Por Que La Adolescencia Es Una Construcción Social?

27.10.2022 0 Comments

Por Que La Adolescencia Es Una Construcción Social
La adolescencia implica fundamentalmente la incorporación de nuevos roles, además de la importancia de los iguales y del amigo o amiga íntima; también suele ser el inicio de parejas y de relaciones sexuales y afectivas.

¿Qué significa que la adolescencia es una construcción social e histórica?

Introducción A través de la historia, las sociedades han ido construyendo nociones y conceptos que definen a la gente y la ubican en determinados lugares sociales. Dichos lugares implican un acceso diferenciado entre las personas a la toma de decisiones, a la autonomía y la posibilidad de desarrollo.

Desde la segunda mitad del siglo veinte se desarrollaron corrientes de pensamiento que cuestionaron la supuesta «base natural» de estas nociones y conceptos (definida por su proceso psicobiológico, independientemente de los condicionamientos históricos, económicos y culturales que la producen), entre los que se incluyen el género, la etnia, la preferencia sexo-afectiva y la juventud, entre otras.

Estas perspectivas aportan a lo que se conoce como «construcción social de la realidad», noción que posibilita ver al sujeto como activo y capaz de transformar, deconstruir y construir las explicaciones que existen sobre él o ella y sobre su mundo. De esta manera, desde estas perspectivas se afirma que la juventud ha sido «entendida» y «explicada» desde diferentes posturas que implican determinados discursos y prácticas, que son producidos y reproducidos por diversas instituciones como el Estado, la Iglesia, la familia, los medios de comunicación, la academia, entre otros.

  • Para ubicar de manera clara en qué consiste la construcción social de la juventud y reflexionar sobre las implicaciones que ésta tiene para la vida de las personas consideradas «jóvenes», en este artículo nos enfocaremos en cómo se ha hecho esta construcción desde uno de los espacios sociales más reconocidos en tanto a la legitimidad del discurso que produce: la academia;

En particular en los últimos dos siglos, la academia ha sido el lugar en donde se ha desarrollado el conocimiento «científico», reconocido como el conocimiento válido y supuestamente neutral, el cual ha servido generalmente como base para legitimar prácticas y mecanismos de control hacia la gente joven.

Tal y como lo señala Gloria Bonder «la investigación contemporánea sobre juventud al igual que otros temas sociales conforma un campo de lucha simbólica y política en el que las distintas perspectivas pugnan por posicionarse como referentes válidos en la construcción de discursos legítimos».

Bonder afirma que es importante reconocer que inevitablemente estas producciones científicas «expresan también los miedos, la envidia, el voyeurismo, la idealización y la nostalgia de los adultos; quienes se vinculan con este estadio de edad como algo, simultáneamente, extraño y familiar.

Sin duda, ese vínculo también juega a la hora de definir sus rasgos y sobre todo interpretarlos» (Bonder, 1999:174). Construcción de la juventud desde la academia Bonder afirma que toda la investigación desarrollada sobre la juventud, está relacionada con una trama de relaciones de poder sociales, y dispositivos de control de las y los jóvenes (Bonder, 1999).

De esta manea es importante poder ubicar cuáles han sido las principales disciplinas y corrientes teóricas que han «explicado» la juventud, para poder comprender cómo éstas, según Griffin, han jugado un papel determinante en la construcción de significaciones, valores y afirmaciones de «sentido común» del mundo académico sobre la juventud.

Asimismo, señala la autora, las investigaciones desarrolladas sobre juventud, han servido para legitimar normas y prácticas de disciplinamiento dirigidas a las y los jóvenes. Algo que hay que tomar en cuenta es el debate que existe en torno a las diferencias entre adolescencia y juventud.

En algunas teorías estos conceptos son manejados como sinónimos y en otras se hacen distinciones a partir de elementos relacionados con cambios psicofísicos o con determinados momentos significativos que comúnmente se presentan en ese momento de la vida (el inicio de la vida sexual, la elección de proyecto de vida, etc.

  1. Para efectos de este artículo se decidió hacer referencia de manera indistinta a ambos conceptos, respetando la forma en que cada autor o autora citados/as se refieren a los mismos;
  2. Asimismo es importante destacar que las teorías sobre juventud corresponden también a las visiones predominantes sobre la concepción del ser humano, y a la situación política, económica y social existente en el momento en el que la teoría en cuestión fue desarrollada;

Además es un proceso de vaivén donde posturas que nacieron hace treinta o cuarenta años después, retoman fuerza años o décadas después, pues responden al momento histórico político vigente. A continuación se presenta un breve recorrido (que no pretende ser exhaustivo) sobre algunas de las principales aproximaciones teóricas del estudio de la juventud, desde distintas disciplinas que en diferentes momentos históricos se han disputado la batuta para definir el «saber» sobre los y las jóvenes.

a) Juventud como etapa del desarrollo psicobiológico humano Primero hay que ubicar a una de las perspectivas que ha tenido mayor impacto en el imaginario social sobre la vida de las personas jóvenes: la juventud como problema, como etapa de crisis y presencia común de patologías.

Esta perspectiva ha implicado una visión de la adolescencia y la juventud como un momento de «riesgo» o «peligro» en cuanto a la constitución de una personalidad sana, no patológica. Desde esta perspectiva se han realizado numerosos estudios, principalmente sobre poblaciones jóvenes en espacios clínicos, a partir de los cuales, se desarrollaron teorías que intentan explicar la adolescencia definiendo una serie de características universales sobre esta etapa.

