, Madrid 10 Sánchez Noriega, J. (2002): Crítica de la seducción mediática. Comunicación y cultura de masas en la opulencia informativa.

Tecnos, Madrid 11 Vázquez Montalbán, M. (1985): Historia y comunicación social. Alianza Editorial, Madrid Matilde Fernández-Cid Enríquez Profesora de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), coordinadora del Máster Oficial en Consumo y Comercio de la UCM y miembro del Equipo de Investigación UCM sobre “Medición de la discriminación múltiple” (CSO2016-75946-R).

¿Cómo construimos nuestra idea de la realidad?

Constructivismo y ocioconstructivismo – En resumen, podemos entender el constructivismo como un postulado epistemológico. En el cual nosotros somos agentes activos de nuestra percepción, no recibimos una copia literal del mundo. Somos nosotros, a través de nuestras percepciones, los que le damos forma al mundo que hay dentro de nosotros, pero también fuera.

Ahora bien, si cada uno de nosotros es una persona activa que construye su realidad ¿cómo es posible que todo las personas tengan una visión de la realidad muy parecida? Para hallar respuesta a esto, podemos acudir al psicólogo Vigotsky y su teoría socioconstructivista basada en la cultura.

A pesar de que cada uno construye su mundo, todos nacemos en una sociedad y cultura que nos guía. Al nacer inmersos en una cultura, esta no solo orienta nuestras interpretaciones, sino que también cogemos prestada de ella multitud de construcciones. Una evidencia a favor de esto es que nuestras construcciones de la realidad se asemejan más con personas de nuestra cultura que con personas de países distantes. La conclusión que subyace a esto es que todas las ideas, conocimientos y teorías son constructos sociales. La realidad es ajena a nosotros, hasta las leyes físicas tendrían una parte de construcción social en un marco conceptual compartido. En este aspecto la ciencia ya no explicaría los acontecimientos de la realidad, sino los acontecimientos de nuestra construcción conjunta de la realidad.

  • Estos postulados han supuesto en cierta medida una revolución en la historia de la psicología y en otras ciencias;
  • Gracias al socioconstructivismo muchas áreas de la psicología han cambiado totalmente de paradigma y han ampliado su espectro;

La pregunta que nos puede surgir ahora es:  ¿el constructivismo es la respuesta correcta o todavía nos queda mucho por saber? Te podría interesar.

¿Qué busca el construccionismo social?

El paradigma posmoderno abandona la dualidad entre el individuo y el mundo, y se desplaza hacia un encuadre sociolingüístico. Es un conjunto de pensamientos vinculados a la cultura que pone en relieve la realidad tejida en telares lingüísticos compartidos por todos.

Además, enfatiza el carácter relacional e histórico de la construcción de la realidad como contexto de un proceso social, racional, histórico, lingüístico y cultural, subrayando el papel del lenguaje en el proceso de cambio terapéutico (Rasera & Japur, 2005, 2007).

El discurso posmoderno implica necesariamente un posicionamiento crítico y una postura filosófica que propone: (a) una nueva visión de la persona y del mundo; (b) la convivencia con la inseguridad y la imprevisibilidad; (c) el rechazo de los discursos hegemónicos y mono vocálicos; (d) la presencia del sujeto cognoscente; (e) el lenguaje como un ícono del mundo real, proponiendo la coherencia y la viabilidad como valores epistémicos; (f) la invalidez de la interpretación esmerada de la realidad en la producción del conocimiento; y (g) el conocimiento comprendido como una práctica discursiva socialmente construida, con múltiples narrativas, considerando múltiples posibilidades y versiones (Anderson, 1990; Foucault, 1978; Gergen, 1985, 1996, 1999, 2006; Grandesso, 2000; Ibañez,1992).

  • El Construccionismo Social es un abordaje, representante auténtico del pensamiento posmoderno;
  • El pensamiento de la posmodernidad se configura como un paraguas paradigmático (Grandesso, 2008), que se manifiesta en un conjunto de principios y derivaciones prácticas organizadas por los enfoques constructivistas y construccionista social;

El Construccionismo reúne un conjunto de contribuciones teóricas (teorías, narrativas, prácticas colaborativas y procesos reflexivos) que han contribuido principalmente con la psicología social, y más recientemente surgen como aporte a la psicoterapia en general.

Los críticos posmodernos valorizan las conexiones entre las personas y se basan en la creencia de que las interpretaciones y las intervenciones no ocurren a menudo, y que confirmar el significado de las personas es el punto alto de dicha propuesta (Anderson, 1990; Gergen, 1985, 1996, 1999, 2006; Grandesso, 2000; Rasera & Japur, 2005, 2007).

Estos pensadores también sostienen que los terapeutas parten del “no saber” y rechazan la idea de buscar problemas y enfermedades en sus tratamientos clínicos. No existe conocimiento definitivo y útil que se pueda generalizar, ni tampoco situaciones que definan la esencia última de la persona.

El foco está en el lenguaje que construye esos mundos sociales. La vida de las personas se organiza por el significado construido acerca de sus experiencias y se atribuye a esas conexiones. De este modo, el significado de cualquier vivencia dependerá del contexto, y los recursos para esa significación no siempre se hallarán en la persona misma, sino en sus relaciones.

Dichos recursos son metáforas, significados, discursos y representaciones que constituyen tanto conocimientos como experiencias que son consideradas y legitimadas en los contextos de conversación (Anderson, 2010; Epston, 1997; Gergen, 1985; Grandesso, 2002, 2008; Hoffman, 1993, 2001; White & Epston, 1993).

  1. Este presente artículo se propone entender de qué modo el Construccionismo Social como base teórica introduce la posibilidad de la construcción de nuevas narrativas y, en consecuencia, ayuda a las familias a comprender sus vivencias de violencia y abuso sexual;

Al narrar historias de abuso sexual, las familias conocen y perciben diferentes y nuevas secuencias narrativas, encontrando una pauta de sentido que corresponde al momento vivido. Las familias ingresan de esta forma en un relato más positivo de su vida y de su identidad personal y social, y comienzan a distinguir entre experiencias y acciones de índole amorosa que expresan cuidados mutuos, de aquellas acciones que constituyen el abuso y la explotación sexual.

Los estudios sobre las familias donde existe el abuso sexual han sido especialmente relevantes para el conocimiento de prácticas que contribuyen tanto para prevenir, como para el conocimiento y tratamiento del fenómeno.

Las víctimas y sus familias necesitan manifestar sus percepciones, lo que saben o no a respecto de lo que están viviendo, e interpretar esas vivencias y narrar sus historias de abuso. Sin embargo, los trabajos existentes demuestran de modo general que las intervenciones que no les brindan a las víctimas oportunidades para que estas se expresen y que se limitan a la presentación objetiva de las informaciones acerca del abuso (Habigzang & Caminha, 2004; Santos, Pelisoli & Dell’ Aglio, 2012), no modifican las vivencias de los involucrados y tampoco agregan nuevos significados al proceso.

  • Conforme a lo expuesto, este texto busca comprender qué es el Construccionismo Social y sus implicaciones como un proceso de auto reflexión, organizado alrededor de los conceptos de construcción mutua, tanto de los problemas como de las soluciones;

Este abordaje es considerado un espacio ideal para que la familia exponga sus narrativas, explorando nuevos significados y sentidos sobre lo que viven, ya que es en los contextos relacionales que las personas construyen sus comprensiones sobre la realidad que las rodea y sobre sí mismas, organizando nuevas construcciones y nuevos arreglos lingüísticos.

Al explorar un nuevo enfoque narrativo para sus vivencias de violencia, se posibilita el surgimiento de relatos alternativos que ayudan en la comprensión de esas vivencias y en la promoción del auto respeto.

El Construccionismo Social: concepto y breve historia El construccionismo social surge en medio de un conjunto complejo de propuestas teóricas de las ciencias humanas en la contemporaneidad. Este abordaje se constituye como movimiento de crítica a la psicología social “modernista” y se fundamenta principalmente a partir de Kenneth Gergen.

  • El pensamiento posmoderno y las ideas construccionistas sociales se aplican a las prácticas terapéuticas, psicosociales, en la enseñanza, en el consultorio y en la organización (Gergen, 1996; Gergen & Gergen, 2010; Shotter & Lannamann, 2002);

La postura posmoderna que acompaña los cambios paradigmáticos en los fines del siglo XX se caracteriza por ser generadora y creadora de una nueva comprensión y direccionalidad. La principal cuestión que señalan varios teóricos (Anderson, 1990, 2010; Gergen, 1985, 1996, 1999, 2006; Grandesso, 2000, 2002, 2008; Omer, 1997, 2011; Rasera & Japur, 2005, 2007; Shotter, 1993a; White & Epston, 1993; White, 1994, 2002) es la metáfora del aprender hablando la lengua de quienes están siendo escuchados.

La máxima de esa postura es “escuchar para comprender”. De esta manera, se postula una posición de construcción mutua de un conocimiento significativo para los involucrados en la acción, en donde el sentido de autoría y la importancia de las formas especiales introducidas en los diálogos y los procesos son más significativo que los resultados.

El lenguaje y el conocimiento son entidades dinámicas, en constante construcción y reinterpretación. El énfasis está puesto en la trilogía: hermenéutica contemporánea, construcción social y teoría narrativa. Estas ofrecen subsidios para la organización de las experiencias vividas y la evolución del sistema terapéutico, destacando los sistemas lingüísticos, las narrativas, la conversación, el diálogo, las historias, el significado y la cultura.

De esta forma, se construyen no solo los cambios, sino también el individuo y su contexto, así como un discurso de potencialidades y de construcción de realidades futuras. Los sistemas lingüísticos, organizados entre transacciones de protagonistas y negociados entre las redes conceptuales de las personas, confirman distintas formas de estar en el mundo, mientras rechazan o evitan otras.

Asimismo, estos sistemas posibilitan que determinadas descripciones del sí mismo se modelen, creando un camino de reflexión hacia un conocimiento especialmente activo, construido en vez de ser descubierto. Ese sendero epistémico se considera una práctica crítica de lo social y de lo sociocultural, ordinario y cotidiano; y se constituye como una micropolítica, que opera, negocia y regula un poder constitutivo que busca el no ejercicio opresivo de un grupo privilegiado sobre los demás.

Asimismo, esta práctica es una experiencia sociocultural positiva, formadora y no restrictiva o represiva. Es una construcción de sentidos con propuestas de nuevas metáforas y discursos alternativos para la descripción de lo vivido (Grandesso, 2002; Pakman, 2011; Rasera & Japur, 2007).

El Construccionismo Social nació y se estableció en el campo académico norteamericano, comenzando en la década de 1970, cuando el Conductismo y sus presupuestos ontológicos y metodológicos se veían cuestionados. Gergen en 1973 fue uno de los cuestionadores con su crítica historicista a la psicología social en sus obras Social Psychology as History (1973) y The Social Constructionist Movement in Modern Psychology (1985), las cuales se han constituido como los marcos iniciales del Construccionismo Social.

  1. El autor considera que el esfuerzo para construir leyes generales para el comportamiento social es equivocado y adopta una postura relativista;
  2. De esta forma, define al construccionismo social como un movimiento, un intento de disolver el objeto tradicional de la psicología, sustituyendo la realidad de la mente y del comportamiento, por convenciones y recursos lingüísticos con una reflexión histórica y contextual como centro de la actividad en la psicología;

Para Gergen (1985, p. 266) “el construccionismo social concibe el discurso sobre el mundo no como un reflejo o un mapa del mundo, sino como un producto de la interacción social”. El Construccionismo Social se considera un movimiento que apunta a la discusión de una ética y una política relacional, existente en el grupo familiar y en los demás grupos.

Su dimensión ética enfatiza la importancia de las relaciones sociales como espacio de construcción del mundo. La realidad es siempre representada a partir de un punto de vista cultural y un lenguaje particular.

Aunque la realidad de la palabra, como es el caso de cualquier signo, resida entre individuos, la palabra, al mismo tiempo, se produce por medio del mismo organismo específico, sin cualquier recurso, cualquier equipamiento o cualquier otro tipo de material extracorpóreo (Shotter & Lannamann, 2002).

  1. Al referirse a las principales características epistemológicas y ontológicas del Construccionismo Social, Gergen (1999) apunta cuatro cuestiones esenciales: (i) conocer el mundo por la historia y por la cultura; (ii) tener en cuenta la interacción entre las personas; (iii) la relación entre conocimiento y acción; y (iv) el realce de una postura crítica y reflexiva como producción del conocimiento;

Se percibe entonces que este abordaje cuestiona realidades y valores de la vida cotidiana, e implica descubrir la estructura interna de los significados, construyendo significados compartidos. No hay verdades para verificar, sino significados relevantes para cada persona, lo que confirma que la búsqueda de la verdad se basa en la diversidad de sus manifestaciones y nunca se revela en su totalidad.

Por lo tanto, es necesario que se problematice el fenómeno revelado para que sea mejor comprendido. Las narrativas y los significados Las personas viven de acuerdo a las historias que construyen sobre la experiencia vivida.

Cuando cuentan sus historias, son protagonistas y entienden mejor sus vidas, las alegrías y los sufrimientos por los cuales transcurren. Todas las vivencias solo tienen sentido porque poseen una historia. Ser el personaje principal significa ser el autor de su propia vida.

  1. Los terapeutas construccionistas creen que la persona al narrar un evento de su vida, reescribe su historia;
  2. De ahí que los problemas puedan resolverse y/o transformarse, creándose nuevas historias, mientras que nuevas oportunidades ganan visibilidad;
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Recrear espacios ya vividos y momentos valientemente enfrentados, permite abrir nuevos campos y direcciones. Las narrativas son eventos ligados en secuencia a través del tiempo de acuerdo con un enredo. White y Epston (1993) están comprometidos con este campo del conocimiento en terapia familiar.

Esos autores destacan que los relatos no nacen de la “nada”, sino se construyen a partir de una red de procesos integrados por múltiples eventos de manera recursiva. La interacción de diferentes prácticas es construida y construye las situaciones de la vida cotidiana.

No existe una definición precisa sobre qué son las narrativas, pero se pueden comprender como formas lingüísticas usadas para contar algo sobre el proceso vivencial y para expresar experiencias y situaciones. Las narrativas son construcciones complejas alrededor de tramas temáticas, construidas en una dimensión histórica y negociadas socialmente, manteniéndose siempre abiertas a la reconstrucción, y no constituyéndose como una posesión de las personas, sino de sus relaciones vividas en un sistema social e histórico, y en los modos discursivos reservados por la cultura.