  • Por ejemplo, Hall afirma que la adolescencia es un proceso de transición dominado por la angustia, la confusión y los estados anímicos cambiantes;
  • Al ser vista de esta manera, como un momento de riesgo y peligro, la cuestión de la sexualidad se torna sumamente importante como espacio de control para una «sana» constitución del sujeto;

Ana Freud resalta en sus investigaciones la importancia de ejercer control sobre los impulsos sexuales en el adolescente, especial-mente la masturbación, para establecer el orden y la autodisciplina como claves para una vida adulta provechosa. Tanto Hall como Ana Freud, influida por éste, definieron a la juventud como un fenómeno universal caracterizado por una serie de cambios físicos y psicológicos, por fenómenos de rebelión y diferenciación de la familia de origen (la que representan exclusivamente como nuclear), que marcaban el pasaje de la infancia a la vida adulta «normal» signada por la conducta heterosexual, la formación de la propia familia y la integración productiva al mundo social (Bonder, 1999).

  • Aberasturi (1985) afirma a su vez que la adolescencia es un período de contradicciones, confuso, ambivalente, doloroso, que se caracteriza por fricciones con el medio familiar y social;
  • Esta corriente ha sido influenciada fuertemente por el psicoanálisis, la psicología del desarrollo (Lidz, 1973) y los estudios sociológicos de corte funcionalista;

Retoman en gran parte la visión positivista del desarrollo humano, centrándose en los cambios hormonales y fisiológicos de la persona en lo que definen como «adolescencia». Esta perspectiva es determinante en definir las características «normales» y «anormales» en el comportamiento de una «persona joven o adolescente».

En esta definición se presenta una clara diferenciación de género, que responde a los roles tradicionales, por ejemplo, al considerar que una joven sana debe tener expectativas definidas y claras tendientes hacia la maternidad (anteponiendo la maternidad a la sexualidad), la pasividad sexual, la formación de la familia, el cuidado de los otros.

Desde esta visión, es «normal» que las niñas y las jóvenes tengan dificultades en la relación con la madre, en la relación entre mujeres, por las cuestiones de competencia por los hombres. Esta perspectiva ha evolucionado, y los estudios feministas han aportado mucho a ubicar los sesgos de género en los estudios sobre la «normalidad» en la juventud y adolescencia de las mujeres.

Sin embargo, todavía esta visión influye fuertemente muchos estudios sobre salud mental en mujeres jóvenes o sobre sexualidad juvenil. Según Griffin (Griffin en Bonder, 1999) las tendencias neoconservadoras que resurgieron en los 90, están adquiriendo una creciente influencia.

Entre otros fenómenos, se ha vuelto a reforzar la dicotomía entre la naturaleza-cultura revitalizando el determinismo biológico y la idea de la juventud como una categoría unitaria que la distingue de la adultez. La autora señala que es significativo que esta reacción que se despliega en los 90 coincida con la inquietud respecto de una serie de problemáticas como el incremento del desempleo juvenil, la aparición de nuevos comportamientos reproductivos, el retardo en el proceso de constitución de parejas y de la edad para tener hijos, etc.

, que cuestionan abiertamente la tradicional construcción conceptual de la juventud como una transición al mundo del trabajo, el matrimonio y la maternidad/paternidad. b) Juventud como momento clave para la integración social Otra perspectiva sobre la juventud, la cual fue desarrollada en gran medida a mediados del siglo , es la de la juventud como una etapa en la cual la gente joven debe formarse y adquirir todos los valores y habilidades para una vida adulta productiva y bien integrada socialmente.

Al igual que en la perspectiva anterior, la juventud es ubicada como «proceso de transición». Un autor destacado en esta perspectiva es Erikson (1951), que aunque retoma elementos de la perspectiva anterior, pone énfasis en la importancia de la adolescencia como espacio de aprendizaje y como potencial de desarrollo e integración.

Este autor desarrolla la noción de moratoria como signo distintivo de esta fase de la vida y la descripción de los procesos emocionales y de aprendizaje social que convergen a la constitución de la identidad juvenil.

Adolescentes y jóvenes como construcción social.

Hacia 1990, Morch elabora una crítica a la teoría clásica de Erikson. Para este autor, la juventud como concepto moderno está directamente relacionado con la existencia de determinadas «estructuras de actividad» específicas en las que los individuos, deben ubicarse.

Estas estructuras (escuela, trabajo, tiempo libre, etc. ) están organizadas socialmente para dar respuesta a las necesidades de desarrollo de la individuación societal. En esta concepción, la juventud es concebida como un «status» que se adquiere a través de la adecuación de los individuos a determinadas actividades socialmente definidas.

Desde este punto de vista, podrían haber personas cronológicamente jóvenes pero que, no obstante, no desarrollan su juventud; o bien, adultos que desarrollan comportamientos típicamente juveniles. Según Bonder, ésta es una propuesta más bien estructuralista, los actores deben ajustarse a las estructuras de actividad, y por lo tanto, procurar resolver las contradicciones emergentes entre las posibilidades y restricciones.

Por su parte, la sociología sobre «cultura juvenil» (Parsons, 1942) y de ecología urbana sobre bandas juveniles (Park, 1920), la psicología del desarrollo (Delval, 1985), desde los estudios jurídicos (sobretodo sobre delincuencia juvenil) y antropológicos, sobre todo enfocados a los jóvenes marginados (Trasher en Feixa, 1995), con dificultades de «integración social», delincuentes, adictos, pobres, negros.

Parsons (1942) por ejemplo, caracterizaba a la cultura juvenil básicamente como «irresponsable». En los estudios realizados por Park (Park en Feixa, 1995), algo importante que se diferencia de la perspectiva anterior es que lo que se codificaba socialmente como «desviación juvenil», no era ubicado como un fenómeno patológico, sino el resultado previsible de un determinado contexto social.

Este planteamiento en particular, va a ser retomado como aporte al desarrollo posterior de una perspectiva de construcción sociocultural de la juventud. Como los temas estudiados tienen que ver con un rol activo por parte de jóvenes en los espacios públicos (de los cuales las mujeres están excluidas), estos estudios se centran en los hombres jóvenes, aunque sus conclusiones afectan a las mujeres jóvenes también aunque ellas estén excluidas en los estudios.

Han contribuido fuertemente a estigmatizar a la gente joven como delincuente, desadaptada, irresponsable, necesitada de control, y en algunos casos, de represión también. Los resultados de estas investigaciones han servido como sustento de políticas de readaptación social juvenil, de prevención de la delincuencia, de legislación, acciones represivas, sustentadas en la construcción de tipologías fuertemente discriminatorias que relacionan ciertas condiciones (como raza, clase y nivel escolar) con el potencial de desadaptación social, particularmente en hombres jóvenes.

  1. Desde esta perspectiva las mujeres jóvenes son normalmente invisibilizadas;
  2. Si se retoman en algún estudio tienen que ver con prostitución, o en estudios sobre adolescentes de clase media en Estados Unidos, como los desarrollados por Parsons con población adolescente «teenagers» de clase media, los cuales se centraron en la cultura juvenil de hombres y mujeres jóvenes en centros educativos de este país (se nombra a las mujeres jóvenes, pero no se hace un análisis específico que retome su condición de género);

Por otro lado, la perspectiva de desarrollo para las personas jóvenes presenta otro claro sesgo de género: a diferencia de los varones, para quienes la promesa de llegada a la vida adulta puede ser una realidad (si se cumple con los criterios de integración definidos para ser adulto), para las jóvenes este estadio de tránsito que significa la «condición juvenil» es un estadio permanente, donde las mujeres continuarán siendo siempre «menores de edad», «dependientes» y con necesidad de ser guiadas.

c) Juventud como dato sociodemográfico Una perspectiva que permeó sobre todo los estudios de juventud desarrollados en la segunda mitad del siglo , ubicaron a la juventud como grupo de edad (sobre el cual todavía no hay un consenso claro, en términos de su definición etárea), vista principalmente desde un punto de vista poblacional.

Los ejemplos típicos desarrollados desde esta perspectiva han sido principalmente sociodemográficos, cuya presencia se multiplicó particularmente a partir de la crisis poblacional de los años sesenta y setenta, y hasta nuestros días. Los y las jóvenes se convierten aquí en un grupo homogéneo integrado por todas las personas que coinciden en un grupo de edad definido por cortes que en algunos casos resultan arbitrarios o en otros responden a intereses de control poblacional o de inserción productiva.

  • Las personas jóvenes son ubicadas principalmente como un dato estadístico;
  • Estos estudios generalizan características o comportamientos a toda la gente joven, invisibilizando la diversidad de condiciones, necesidades y realidades;

Algunos estudios realizados desde esta perspectiva son los de empleo juvenil (Zepeda, 1993), fecundidad en adolescentes (Welti, 1989), entre otros. Los resultados de estas investigaciones han servido como base para el desarrollo de políticas públicas hacia jóvenes en diferentes partes del mundo.

Su visión va más allá de la determinación de problemas enfrentados por la «población joven», sino que los mismos criterios para la medición de las problemáticas juveniles, son utilizados para medir el éxito o avance las políticas públicas o acciones definidas.

La definición de soluciones a la problemática que parten de estos estudios no consideran normalmente la condición de género de las mujeres jóvenes, por ejemplo, las propuestas de políticas de capacitación para el empleo ignoran el hecho que las jóvenes cumplen en la mayoría de los casos roles tradicionales en la familia (asumiendo tareas reproductivas o de trabajo doméstico) o no tienen la misma disposición de tiempo o posibilidad de movilidad que los hombres jóvenes.

Al homogeneizar a la gente joven, se tiende a invisibilizar a las mujeres jóvenes. Si se hacen estudios desagregados por sexo, se invisibiliza de todas maneras la diversidad de condiciones en que viven las mujeres jóvenes.

Algo importante en estas investigaciones es que parten de la disponibilidad de los datos, los cuales en el caso de las mujeres son en muchos países todavía escasos y los que existen tienen claros sesgos de género. Por ejemplo, hay datos claros sobre mortalidad en hombres jóvenes, pero en mujeres jóvenes este dato no es tan preciso si tomamos en cuenta que las muertes por abortos mal practicados (muy comunes en mujeres jóvenes pobres) están subregistrados.

También se han hecho estudios sobre migración, que no están planteados desde una perspectiva de género, por lo que pareciera que la migración es un fenómeno básicamente masculino. Es solamente hasta años recientes que este tipo de estudios, han concluido por ejemplo que hay una presencia significativa de mujeres jóvenes en la población migrante, y que esto tiene impactos sociales y económicos diferenciados, tanto en sus comunidades, como en sus vidas.

Esta perspectiva es quizás la que hace que en algunos casos este tipo de estudios se hayan movido más allá de una visión sociodemográfica para pasar a una que trata de contextualizar los fenómenos estudiados, tomando en cuenta otras dimensiones (de contexto) más allá de los datos en sí mismos.

d) Juventud como agente de cambio Esta es una línea de investigación de la juventud influenciada fuertemente por el materialismo histórico. Los estudios realizados desde esta perspectiva tienden a tener una visión muy idealista de la juventud, ubicando a este grupo como «agentes» y como motores de la revolución, destacando y reconociendo su aporte en procesos de cambio social significativos (el Mayo francés, el movimiento estudiantil en Estados Unidos, la revolución cubana, el movimiento pacifista, etc.

Algo significativo en estos estudios es el cambio de visión sobre los jóvenes, que tiende a ser más positivo que algunas de las perspectivas anteriores. Sin embargo, pareciera que en esta perspectiva se deposita en la juventud la esperanza de cambio de la realidad social imperante.