  • Por lo tanto, no se refieren solamente al mundo interno de la persona o a sus cogniciones, sino también son formas sociales de significar lo ocurrido, y organizar las acciones que forman parte del proceso conversacional (Gergen, 1996);

Las narrativas organizan y definen significados y sentidos de las experiencias de las personas, siendo “instrumentos incrustados en las secuencias conversacionales” (Gergen, 1996, p. 234), además de recursos culturales que cumplen un propósito social. Una vez comprendidas como instrumentos y recursos, se puede concluir que, al narrar una experiencia, se están construyendo relatos y expresiones de la misma, promocionando cambios y transformaciones en las vivencias.

  1. Los textos o tramas se estructuran a partir de construcciones lingüísticas y permiten la formulación de relatos conformados por secuencias, que se ordenan en enunciados, argumentos y descripciones;
  2. Estos relatos se encuentran ligados de forma imprevisible con otros procesos y/o eventos presentes en la interacción entre las personas, estableciendo maneras de percibir las experiencias del sí mismo y de otros sistemas (Gergen, 2006; Rasera, Guanes & Japur, 2004; White & Epston, 1993);

Para Gergen (1999) la atribución de significado parte de cambios dialógicos, base para las prácticas narrativas, ya que son procesos sociales dialógicos. Los dilemas humanos son los significados estructurados de narrativas. Etimológicamente, significado en latín es significátus , significáre , es decir, dar a entender por signos, indicar, mostrar, significar, dar a conocer, hacer comprender.

  1. Por lo tanto, el significado de los sucesos vividos se construye en el lenguaje y se captura por medio de las narrativas;
  2. Lo que se enfatiza o se omite de las historias contadas tienen efectos reales sobre las vidas;

La forma de atribuir significados a los eventos afecta la manera cómo se construye la identidad, o cómo una persona actúa en relación a sus contextos y a los otros. Se depende del lenguaje para generar las propias narrativas, dar sentido a los significados, a la existencia.

Se interpreta el mundo y todo lo que en él existe por el lenguaje que surge en el dominio social, a partir de las vivencias cotidianas. Dado que el Construccionismo Social es considerado una manera de estar en el mundo, como generación mutua del conocimiento que se construye en el lenguaje y en el relacionamiento, se puede afirmar que tanto la postura colaborativa como el diálogo son aspectos fundamentales para el acercamiento de los significados y la construcción de nuevas narrativas para las vivencias.

Muchas historias son vividas simultáneamente, existiendo diferentes historias sobre los mismos eventos. Ninguna de ellas está libre de lagunas, ambigüedades y contradicciones. Esas historias postulan un desarrollo ubicado sociohistóricamente, que da relevancia al contexto sociolingüístico, y hace hincapié en la narrativa o forma de relato del significado.

Son las historias y los diálogos que posibilitan revisar y evaluar los argumentos de lo vivido, como los atribuidos a los episodios de abuso sexual en las familias (White, 1994, 2002; Shotter, 1993b; Rasera et al.

, 2004). Estos individuos buscan, junto con aquellos que han sufrido violencia sexual, un cambio de perspectiva para sus vidas, a través de la deconstrucción de sus motivos justificantes ante las conductas abusivas, con el objetivo de elaborar nuevas y potenciales narrativas del futuro.

Asimismo, los argumentos inspiran la apreciación de un mundo plural y diverso con una multiplicidad de prácticas en el que todos recíprocamente se transforman, con perspectivas de nuevas formas de vida que favorezcan una mejor convivencia (Castañon, 2004; Gergen, 1996, 2006; Rasera & Japur, 2007).

El lugar del abuso sexual: una conexión con las historias dominantes Diferenciadas formas de violaciones de los derechos y abusos sexuales de niños y adolescentes son consecuencias de los grandes cambios sociales y tecnológicos, entre otras influencias como los factores económicos y culturales en la actualidad.

  1. La cotidianidad, marcada por la violencia, degrada y descalifica la relación entre las personas;
  2. El abuso sexual es una violencia que tiene que interrumpirse, pero para ello es necesario que se le vede urgentemente, tal como señala Faleiros (2008);

Aunque con el cambio de comprensión acerca de lo que es un niño o un adolescente en el siglo XXI, considerados sujetos de derechos, aún así, la complejidad de esa cuestión está presente en la vida cotidiana. Los/as niños/as y adolescentes se desarrollan en ambientes sociohistóricos complejos, formados por diversos sistemas que influyen y son influenciados por ellos.

El abuso sexual es un fenómeno determinado por diversos factores, el cual abarca aspectos culturales, socioeconómicos, individuales y familiares. La relación sexual es un tipo particular de relación social implicando límites individuales y sociales.

En la situación de abuso sexual, la víctima es tratada como objeto parcial, o incluso como objeto inanimado (fetiche), de manera que la persona no es respetada en su decisión y autonomía. Aunque el hecho ocurra sin violencia o sin marcas físicas evidentes, sí se considera un abuso sexual, dado que el/la niño/a y el/la adolescente están supeditados a una fragilidad física y emocional ante el otro (Azevedo & Guerra, 1989; Cardin, Mochi & Bannach, 2011; Cohen, 2000; Cohen & Figaro, 1996; Esber, 2009; Habigzang, Koller, Azevedo & Machado, 2005; Penso, Conceição, Costa & Carreteiro, 2011; Santos, Costa & Granjeiro, 2009).

El abuso sexual incluye las actividades en las que hay contacto físico, la manipulación de genitales y el acto sexual, así como situaciones de exhibicionismo y voyerismo, en los que no hay contacto físico directo.

Generalmente el/la niño/a y el/la adolescente, víctimas de abuso sexual, experimentan también negligencia, abuso emocional y abuso físico. Otras definiciones incluyen actos y juegos sexuales, relaciones heterosexuales u homosexuales, observándose que el/la abusador/a siempre tiene más edad que el/la abusado/a.

Estos actos producen la violación de las reglas de funcionamiento social y legal, muchas veces bajo el consentimiento u omisión de personas que forman parte y son importantes en la vida de los/las niños y de los/las adolescentes.

Las víctimas son seducidas e involucradas en acciones que les suenan agradables, y que además son coherentes con el afecto que le brinda la persona abusadora. Empiezan con formas bastante sutiles, involucrando gradualmente a la víctima en situaciones abusivas hasta llegar a las prácticas más violentas.

  • Son formas que varían desde un simple cariño y expresión de afecto, la exhibición de películas pornográficas, hasta un contacto con acto sexual completo, independiente de la edad del niño o de la niña (Azevedo & Guerra, 1989; Costa, Almeida, Ribeiro & Penso, 2009; Furniss, 2002; Habgzang, Damásio & Koller, 2013, Habigzang, Hatzenberg, Corte, Stroeher & Koller, 2009; Leal & Cesar, 2007; Sanderson, 2005);

Sanderson (2005) afirma que no son las familias las que abusan a los/as niños y adolescentes, sino los individuos. Este fenómeno puede ocurrir en cualquier familia, no solamente en aquellas consideradas pobres, vulnerables, de riesgo, desestructuradas y/o disfuncionales.

De esta forma, se entiende que el abuso sexual se debe caracterizar por situar cada caso en particular, considerando que difícilmente se abracarán todas sus circunstancias, ya que existe una diversidad de individuos, acciones y los contenidos de la sexualidad impuestos a las víctimas.

El sufrimiento humano respecto a estas cuestiones es, muchas veces, enmudecido, banalizado y tolerado en todas las esferas sociales, dificultando una acción más consciente y modificadora de la realidad. Asimismo es importante incluir las numerosas historias de sufrimiento que se han vivido en silencio, en la invisibilidad social, debido a la demora del tratamiento por parte de los servicios públicos y/o la no notificación de la situación a los servicios especializados (Santos, Costa & Silva, 2011).

Cuando el/la niño/a o adolescente se reúne con una persona de confianza —generalmente la madre— para hablar de la situación tras el abuso ocurrido, este encuentro deja una huella registrada, es decir, el sentido como indicador de la existencia de problemas que involucran todo el sistema familiar.

Esos sentidos se unen a las narrativas cristalizadas, rótulos e historias dominantes del interlocutor, debilitando aún más el vínculo existente entre la víctima y su interlocutor, y reforzando los discursos culturales que los mantienen. Esa marca, indicador del significado, al expresarse en esa conversación, constituye un texto, que es en sí una construcción lingüística.

  • Ese texto, construido mutuamente con sus interlocutores, expresa sus pensamientos, sentimientos e impresiones acerca de las cuestiones de abuso;
  • Ese intercambio de unidades de sentido puede transformar esa reunión en un encuentro fomentador de posibilidades, o no;

Por ejemplo, muchas veces la persona que oye el relato del niño puede no creer en dicho relato. Esas personas, que pueden ser vistas como no protectoras, detentoras de creencias y mitos, por sus comportamientos hostiles a cualquier mención de abuso sexual, poco o nada ayudarán a aquel niño a salir de ese discurso y a buscar formas alternativas de encontrarse con sus posibilidades (White, 2002; Shotter, 1993a).

Muchas veces al interlocutor que oye esos relatos le parece difícil dar un nuevo sentido a un suceso que contradice el relato dominante. Por ello, responde exactamente al relato dominante, no permitiéndose observar hacia su interior y verificar si es posible plantear un relato alternativo que lo ayude a salir de aquella situación que lo aprisiona.

El interlocutor tiene dificultades para ejercitar su toma de consciencia para expandir y articular sus posibilidades. No saben por qué actúan de la manera en que actúan. Sin embargo, al encontrarse con sus mapas y territorios ya vividos, pero poco o nada narrados e historiados, van a darse cuenta de sus experiencias de abuso sufridas en la niñez.

  • Narrar experiencias y contar historias puede ser curativo, porque es una forma de volver a visitar el sufrimiento, y poder transformar un discurso negativo en otras historias, con innovadoras ediciones y con oportunidades alternativas de un nuevo comienzo (White, 2002; White & Epston, 1993);

Los discursos dominantes se han construido con la ausencia de creer en el relato del/de la niño/a. Para esos códigos, los/las niños/as mienten y los/las adultos dicen la verdad, o las comunicaciones de los/las niños/as son menos válidas o menos fiables que las de los/las adultos (White, 2002).

En función a esa situación, los/as niños/as casi siempre están obligados a convivir con la persona que cometió el abuso y a seguir siendo abusada sexualmente. El/la niño/a aprende ese discurso dominante muy temprano, lo introduce en su vida, silencia el abuso sexual, y luego cuando se llega a la adultez ve la misma situación ocurriendo en sus hijos, que corresponde a una transmisión transgeneracional de la violencia (Penso & Costa, 2008).

A sabiendas de estas situaciones, el/la niño/a que a menudo sufre abuso, está obligado/a a no revelar lo que está viviendo. Este proceso continuo por mucho tiempo se transforma en un secreto entre él y el adulto, el cual es siempre reforzado por las amenazas de violencia o castigos, o por ganancias secundarias y privilegios que igualmente se basan en la violencia.

  • Esta situación es siempre un conflicto y un trastorno dañino para el/la niño/a (Azambuja, 2006; Borges & Dell’ Aglio, 2008; Furniss, 2002; Leal & Cesar, 2007; Lippert, Favre, Alexander & Cross, 2008);
  • Muchos de esos/as niños/as nunca han contado sus historias o han narrado sus emociones y sentimientos vividos, destruyendo y no apreciando su trayectoria de vida;

De esa forma, se crean textos para comunicar sus dolores y amarguras en las relaciones con los otros. El Construccionismo Social como propuesta para la comprensión del abuso sexual El modo que utilizan las familias para expresar sus sufrimientos sobre las experiencias de abuso sexual vividas es moldeado por los significados atribuidos al abuso sexual.

La forma de expresión confirma el significado, de tal manera que al analizarse la naturaleza de las expresiones de abuso, estas se deben considerar como unidades de sentido, es decir, como un texto. Texto es un conjunto de palabras con autoría identificada, con forma y contenido original, con una finalidad discursiva que produce efecto sobre las personas involucradas y demás individuos que participan a la red discursiva.

Según Bakhtin (1952-1953, citado en Ponzio, 2010) el texto tiene tres dimensiones: producto, proceso y productor. El texto comprende un enunciado único y particular, es visto como una unidad básica de comunicación y posibilita la construcción de sentidos sobre la realidad, constituyéndose en un contexto dinámico de la relación social delimitada por un espacio histórico-cultural.

  1. Así, para cada nuevo texto se percibe un reposicionamiento de los interlocutores del diálogo, es decir, una cadena discursiva;
  2. Esa cadena es una unidad de sentido que igualmente responde a enunciados anteriores y asimilados en su trayectoria de vida;

Bakhtin (1952-1953, citado por Ponzio, 2010, p. 56) señala que “cada enunciado es un enlace en la corriente compleja organizada de otros enunciados”. Esta cita intenta expresar que la verdad no se encuentra en la cabeza de uno, sino que nace en medio de las personas que de manera colectiva la buscan en el proceso de su interacción dialógica.

  1. Un acto de pensamiento, de sentimiento o de deseo siempre es un acto de autoría propia;
  2. El lenguaje se ha desarrollado históricamente para servir al pensamiento participante y solo recientemente ha empezado a servir al pensamiento abstracto;

En todos los momentos, sea de la palabra concepto o de la palabra entonación, esta es plena, única, y responsablemente significativa. Puede ser la verdad privada, subjetiva y fortuita. El existir, evento irrepetible y singular, además del acto del que participa, no define la plena adecuación, aunque ella permanezca como un fin.

Por lo tanto, texto es un conjunto de palabras con autoría identificada, con forma, contenido original y con finalidad discursiva, que produce un efecto sobre las personas y sobre los demás que participan de la red discursiva.

Según Bakhtin (1952-1953, citado por Ponzio, 2010), el existir de un evento real, que se vive y se proyecta en tonos emotivos-volitivos, tiene una correspondencia con un centro único de responsabilidad, y se determina en su sentido de evento singular grave, necesario, en la verdad privada, no en sí mismo, sino en correspondencia directa con la singularidad de cada uno.

  • El evento, necesariamente, es determinado por cada uno, desde su lugar de existencia;
  • Así, cada uno tiene razón en su propio lugar, no como una razón subjetiva, pero responsable;
  • Es sabido que las soluciones se encuentran mutuamente cuando se presta atención al texto y al interlocutor, siendo el punto de vista narrativo inclusivo;

A medida que la persona narra sus historias compuestas de sentimientos, sensaciones y argumentos, avanza con articulaciones y experiencias sobre otras maneras de ser y de pensar, con valores, compromisos y creencias para arribar relatos alternativos de vida.