  1. Según Bonder (1999) hacia los años sesenta «la juventud se instaló decididamente en el centro del debate sobre conformismo/rebeldía, el consumismo y la delincuencia y una vez más, los grupos juveniles fueron caracterizados como potenciales causantes de problemas, desorden y caos social» al tiempo que se elaboraban teorías que intentaran explicar/controlar/recetar soluciones a estos fenómenos;

Los años sesenta (mayo francés), fueron sin duda un fenómeno juvenil y universitario que, por primera vez, identificó a los jóvenes como protagonistas de un cambio cultural y social revolucionario; de escépticos y conformistas (Schelsky, principios sesenta), los y las jóvenes pasaron a ser en apenas unos pocos años, activistas, contestatarios y cuestionadores de la cultura dominante.

  • Las investigaciones de esta época, tienen una clara naturaleza política;
  • Para ejemplificar esto, Bonder cita a Clarke (1975) que señala que «la juventud se transforma en la metáfora de tratamiento de la crisis en la sociedad, en el indicador sobre el estado de las naciones, del ciclo de altas y bajas de la economía, los cambios de valores culturales de la sexualidad, la moral, la familia, las relaciones de clase y las estructuras ocupacionales»;

De modo que a partir de esto, se espera que la juventud proporcione «las soluciones a los problemas de la nación ya que se considera que los jóvenes portan la llave del futuro del país». En los años noventa hay otras voces más optimistas (pero según Bonder demasiado generalizadas y esquemáticas) como la de Inglehart (1990) quien postula que en las sociedades avanzadas, con cierto grado de desarrollo y resolución de los clásicos conflictos estructurales entre el capital y el trabajo, son los jóvenes los portadores de nuevos valores, a los que llama «postmaterialistas», caracterizados por la creciente preocupación por la calidad de vida, mejoras en la atención de los servicios privados y estatales, demandas por una mayor participación vecinal, cuidado del medio ambiente natural y social, es decir, desean relaciones sociales menos jerárquicas, más íntimas e informales con los demás.

  • e) Juventud como problema de desarrollo Otra perspectiva que ha estado cercanamente vinculada con el desarrollo de políticas públicas de juventud en América Latina, tiene que ver con la definición de la juventud como problema de desarrollo, debido a la alta incidencia de desempleo en este grupo, o del consumo de drogas ilícitas, el número embarazos adolescentes, entre otros (Ferraroti, 1981);

Estos estudios tienden a enfocarse en problemas más «macro» del desarrollo socioeconómico de los países (desempleo, tasas de fertilidad y crecimiento poblacional, migración e inmigración, nivel educativo, etc. ) y retoman en muchos casos el enfoque sociodemográfico, pero van más allá que los estudios meramente estadísticos.

  1. Se enfocan principalmente al desarrollo de propuestas para «integrar socialmente» a la población juvenil a la sociedad, proponiendo bases para el desarrollo de políticas públicas dirigidas a este sector;

Por ejemplo, Touraine afirma que desde una propuesta política más humana se debería considerar como inversión importante la inserción de los y las jóvenes en el desarrollo social (Touraine en Rovirosa, 1988). Sin embargo, a diferencia de la perspectiva sociodemográfica, estos estudios retoman las particularidades regionales o subregionales, e incluso nacionales que enfrentan los jóvenes.

Estos estudios tienden a ser sumamente institucionales y financiados normalmente por instancias públicas encargadas de la juventud. Un autor que ha elaborado diversos estudios, como base para el desarrollo de políticas de juventud en América Latina desde esta perspectiva, es Ernesto Rodríguez (1995a, 1995b).

Estos estudios han estado relacionados con las conferencias internacionales sobre diversos temas relacionados con el desarrollo realizadas en la década de los noventa. Por ejemplo, la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social (1995), en la que se identifica claramente a la población joven como una población en riesgo, o como un grupo vulnerable, cuya integración es «clave» para el desarrollo socioeconómico.

  1. Otro ejemplo son los estudios realizados por Durston (1998) sobre juventud rural y desarrollo;
  2. Estas investigaciones retoman algunos aportes en cuanto a la diversidad de condiciones que se cruzan en la vida de la gente joven, como por ejemplo el estado civil, el nivel educativo y la clase, cambios en la edad de matrimonio o conformación de una nueva familia, y el acceso a la satisfacción de determinadas necesidades que históricamente no habían sido ubicadas como necesidades de esta población, por ejemplo, el acceso a vivienda cuando se trata de gente joven que no se ha casado ni está por casarse;

Estos estudios intentan tomar en cuenta y ubicar cambios en los comportamientos y contextos sociales en los que vive la gente joven en cuanto a conformación de una familia, en la iniciación de la actividad sexual, acceso a la educación primaria y secundaria, empleo, etc.

  1. f) Juventud y generaciones Esta perspectiva tiende a ubicar a la población joven a partir de sucesos históricos significativos que sirven para identificar los referentes inmediatos a la gente joven de determinada época;

En este caso, la juventud es definida como un grupo generacional, que desde esta visión puede compararse con otras generaciones de jóvenes (que obviamente ya no lo son más). El concepto de generación ha servido para construir algunos estereotipos sobre la gente joven de determinada época, por ejemplo, la «generación perdida» (Rosas, 1993) y «generación X» (década de los noventa), «generación escéptica» (finales de los noventa), «generación de la red» (principios siglo XXI).

  1. Al igual que con la perspectiva sociodemográfica, ésta tiende a homogeneizar a la gente joven, ubicando características comunes en todas las personas que están ubicadas en la generación joven del momento;

El concepto de «generación X», desarrollado por un autor estadounidense, produjo toda una serie de caracterizaciones sobre la generación de principios de los noventa, que se extendieron a las juventudes de diversos países, que obviamente, vivía en contextos y condiciones muy distintas a los jóvenes que inspiraron el libro del mismo nombre y que da cuenta de una realidad de un sector de jóvenes en Estados Unidos: «generación X» (Coupland, 1993).