La postura inclusiva del Construccionismo Social posibilita a aquel que acompaña al sujeto a mostrarse interesado en saber cómo ha sido la vida para esas personas, sus relatos y experiencias, explorando con ellas sus experiencias del problema, en una conversación colaborativa (Anderson, 2010; White, 2002).

Esta propuesta del Construccionismo Social envuelve, desde su inicio, la creación de un espacio confortable y confiable, a fin de que la familia no se convierta en un objeto del cual se habla y sobre el cual se interviene, pero en un espacio de conversación en el que se pueda hablar sobre dificultades, problemas y revelaciones, sin convertirlos en definidores de la identidad de aquel que habla.

  1. Por lo tanto, la madre y el niño que se presentan para hablar de la violencia sufrida en el abuso sexual, son colocados en la condición de agentes dentro del proceso de conversación, y a ellos se consideran colaboradores activos para generar alternativas de cambio;

Todo ello es darle asistencia a la madre y al niño/a en la producción de conocimiento, generando sus propias soluciones (Grandesso, 2002; Epston, 1997). Generalmente la madre y el/la niño/a son los protagonistas de la conversación, trayendo sus historias sobre los problemas que involucran violencia, habiendo una narrativa dominante que organiza la relación entre los dos.

  1. Esas narrativas dominantes dirigen la atención de la madre y, consecuentemente, del/de la niño/a, para determinadas situaciones y para la pérdida de informaciones que no encajan con las historias dominantes;

Por otro lado, las informaciones que confirman y que comprueban las suposiciones fijas de las madres, presentan una lógica constitutiva de su dilema de modo invariante y sin perspectiva de cambio. Por tanto, las narrativas saturadas de problemas ejercen influencia selectiva sobre las percepciones, disminuyendo las posibilidades de futuro (Grandesso, 2002; White & Epston, 1990).

  • La desconstrucción de la historia dominante va a ocurrir a través del rescate de la eventualidad de los contextos y de la apertura de las historias para episodios vividos, pero no historiados todavía;
  • El Construccionismo Social valoriza la palabra que da significado a los eventos vividos, la producción de sentido, a través de la conversación que promueve la reflexión y la crítica (White 1994, 2002; White & Epston, 1993);

En el abuso sexual hay violencia, pero no siempre hay el reconocimiento de esa violencia, pues es necesaria la atribución de significados a la violencia y a su sentido en la percepción del abuso sexual. Por ende, ese abordaje ayuda en la concientización del abuso sexual y en la reconstrucción del sentido de cómo observar un panorama diferente y de cómo volver a la vida después de sufrir esa violencia.

Se trata de conversaciones que incitan la reconstrucción de una nueva narrativa, que invitan a la toma de una postura más reflexiva y crítica con respecto a la violencia, favoreciendo la creación de un contexto lingüístico, y permitiendo a su vez que todos hablen de sus experiencias.

Esa postura reflexiva modifica la relación entre los involucrados en la conversación, principalmente entre la madre y la víctima. La conversación potencializa la madre y le da autorización para hablar, además de poner en relieve las historias que marcan sus mismas vivencias de violencia, generalmente de abuso sexual en su niñez.

Además, le da la oportunidad de relatar lo que nunca antes había sido relatado acerca de esos eventos abusivos. La madre halla en este contexto colaborativo un espacio en el cual puede de-construir sus antiguas historias, aún actuales, expresadas en la vivencia de la hija o del hijo (Costa et.

al. , 2009; Penso & Costa, 2008; Grandesso, 2000). Es en este momento en que la perspectiva de comprensión ocurre, la relación entre ellos se transforma, modificando la narrativa. La mujer, o madre allí presente, se vuelve un asociado calificado de la conversación, una efectiva “acción conjunta”, un entendimiento caracterizado como una especie de conocimiento que nace desde dentro (Shotter, 1993b), denominado por este autor como un conocimiento de tercer tipo.

La madre, al darse cuenta de sus experiencias, se torna una colaboradora activa en el proceso de reconstrucción de nuevas narrativas. La narrativa emergente que surge de ese espacio colaborativo, a diferencia de la narrativa dominante saturada de problemas, se organiza como propuesta para lo nuevo, resignificando las personas como autoras de su existencia e invitándolas al rescate de sus recursos de enfrentamiento de la vida.

La narrativa emergente crea una historia alternativa, que desarrolla un sentido de protagonismo. Esa reconstrucción, considerada un juego conversacional, está dirigida a delinear los efectos de esa violencia en la vida, en las relaciones, en la visión de sí mismo y en sus expectativas de futuro.

  1. Ese espacio de conversación posibilita un lenguaje compartido y pleno de metáforas, signos y sentidos que favorecen la reconstrucción lingüística por considerar cuestiones de género, extracto social, cultura y etnias (Carrijo & Rasera, 2010; Gergen, 1985; Grandesso, 2008);

El Construccionismo Social está interesado en desentrañar cómo las personas determinan las maneras preferibles de vivir, de interactuar consigo mismas y con los demás. Si lo que viven, y la manera en que viven, no es bueno para los individuos, es posible explorar otras maneras de vivir y de pensar, trayendo a tono un reservatorio de historias acerca de cómo podrían vivir mejor, liberarse de los relatos negativos y dominantes que tienen sobre sí mismos, poniendo en práctica lo que los significados alternativos posibilitan (White, 2002).

Los eventos humanos solo se vuelven inteligibles tras haber sido historiados. Por medio de las conversaciones se forma y se reforma la experiencia de vida y los eventos relacionados con los sufrimientos.

Se crean y se recrean los significados y las comprensiones, las construcciones y las reconstrucciones de las realidades y del self. Se interpretan y se reinterpretan activamente las experiencias a lo largo de la vida, y esto ocurre debido a que se accede a algunos marcos de inteligibilidad que sitúan en un contexto a la experiencia, posibilitando la atribución de nuevos significados (Hoffman, 1993; White, 2002).

Consideraciones generales Actualmente la violencia sexual es vista como un fenómeno social de orden colectivo, como una construcción social, organizada a partir de valores culturales y sociales, referidos a pensamientos de jerarquía, poder, género y extracto social, e influida por significados que incluyen los aspectos de los fenómenos intrapsíquicos.

Las dificultades, los problemas, y las situaciones traumáticas vividas evolucionan con los sistemas culturales y con los de significado personal. Se hallan incrustadas en los comportamientos y en las acciones, los cuales influyen en la manera de como uno es, como actúa en el mundo, y como cada uno se ve a sí mismo y a los otros.

Por ello, al relatar una historia, son los significados los que le confieren sentido a las experiencias y seleccionan los aspectos a los cuales se les dará más importancia, originando contextos de interacción que sostienen, o no, lo que se privilegia (Costa et al.

, 2009; Gergen, 1999; Grandesso, 2008). Las experiencias de abuso sexual vividas por los/as niños/as y adolescentes en sus familias siempre son privadas, pero los significados son compartidos, por lo que se tornan públicos. El compartir el secreto con la familia tiene como reto convertir las relaciones entre sus miembros en relaciones más claras y transparentes, además de posibilitar el descubrimiento de aspectos confusos y contradictorios presentes y expresados en las emociones.

Al reinterpretar las narrativas de esas vivencias, la familia busca nuevos significados, rescatando su rol de protección. El Construccionismo Social posibilita no una verdad absoluta, pero motiva a crear diálogos en la interacción con los demás.

De esta forma, pensar en nuevos puntos de vista, en una nueva manera de hablar de las mismas cosas, en un medio heurístico para resolver las dificultades. Esta perspectiva construccionista se puede identificar en las situaciones de abuso discutidas en este texto.

  1. Las interpretaciones y reinterpretaciones que las personas hacen del abuso vivido van a depender de sus historias de vida, pues en las culturas se tienen diferentes sentidos para esas cuestiones, tales como la dificultad para distinguir abuso de la protección, el abandono del cuidado, la explotación de amor;

Se sabe entonces que las personas que han sufrido abuso son o están sumamente vulnerables. Es preciso señalar que la perspectiva construccionista social proporciona un contexto adecuado para ayudar a las personas a hacer este discernimiento, contribuyendo a que se embarquen en conversaciones que establezcan distinciones entre estas clases de expresión e interpretación, para identificar buenos y eficaces eventos en su vida, encontrándose en territorios que sean de cuidado consigo mismo y con su capacidad resiliente.

  1. Al narrar sobre los pasos que han experimentado en el trascurso de su historia de abuso sexual, empiezan a cuestionar los modos de vida que se les han sido enseñados y cómo podrían hacerlo de otra manera, encontrando fuerzas que podrán utilizar para reorganizar su vida;

Para los construccionistas, las personas que han sufrido abuso sexual como una experiencia violenta, intrusiva y angustiante, informarse nuevamente sobre los hechos produce nuevas vivencias opresivas y abusivas. Sin embargo, narrar las historias implica en la mayoría de los casos el desarrollo de una nueva autopercepción, basada en ideas de competencia, elaborando y fortaleciendo sentimientos y experiencias y una nueva corajosamente versión de sí mismo.

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¿Por qué la historia es una construcción social?

EDITORIALES La construcción social de la Historia de la Enfermería JOSÉ SILES GONZÁLEZ Departamento de Enfermería. Universidad de Alicante, España Uno de los retos más sostenidos a lo largo del tiempo, una cuestión anquilosada y crónica que pende como la espada de Damocles sobre la entrecortada trayectoria del colectivo enfermero, radica en la dificultad para definir su imagen social e histórica, con todas las consecuencias que acarrea este déficit en su devenir profesional y científico. Por todo ello, el punto de partida de este ejercicio de reflexión se orienta en torno a la consecución de los siguientes objetivos: -Reflexionar sobre la relación entre el déficit de identidad de la enfermería y la capacidad para crear (construir) y gestionar la memoria colectiva de la misma.

-Analizar las vinculaciones entre la construcción social de la historia, la ideología, el poder y el sistema político. -Describir las principales causas que, tradicionalmente, han obstaculizado la socialización de la enfermería como grupo profesional y la creación de su memoria colectiva.

Construcción social de la historia y cultura. Tradicionalmente se han distinguido dos formas de concebir la construcción social de la historia: la historia como resultado de la interpretación del hombre inserto en su cultura (ha existido siempre la construcción social de la historia); y la historia como consecuencia de las aportaciones de todos los individuos, grupos, elementos y factores que participan en la dinámica social de una cultura sin ningún tipo de exclusión.

Ambas interpretaciones coinciden en señalar la dimensión cultural como factor relevante en el proceso de construcción social de la historia, por lo que el estudio de las culturas puede considerarse como un paso previo y esencial para comprender este proceso de construcción social.

Existen multitud de acepciones de cultura, pero siguiendo con la perspectiva esencialista, cualquier grupo humano cuya existencia implica la de la cultura, ésta podría ser definida de forma universal como “el conjunto de los comportamientos, pensamientos y sentimientos implicados en el proceso de satisfacción de necesidades de un grupo humano” (Siles, 2000).

  • Este mecanismo de satisfacción de necesidades -fisiológicas, sociales, psicológicas- provoca por sí mismo una proyección conceptual -inserta en el mapa del lenguaje- que constituye un proceso de elaboración totalmente involucrado en el plano semiótico: “El hombre es un animal suspendido en redes de significado que él mismo ha tejido” (Geertz, 1989);

Dicho de otra forma, cualquier conducta desarrollada en un grupo humano tiene un significado que es el que dota de cohesión cultural a dicho grupo. El grupo humano compuesto por el amplio y variado colectivo enfermero tal vez carece aún de un perfil preciso desde el punto de vista cultural y los enfermeros tienen una gran dificultad para alcanzar consensos sobre problemas nucleares (históricos), precisamente porque no son capaces de interpretar con los mismos significados cuestiones crónicas que siguen pendientes de solución desde tiempos inmemoriales.

Las perspectivas históricas y el tratamiento del tiempo. La historia se ha revelado como una ciencia que va más allá de la mera erudición, dado que aquellos colectivos que han desarrollado su propia historia, constituyen grupos socioprofesionales y científicos muy vertebrados.

Existen tres grandes formas de interpretar el paso del tiempo -la historia- : -La historia tradicional, que se ocupaba de los grandes acontecimientos (sucesiones drásticas, grandes eventos bélicos, etc), que eran narrados de forma lineal por un cronista.

Desde esta perspectiva histórica el tiempo era tratado de forma puntual o aguda dado que no se analizaban más que los hechos en sí mismos en el preciso momento que sucedían (de forma aislada). Un ejemplo de visión tradicional de la historia de la enfermería podría ser el papel de Florencia Nightingale en la Guerra de Crimea, dado que se trata de un acontecimiento sobredimensionado por la “heroicidad” de la protagonista histórica.

-La perspectiva coyuntural de la historia, que surge en el primer tercio del siglo XX con la escuela francesa de los Anales (Siles, 1999) constituye una visión más duradera del tiempo de análisis de los eventos, permitiendo un análisis más global del fenómeno estudiado (factores económicos, políticos, sociales, etc), aunque dicho fenómeno esté sujeto a cambios cíclicos.

Un claro ejemplo de visión estructural de la historia de la enfermería española podría ser el caso de la enfermería durante la fase de la II República. -El enfoque histórico más dilatado, en cuanto al tratamiento del tiempo, lo representa la historia denominada estructural por adoptar una perspectiva en la que las estructuras estudiadas resisten el paso del tiempo (Vilar, 1980) permitiendo el análisis de su evolución a la luz de las influencias, que los distintos factores (ideológicos, políticos, económicos, etc), le imprimen.

La enfermería religiosa o la doméstica, con sus respectivas trayectorias ejemplifican dos claros casos de visión estructural de la historia de la enfermería. Interpretaciones del concepto de historia y la dialéctica historia-existencia y desarrollo social.

  • Si de lo que se trata es de clarificar el proceso de construcción social de la historia de la enfermería, en primer lugar, se debería aportar una descripción entendible y esencial del concepto de historia;

Existen casi tantas definiciones de historia como historiadores, pero se ha optado por dos cuyo carácter conjuga la esencialidad con la universalidad: “La cualidad temporal que tiene todo lo que existe y su correspondiente manifestación empírica (Aróstegui, 1995).

“La única ciencia simultáneamente dinámica y global de las sociedades” (Vilar, 1980). La historia ha sido entendida como sinónimo de existencia social, no puede existir nada si no tiene historia. Para Hegel, la historia propiamente dicha no nace sino con el Estado, cuando la vida social toma conciencia a la luz de esta magna institución (Lefort, 1978); ¿o tal vez es el Estado el que surge cuando la sociedad toma conciencia temporal de sus estructuras, es decir, conciencia histórica de su existencia? ¿Surgen primero las profesiones y luego su historia, o al revés, o tal vez es un proceso paralelo e interactivo? La existencia de conciencia histórica se ha interpretado a menudo como la antesala del desarrollo social.