Por otro lado, los estudios de los noventa, sobre lo que llaman la «generación escéptica» (como a principios de los sesenta) se centran en investigaciones sobre actitudes y prácticas políticas de los jóvenes que afirman que ellos/as adscriben al individualismo y al hedonismo como valores sociales principales, que están altamente desmovilizados, actúan de acuerdo a criterios pragmáticos y en consecuencia no se interesan por participar en la construcción social y política del país, el continuo fluir del presente es su principal preocupación.

En Estados Unidos, la perspectiva generacional tiene que ver con una visión de la juventud como sector atractivo en términos de consumo, así como la cuestión del desarrollo económico y tecnológico (sobre todo en el área de comunicación electrónica) y por otro lado, como sector que hay que conocer para diseñar políticas de manejo de personal adecuadas.

Estos estudios tienden a resaltar las diferencias y conflictos con otras generaciones (Hicks, 1999; Bagby, 1998; Schneider, 1999; Tapscott, 1998) y parecieran depositar a los supuestos conflictos y división generacional diversos problemas que tienen que ver más con problemas que determinada sociedad enfrenta más allá de la generación.

g) Juventud como construcción sociocultural Una última perspectiva tiene que ver con aproximaciones teóricas más recientes, desarrolladas sobre todo en los últimos treinta años que ubican a la juventud como una construcción sociocultural. La mayoría de estos estudios realizados desde esta perspectiva han sido desarrollados desde la antropología y la sociología, donde se retoman aportes de Park, Trasher y Mead (quien desde los años veinte rompió con la tradición de ver a la juventud como algo universal, definiéndola más bien como una categoría cultural), entre otros.

Desde estas disciplinas se han hecho algunos de los aportes más importantes a la desmitificación de los prejuicios existentes en diferentes teorías sociológicas y psicológicas, que desmedicalizaron y desmitificaron la juventud, ubicándola en su contexto histórico y cultural.

Los estudios socioculturales resaltan la diversidad de formas de expresión de lo juvenil (culturas juveniles), y subrayan la diversidad de lo juvenil (identidades juveniles). Además, se han desarrollado estudios en Europa, Estados Unidos y también en América Latina que ponen énfasis en dos dimensiones particulares de lo juvenil: por un lado, la identidad o identidades juveniles como resultado de un proceso de construcción sociocultural; por el otro, las culturas juveniles como expresiones diversas de la población que se identifica a sí misma como joven.

Los estudios realizados desde esta perspectiva han sido diversos, algunos centrados en el campo de las subculturas juveniles (como la juventud de la postguerra en Inglaterra en los años sesenta) que retoman comúnmente elementos del interaccionismo simbólico, del estructuralismo, la semiótica, la literatura contracultural y el marxismo cultural.

Entre sus principales exponentes encontramos a Cohen, quien hizo estudios sobre los grupos mods y skinheads , planteándolos como soluciones ideológicas a los problemas provocados por la crisis de la cultura parental que cumplen la función de restablecer la cohesión perdida dotando a los jóvenes de una nueva identidad social (Feixa, 1995).

Desde la psicología se han desarrollado estudios sobre la juventud que rompen con las perspectivas clásicas desarrolladas por Hall y Erikson. Uno de los teóricos destacados en esta línea es el psicólogo francés Gerard Lutte que propone distinguir las fases del desarrollo, dependiendo de la conciencia que la gente joven tiene de ellas.

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Lutte ubica a la juventud como una condición que implica una fuerte marginación y discriminación. Hay algunas investigaciones que surgieron a finales de los ochenta y principios de los noventa (Hollands, 1990; Moffat, 1986) en donde se va trascendiendo la frontera de la clase social como eje estructurador de los comportamientos juveniles y se emprende un examen más complejo que combina el análisis de las relaciones de poder entre el género, sexualidad, raza y edad.

Varios autores hispanoamericanos/as han desarrollado estudios sobre la juventud, los cuales se proponen desde una perspectiva de construcción social. Valenzuela, antropólogo mexicano especializado en la cultura de la frontera norte de México, habla de la condición juvenil como categoría y conceptualiza la juventud como construcción sociocultural históricamente definida.

Él entiende las identidades juveniles como históricamente construidas, referidas situacionalmente, es decir, ubicadas en contextos sociales específicos: de carácter cambiante y transitorio. Son productos de procesos de disputa y negociación entre las representaciones externas a los/as jóvenes y las que ellos/as mismos/as adoptan.

Las identidades juveniles incluyen las autopercepciones, e implican la construcción de umbrales simbólicos de pertenencia, donde se delimita quién pertenece al grupo juvenil y quién está excluido. Valenzuela ubica las identidades juveniles de manera relacional con otras condiciones como el género y la etnia.

Un ámbito ampliamente estudiado en los últimos diez años es el de las culturas juveniles: el español Carles Feixa (1995) es uno de los autores que más ha trabajado este tipo de estudio. Él afirma que las culturas juveniles refieren la manera en que las experiencias sociales de los jóvenes, son expresadas colectivamente mediante la construcción de estilos de vida distintivos, localizados fundamentalmente en el tiempo libre o en espacios de intersección de la vida institucional.

Se refieren además a la aparición de «micro-sociedades juveniles», con grados significativos de autonomía respecto de las «instituciones adultas», que se dotan de espacios y tiempos específicos y que se configuran históricamente, en los países occidentales, principalmente en Europa, Estados Unidos y Canadá, tras la Segunda Guerra Mundial.

Esto coincide con grandes procesos de cambio social, en el terreno económico, educativo, laboral e ideológico. Feixa ubica que la noción de culturas juveniles remite a la noción de culturas subalternas, como culturas de los sectores dominados, y se caracterizan por su precaria integración en la cultura hegemónica, más que por una voluntad de oposición explícita.