Para entender esta acepción de la historia no hay más que plantarse la siguiente cuestión: ¿Qué es de las sociedades sin historia? Se trata de sociedades silenciosas, sin voz, que apenas evolucionan y mantienen en un nirvana sus estructuras ideológicas, sociales, políticas y económicas, erigiéndose la tradición oral en la conservadora por antonomasia del patrimonio cultural (son ágrafas).

  1. Los grupos profesionales, el poder y la memoria colectiva: el caso de la enfermería;
  2. La memoria colectiva dota de identidad a un grupo social o profesional, dado que, sin partir de un nivel mínimo de poder del grupo en la sociedad, no existe memoria colectiva (déficit socializador);

De forma que mediante el poder del grupo se gestiona y controla la creación de la propia memoria (Estado, profesión, equipo de fútbol) (Pérez Garzón, 1999). Esta dinámica entre los grupos profesionales, el poder y la memoria colectiva se desarrolla, por un lado, por la acción de la disciplina histórica que asume como tarea actuar como depositaria de la memoria colectiva de la sociedad, grupo o institución, y, por otro, por el compromiso que contrae el historiador al asumir la tarea de crear y gestionar la memoria del grupo/comunidad objeto de estudio.

  • La situación de la enfermería en relación a su poder y a su capacidad para proyectar sobre sí misma y la sociedad su propia memoria colectiva, se encuentra en un momento de crisis constructiva;
  • Crisis por la dificultad para que el producto de la construcción histórica enfermera actual -la memoria emergente- pueda reabsorber y reubicar las memorias colectivas anteriores ancladas en la dimensión biológica, de género y limitadas al ámbito doméstico en el que el principal cuidado estribaba en la alimentación vinculada a los atributos biológicos que mantenían unidos a la madre y al niño (Siles, 1999);

En consecuencia, y paradójicamente, el reto fundamental para dar paso libre al producto del actual proceso de construcción de la historia de la enfermería radica en realizar un esfuerzo de desconstrucción de los clichés que obturan (Derrida, 1998) la transición desde la enfermería desprovista de historia a un grupo profesional y disciplinar que se ha aplicado por fin a la creación y gestión de su memoria histórica; esto es facilitar la mudanza desde las coordenadas domésticas y de género propios del ámbito doméstico a los cotos cuyas lindes enmarcan a la enfermería en los límites de la ciencia y la profesionalidad.

Historia versus legitimación de la sociedad y sus estructuras. La historia es la disciplina que se encarga de estudiar el funcionamiento desarrollado por las estructuras sociales a través del tiempo en las diferentes culturas.

Una estructura alcanza el grado de institución cuando la historia demuestra que su funcionalidad sigue vigente en diferentes etapas históricas; es este el caso de la familia, que es tanto una estructura social, como una institución primaria y que, desde el Neolítico, sigue cumpliendo sus objetivos socializadores, a la par que se mantiene como una célula de convivencia tan fundamental como transcultural.

La familia ha sido legitimada por el paso del tiempo y la constatación de su supervivencia a través del mismo. Uno de los grandes escollos para la identificación profesional de la enfermería radica en que gran parte de su pasado, su historia y sus funciones se encuentran entreverados en esa estructura social doméstica.

La legitimación, pues, constituye un proceso mediante el que se explican y justifican las experiencias históricas, confiriendo validez a las estructuras que cumplen determinadas funciones necesarias para el normal desenvolvimiento de la sociedad. Ya entrados en el siglo XXI, la estructura familiar y el rol de cuidadora doméstica de la mujer siguen ralentizando la justificación profesional y científica de la enfermería en el terreno más resistente a los cambios: el de las mentalidades.

La legitimación, asimismo, fundamenta el orden social, científico y profesional, estableciendo una jerarquía que acaba siendo amparada por la normativa vigente y controlada por los poderes instalados en todas y cada una de estas parcelas.

Familia, escuela, servicios sanitarios, sociales, policía, alimentación, etc, constituyen estructuras ubicadas en una escala jerárquica que es regulada según los intereses de las élites que han sido capaces -mediante su legitimación histórica- de obtener mayores concentraciones de legitimación.

La construcción social de la historia versus capacidad de explicar los fenómenos mediante la fábula: el origen de los mitos. La frontera entre lo natural y lo sobrenatural fue traspasada por el hombre primitivo merced su capacidad imaginativa.

Mediante su creatividad el hombre proyectó en el más allá un mundo habitado por personajes inmortales que, a pesar de su carácter divino, obedecían una mecánica emocional y conductual muy parecida a la de los pobres mortales. Dioses que comen, beben, odian, hacen el amor, son fieles y adúlteros, se aman y se aniquilan -aunque sea de forma transitoria- entre sí; nada menos alejado de la mentalidad humana.

Este enorme parecido entre divinidades y mortales podría deberse al hecho de que los dioses, en particular, y el mundo inmortal en general, son el resultado de la proyección de la vida del hombre en el más allá, efecto deseado de la necesidad del hombre de explicar lo inexplicable: grandes misterios como la muerte, desastres naturales, plagas, enfermedades, etc (Siles, 1999).

Los primeros historiadores griegos se valían de la fábula para saltar una y otra vez de la dimensión sobrenatural a la natural, ejercicio narrativo que les permitió conservar los mitos. Herodoto salvó los mitos de la desmemoria, adaptándolos desde la tradición oral a la historia escrita, mientras que Hesiodo, en su “Teogonía” rescató los mitos del olvido y los introdujo en la memoria colectiva de los griegos.

  1. Asimismo, Hesiodo describe en “Los trabajos y los días”, la vida cotidiana de los griegos, pero permite la influencia de los dioses dentro de esa esfera caracterizada por la rutina habitual del quehacer diario;

En consecuencia, la construcción social de la historia, ha estado muy vinculada a la capacidad creativa del hombre para explicar y ordenar los fenómenos mediante la fábula (particularmente los relacionados con la enfermedad y la muerte). Sin la imaginación y los mitos al hombre le hubiera costado mucho más soportar los momentos críticos por lo que ha pasado a lo largo de la historia.

  • Desde esta perspectiva constructivista y, a la par, funcional de los mitos, Kant, aludía a su función moldeadora del intelecto del individuo, la comunidad y el mundo (Kant, 1999);
  • En este mismo sentido, la función explicativa y lenitiva de los mitos se recoge en la expresión de Malinowski: “Asegurar al individuo frente al terror provocado por los desastres, la enfermedad y la muerte” (Malinowski, 1988);

La Antropología de la muerte y la creatividad del hombre en Morín. En “El hombre y la muerte”, Morín (1974) desarrolla una antropología de la muerte en donde pone de manifiesto que la muerte es, o puede llegar a ser, un producto más de la capacidad de construcción social del hombre (Berger y Luckman, 1986), no en cuanto al hecho esencial en sí mismo, sino en todo lo concerniente a su interpretación, significado y asunción de tratamientos y ritos.