  • Él ubica esta no integración o integración parcial en las estructuras productivas y reproductivas como una característica esencial de la juventud;
  • Asimismo, coincide con Valenzuela en considerar a la condición juvenil como una condición transitoria, en contraste con otras condiciones sociales que son permanentes, como la étnica o de género;

Feixa estudia la articulación social de las culturas juveniles, desde tres escenarios: el de la cultura hegemónica, la cultura parental y las culturas generacionales. Al hablar del carácter transitorio de la juventud, Feixa destaca el hecho que esta característica ha servido como base para la descalificación y desprecio a los discursos culturales de los y las jóvenes.

  • De esta manera, la juventud es vista como «una enfermedad que se cura con el tiempo», lo cual ha implicado condiciones desiguales de poder y recursos a las cuales han tenido que sobreponerse determinados grupos juveniles para poder sostener su autoafirmación;

Feixa es uno de los autores que más han impactado los estudios realizados sobre la juventud en varios países latinoamericanos. A pesar de que ha traído una perspectiva crítica y novedosa para mirar a la población joven y sus diversas expresiones en la región, Feixa plantea una mirada que está muy permeada por sus referentes y realidad europea, los cuales no necesariamente encuentran un paralelo en la realidad latinoamericana y caribeña.

  1. No obstante, en uno de sus últimos trabajos (Feixa, 2002) está haciendo un esfuerzo por rescatar elementos particulares de la realidad de la región (como por ejemplo, la dimensión étnico-racial), que han participado históricamente en la construcción de identidades y culturas juveniles;

Por otro lado, el sociólogo chileno Klaudio Duarte ha realizado un extenso trabajo con jóvenes urbanos de sectores populares de su país. Él se centra en el análisis de los discursos dominantes sobre la juventud que se han desarrollado históricamente desde diversas instituciones sociales.

  • En su estudio realiza una tipificación de dichos discursos ubicando las implicaciones que cada uno de éstos tiene para la vida de la gente joven;
  • Asimismo, Duarte hace una revisión crítica del concepto juventud, el cual desde su perspectiva no logra contener el complejo entramado social del cual desea dar cuenta;

Con respecto a las mujeres jóvenes en este tipo de estudios es todavía incipiente el desarrollo de investigaciones que den cuenta de su condición: todavía se presenta una fuerte invisibilización o visión muy superficial o con sesgos de género sobre su realidad.

Incluso algunos de los autores mencionados (Feixa, Valenzuela y Duarte) han planteado que las culturas juveniles han sido vistas como fenómenos exclusivamente masculinos; según Feixa, la juventud ha sido definida en muchas sociedades como un proceso de emancipación de la familia de origen y de articulación de una identidad propia expresada en el ámbito público o laboral (fenómenos legitimados para las hombres, pero no así para las mujeres).

Estos autores reconocen que en la aproximación a la realidad de las mujeres jóvenes, en cuanto a la construcción de su identidad y su participación en las culturas juveniles, hace falta mucho por hacer. En los años ochenta, se realizaron algunos estudios de este tipo por investigadoras como Garber y McRobbie (Garber y MacRobbie en Feixa, 1995) que trabajaron justamente una explicación sobre la participación de las mujeres jóvenes en las culturas juveniles.

En éstos, ellas afirman que las mujeres jóvenes ciertamente tienen un lugar marginal en las subculturas juveniles, pero resaltan el hecho que las investigaciones realizadas hasta la fecha estudiaron las culturas juveniles que habían sido definidas desde un marco androcéntrico, que dejaba de lado aquel conjunto de actividades, relaciones y espacios en los cuales ellas sí participan y que no son identificados o codificados necesariamente como parte de estas culturas.

En este sentido, Wulf plantea la importancia de tomar en cuenta espacios como el «dormitorio» y no sólo la calle, como uno donde se desarrolla una microcultura juvenil femenina, espacio de experimentación, de establecimiento de relaciones con ellas mismas o con amigas o grupos mixtos (Wulf en Feixa, 1995).

  • Siguiendo esta línea, Maritza Urteaga, investigadora mexicana, ha realizado investigaciones sobre mujeres jóvenes en el ámbito urbano enfocándose a espacios no tradicionales de estudios sobre juventud, tales como mujeres jóvenes y rock, mujeres jóvenes punk y afectividad juvenil y centros comerciales, entre otros (Urteaga, 1995, 1996a, 1996b);

La construcción social de las juventudes Recapitulando este recorrido sobre las diversas perspectivas teóricas de aproximación a la juventud y el análisis de algunas implicaciones que éstas tienen sobre la vida de las personas jóvenes, en especial en la de las mujeres jóvenes en los distintos espacios donde se mueven: la calle, la familia, el trabajo, la escuela, la vida política, las organizaciones, entre otros; podemos ver que hay una lógica que predomina en la mayoría de ellas.

Retomando algunos aportes de Duarte y Bonder, pero añadiendo algunos elementos que consideramos fundamentales, diremos que estas perspectivas comparten en una mayoría de los casos, las siguientes características al ser generalmente: Homogeneizantes : lo cual implica asumir que las personas jóvenes tienen características, necesidades, visiones o condiciones de vida iguales y homogéneas.

A partir de esta lógica se pueden plantear explicaciones o soluciones que son generalizables a toda la población joven, sin tomar en cuenta su diversidad. Estigmatizantes : por un lado, a partir de ciertos estereotipos y prejuicios construidos por resultados de las investigaciones realizadas, se estigmatiza a las personas consideradas como jóvenes, o grupos particulares de jóvenes.

Por otro lado, a partir de considerar determinados estigmas sobre las personas jóvenes como «naturales» o como dados, se desarrollan investigaciones que permiten la confirmación «científica» de dichos prejuicios.

Invisibilizadoras de las mujeres jóvenes : se asume (desde una perspectiva claramente androcéntrica) que las mujeres jóvenes están contenidas en el genérico «jóvenes», por lo que al hacer afirmaciones o estudios sobre «la juventud» no se toman en cuenta sus especificidades y la diversidad de condiciones en las que ellas viven.