  • Asimismo, la relación entre religión y capacidad adaptativa del hombre ante los hechos “ingobernables” de la naturaleza, entre los que ocupa un lugar nuclear la muerte, fenómeno que incluso llevaba a los padres a retener desesperadamente algún recuerdo de sus hijos mediante el, a la sazón, reciente invento de la foto contribuye a la constatación de la evidente relación entre la interpretación sobrenatural de los fenómenos, la capacidad de construcción social del hombre y la incidencia creciente de la tecnología en dicho proceso (González Faus, 1998);

Morín distingue en su obra una triple constante ante el principal misterio del hombre: conciencia de ruptura que conlleva la muerte; el daño o traumatismo que esta conciencia/saber inflige; y, por último, la aspiración a la inmortalidad. El hombre utiliza la creatividad como instrumento para superar las contradicciones y frustraciones que provoca la muerte finiquitando su individualidad, y para ello se pone a la tarea de elaborar concepciones de la muerte en un contexto bipolar: 1) Cosmomorfismo: inspirado en el recurrente renacimiento de la vida en la naturaleza (muerte-resurrección o muerte-descanso eterno).

2) Antropomorfismo: mantiene la individualidad mediante la vía de la inmortalidad: individuo amortal mediante la creatividad (alma, superhéroe), o la ciencia (genoma) En consecuencia, se trata de estudiar la muerte como el fenómeno que más ha preocupado al hombre, resultando, a veces, incluso de difícil e inasimilable explicación.

La muerte, desde la prehistoria, supuso el fenómeno al que más imaginación y creatividad tuvieron que aplicar los seres pensantes de la tribu para congraciar la rutina diaria de su presente con la incertidumbre del futuro. Características de la “perversión lógica” de los mitos y la historia tradicional.

  1. Todos los pueblos se han legitimado a sí mismos como históricos mediante el recurso al mito;
  2. La pureza de sangre se trasladaba a un carácter tipo o personalidad base (García Castaño y Pulido, 1999) y, a su vez, mediante la capacidad de proyección creativa, generalmente narrativa, se enaltecían las “esencias colectivas” del grupo humano construyendo grandes relatos épicos (El Cid Campeador, La Canción de Roldán, Los Nibelungos, etc), verdaderos depositarios de las raíces culturales y la idiosincrasia de los grupos humanos;

Estos materiales -plasmados en la narrativa épica- se han entretejido como los mimbres de la historia de los pueblos y se han instrumentalizado para introducir en la actividad hermenéutica de los fenómenos (interpretación de la realidad), elementos ideológicos que responden a la necesidad de justificar la existencia y legitimación de grupos sociales, nacionalidades, estados, y, por supuesto, colectivos profesionales y científicos, dado que la ciencia jamás ha tenido la posibilidad -ni siquiera remota- de evolucionar al margen de la ideología y los valores del sistema social en el que se halla integrada (Jiménez y Otero, 1990).

Los colectivos profesionales, que han evolucionado hacia las posiciones más privilegiadas de la sociedad, se consideran a sí mismos como útiles y hacen valer la pertinencia de su participación en el proceso general de satisfacción de necesidades para proyectar su imagen en la sociedad utilizando para ello todos los medios de comunicación de masas de forma que la importancia de su rol socio-profesional quede patente.

Son colectivos profesionales que influyen en la interpretación de los sucesos, de forma que hacen que resulte imprescindible su implicación para el análisis y solución de los mismos. Constituyen colectivos profesionales que influyen de forma determinante en la construcción social de su imagen y, en esa misma línea, están programados para aportar datos sobre eventos según las interpretaciones que de los mismos facilitan: -Religión imperante (protestantes-católicos/ islámicos-cristianos).

  1. -Vencedores;
  2. -Monarcas, emperadores, jerarcas, políticos relevantes;
  3. -Ricos, poderosos, desarrollados;
  4. -Hombres (división sexual de la actividad hermenéutica como preámbulo del control de las tareas);
  5. -Grupos profesionales prestigiosos;

Características de las sociedades donde se escribe la historia tradicional. En las sociedades inmersas en los valores culturales determinados por la religión (en el plano sobrenatural), y la monarquía absoluta, la dictadura o el autoritarismo (en el plano natural), la consecuencia inmediata es la potenciación de posturas intolerantes y el desarrollo de barreras sociales cuya impermeabilidad impide la interacción entre grupos diversos.

El papel social, profesional y científico de la enfermería en estas sociedades está limitado a las dimensiones técnicas y procedimentales. Estas sociedades se caracterizan por el elevado nivel de exclusión en el orden moral, religioso, económico, político y social.

La consecuencia inmediata de este apartamiento radica en la marginación en el proceso de interpretación de la realidad a través del tiempo de todos aquellos individuos y grupos no integrados en los esquemas culturales dominantes. Dicho de otro modo este tipo de sociedades practican el discurso histórico monolítico, unilateral y excluyente del vencedor.

  • De la construcción bi-unilateral de la historia o multiculturalismo (desconocimiento mutuo) al transculturalismo;
  • La construcción bi-unilateral de la historia es un proceso propio de las sociedades compuestas por diferentes grupos culturales que no son capaces de proyectar una historia común porque tampoco tienen clara la voluntad de desarrollar estrategias para convivir compartiendo las tareas cotidianas;

En las sociedades democráticas en las que se promueven valores basados en el transculturalismo, se potencian valores como el diálogo, el conocimiento mutuo, el respeto y la tolerancia. La práctica de estos valores favorece la interpretación “polifónica” de la realidad constituyendo el proceso de construcción histórica de la realidad una actividad compartida de la que se co-responsabilizan todos y cada uno de los grupos sociales que integran la sociedad en cuestión.

  • En estas sociedades todos los colectivos tienen derecho a poseer “voz histórica” y: a interpretar la realidad por sí mismos, a co-crear y co-gestionar su propia memoria histórica, a reflexionar de forma autocrítica sobre sus construcciones históricas;

Esto da lugar a una hermenéutica de tipo transcultural que potencia la capacidad de proyección simbólica de forma plural y creativa. En el marco de una sociedad democrática culturalmente compleja, la historia debe construirse con la aportación de las de todos los colectivos integrantes de la comunidad.

  1. Este proceso plural contribuye a facilitar la reflexión en común sobre los problemas económicos, sociales, políticos;
  2. de salud, etc;
  3. Dado que la dinámica social actual revela que la estabilidad fundamentada en el aislamiento social constituye una utopía, se debe considerar la construcción unilateral de la historia como algo cuyo significado está muy cerca de la aberración;

En definitiva y, después de todo lo expuesto, no sería del todo aventurado formular conclusiones como las que se relacionan a continuación:  -Las raíces biológicas que inciden en la división sexual del trabajo han mantenido a las cuidadoras dentro del límite del ámbito doméstico, obstaculizando su proceso de profesionalización.

  1. -La construcción de nuevos significados para la actividad de cuidar ha chocado con sólidos impedimentos ideológicos y de género, dificultando la creación de una memoria colectiva liberada de estereotipos aberrantes;

-Para que el proceso de construcción social de la historia de la enfermería sea efectivo, es preciso realizar una profunda reflexión crítica acompañada de una fase previa de desconstrucción de los clichés anquilosantes que mantienen la enfermería en esquemas mentales del pasado.

-La construcción social y transcultural de la historia sólo es posibles en marcos políticos democráticos en los que la ideología predominante (en todos los niveles: profesional, social), está en consonancia con el sistema político, y esto es particularmente válido para la historia de la enfermería, dado que no se puede entender su proceso de profesionalización sin considerar su gran vinculación al mundo de la mujer y al papel de ésta en el sistema educativo, social y laboral.

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