Desvalorizantes de lo femenino : se desvalorizan en un gran número de estudios las necesidades, formas de expresión y vinculación de las jóvenes y cuando se pretende dar cuenta de su realidad, se hace a partir de aquellos aspectos que tienen ver con sus roles tradicionales de género.

De este modo, cuando se nombra a las mujeres jóvenes, en la mayoría de los casos es para reproducir las condiciones de desigualdad genérica de las que son objeto. Negadoras o no explicitadoras de la subjetividad de quien investiga : son pocas las personas que realizan investigación sobre juventud, que trabajan, reconocen y dan cuenta de manera explícita de la carga subjetiva (en términos de valoraciones, relaciones afectivas, etc.

, con esta temática y población en concreto) desde la cual realizan su trabajo. Por ejemplo, investigadores/as que son o padres o madres o tienen una relación afectiva cercana con personas jóvenes al momento de desarrollar la investigación; investigadores/as jóvenes con imaginarios propios sobre las otras personas jóvenes; o como investigadores adultos/as con un imaginario sobre lo juvenil a partir de lo que fue su propia vivencia de la juventud, etc.

Adultocentristas : el parámetro de validez de muchos de los estudios sobre juventud es legitimado desde el mundo adulto. Asimismo, muchos estudios son realizados por personas (adultas o jóvenes) que consideran que desde su lugar (como investigadores/as) saben lo que piensan, necesitan o sienten las personas jóvenes, sin tomar en cuenta la opinión de las y los jóvenes; o si lo hacen, las utilizan para ilustrar o ejemplificar conclusiones predeterminadas en sus estudios.

En síntesis, es importante destacar la necesidad de realizar una lectura histórico-crítica de las diversas perspectivas sobre la juventud, lectura que significa partir que el género, la juventud, la raza, la etnia, la preferencia sexo-afectiva, entre otras, implican condiciones sociales que no son «naturales» o inamovibles, sino que son construcciones sociales.

Significa asumir que la juventud permanentemente se está construyendo y re-construyendo, históricamente. Cada sociedad define a la «juventud» a partir de sus propios parámetros culturales, sociales, políticos y económicos, por lo que no hay una definición única.

Por tanto, las perspectivas tradicionales sobre la juventud se pueden transformar, de-construir y re-construir. Por último, en esta recapitulación se han tratado de ubicar las implicaciones que las diversas perspectivas teóricas expuestas tienen para la gente joven, en los diversos ámbitos o dimensiones en los que viven o se desarrollan: la familia, la escuela, el trabajo, el ejercicio de su sexualidad, la participación de la vida pública, entre otros.

Este tipo de análisis puede realizarse con respecto a cualquier institución social (el Estado, los medios de comunicación, la familia, la escuela, la Iglesia, etc. ), partiendo de la base que cualquier discurso producido por alguna de estas instituciones, tiene implicaciones diversas sobre la vida de las personas jóvenes.

  1. Ninguna institución social produce un discurso neutro sobre la juventud, todas llevan implícitas elementos valorativos de las distintas perspectivas analizadas;
  2. Es importante tener en cuenta que los discursos de las diferentes instituciones se cruzan, se complementan y se contradicen unos a otros y que las contradicciones o afinidades que surgen de este proceso se ven reflejadas también en la forma en que las personas jóvenes concretas construyen su propia definición y/o vivencia de lo juvenil;

Todos estos discursos institucionales compiten de diversas formas entre sí por establecer su hegemonía en la definición del «deber ser» o en la explicación de la juventud. Ciudad de México, Julio 2003 REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Aberásturi, A. y M. Knobel (1985): La adolescencia normal.

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¿Qué significa la construcción social?

Una construcción social o un constructo social es una entidad institucionalizada o un artefacto en un sistema social ‘inventado’ o ‘construido’ por participantes en una cultura o sociedad particular que existe porque la gente accede a comportarse como si existiera, o acuerdan seguir ciertas reglas convencionales, o a.

¿Cómo influye lo social en la adolescencia?

La sociedad actual ofrece al adolescente contenidos materialistas por encima de la transmisión de valores éticos, morales y humanísticos, lo que puede influir negativamente en su formación.

¿Cómo construyen los jóvenes sus relaciones sociales?

Los grupos y las relaciones sociales en la adolescencia surgen de modo natural en la relación de los chicos y chicas, como una etapa más de su proceso de socialización; sin embargo, también pueden ser causa de complejos, de frustración y de rechazo.

¿Qué es la adolescencia social?

861 palabras 4 páginas Cambios Sociales Se viven situaciones como: la renuncia a la dependencia de los padres, la búsqueda de la autonomía e independencia, el cuestionamiento de la autoridad de las personas adultas, el interés por tener amistades, la importancia de pertenecer a un grupo de amigos o amigas, entre otras.

  1. Está claro que las relaciones con las personas adultas cambian drásticamente, especialmente con los padres, lo cual puede generar situaciones de conflicto ante el cuestionamiento, desafío y necesidad de probar su autoridad;

Sin embargo, si las personas adultas enfrentan estas experiencias con tranquilidad y facilitan la adquisición de la autonomía del o la adolescente, la transformación de estas relaciones no tiene que ser algo …ver más… Sin embargo, las angustias e incertidumbres sobre su futuro van en aumento.

Al pasar del tiempo, y casi que al acercarse a la vida adulta, la mayoría de adolescentes logran más claridad con respecto a lo que desean, las posibilidades que tienen para llevar a cabo sus proyectos, y la forma en que lo harán.

— Establecimiento de contactos con nuevas personas de su entorno. — Conocimiento de nuevas amistades que les pueden llevar a otras formas de conocimiento, que pueden ser nocivos en unas ocasiones y favorable y productivo en otras. — Toma de las primeras responsabilidades en cuanto a elecciones personales.

–Cambia la visión de la amistad entre las personas — Los cambios corporales sobre todo que acontecen en la adolescencia tanto en chicos como en chicas hacen que se sientan desconcertados, ya que no entienden muy bien que está sucediendo con su cuerpo y no saben muy bien como orientar su relación con el sexo opuesto.

— Todo ello les lleva a un cambio en la relación con sus padres, estableciéndose una etapa de rebeldía que en la mayoría de los casos se resuelve satisfactoriamente. Afrontamiento de la identidad y el rol sexual, Al final de esta etapa tienen lugar las primeras relaciones sexuales.

¿Qué factores influyen en la construcción de la identidad del adolescente?

¿Qué ejemplos existen de la construcción social?

Por qué se crean los constructos sociales – Los seres humanos necesitamos dar sentido a nuestra realidad y esto es precisamente lo que postula la teoría del constructivismo social: creamos constructos sociales para dar sentido al mundo objetivo. Una de las formas más habituales de dar sentido es construyendo categorías y aplicando etiquetas.

Por ejemplo, dividimos a las personas en función de las distintas características físicas que poseen y creamos la construcción social denominada “raza”. O clasificamos a un ser vivo en función de si tiene ramas con hojas.

construyendo el concepto de “árbol”. Estos dos ejemplos, aunque muy diferentes entre sí, tienen algo en común: que ambos son construcciones artificiales basadas en ideas y creencias que pueden variar a lo largo del tiempo y el espacio (el contexto o la cultura).

  • Los constructos sociales incluyen valores y creencias que, como decimos, pueden modificarse a medida que las sociedades y los individuos interactúan; de este modo, emergen nuevos significados o cambian los ya disponibles;

El término “feminismo” no es el mismo hoy que hace varias décadas. Y lo mismo ocurre con otras construcciones sociales, como el humor o el concepto de género.

¿Qué es construcción social según autores?

La construcción social de la realidad (Berger y Luckmann, 1972)trata de demostrar que toda la realidad social no es otra cosa que una construcción de la misma sociedad.

¿Cómo se construye la realidad social?

La realidad social es permeada y modificada por los individuos constantemente: si el ser humano modifica sus hábitos, la sociedad cambiará también. El aspecto lingüístico es clave para lograr un cambio social a partir de la interacción del individuo en su vida cotidiana.

¿Cómo se ha conceptualizado la adolescencia a lo largo de la historia?

Por Que La Adolescencia Es Una Construcción Social Desde tiempos inmemorables los jóvenes han existido, sin embargo el término adolescencia es un recurso moderno. Al inicio del siglo pasado solo existían 3 etapas en la vida del hombre y la mujer. La niñez, la juventud y la edad adulta. El término adolescencia apareció en la segunda mitad del siglo pasado. Justo después del final de la Segunda Guerra Mundial. La mayoría de los jóvenes llegaron con nuevos ímpetus, la atención del mundo se volcó en ellos.

Comienza entonces la apertura por otra forma de ver la vida y la realidad de este mundo. Este grupo adquiere fuerza y protagonismo y comienza a ser considerado  como un puente entre la niñez y la edad adulta.

A partir de esta fecha los jóvenes y los adultos  fueron encontrando mas diferencias que irían alejando a estas generaciones, algunas de ellas fueron: la música, la vestimenta, las actitudes respecto a la sexualidad, política, religión etc. La  adolescencia marca el comienzo de la búsqueda por saber quienes somos y que sentido le daremos a la vida y el encontrar nuestro lugar en el mundo.

Se calcula que en el mundo hay 1,200 millones de adolescentes en el mundo cuyas edades fluctúan entre los 10 y 20 años. Tienen múltiples perfiles: casa, trabajo, escuela, deporte, salud, amigos etc. Están llenos de energía y pasión por el mundo y están ansiosos de vivir intensamente sus vidas y de ocupar el sitio que les corresponde en el mundo.

Esta búsqueda puede ser muy difícil ya que existen muchos caminos que los pueden apartar del objetivo de alcanzar sus metas. En esta etapa es muy difícil tomar las desiciones correctas y el actuar impulsivamente o simplemente por obtener una gratificación inmediata puede ser algo que ocurre con frecuencia.

Y es que el cerebro del adolescente por su inmadurez procesa la información de una manera muy diferente a los adultos. Detengámonos unos momentos a reflexionar lo complejo que es el mundo ahora y todos los estímulos y la información que tienen hoy en día nuestros adolescentes.

Ante ese cúmulo de alternativas cual es la correcta? Añádale ahora la inmadurez cerebro inherente a este grupo de edad. De allí lo frustrante que puede ser el vivir la adolescencia de alguien el el siglo 21. Nuestro papel de padres o de tutores de adolescentes es acompañarlos, de darles amor, escucharlos, enseñarles que los fracasos representan el precio que hay que pagar por alcanzar la madurez y la excelencia.

¿Cuándo surge la adolescencia en la historia?

En Europa, el nacimiento del concepto de juventud es un fenómeno claramente urbano – La concentración de gente joven en las grandes ciudades, muchas veces con tiempo libre y sin trabajo regular, generó preocupación y llevó a que se adoptaran nuevas medidas de control social.

En España, entre 1880-1918 se llevó adelante una reforma penitenciaria que implicó la creación de un sistema correccional para jóvenes y tribunales de menores. Con ello, se empezó a delimitar el encuadre legal de la juventud.

“A partir del siglo XIX en Europa se empieza a generalizar la idea de que son a dolescentes y jóvenes todos aquellos que se encuentran entre los 14 y los 30 años “, dice Souto Kustrín. Por otro lado, la creación del Estado moderno necesitaba educar ciudadanos, considerados iguales ante la ley.

  1. Después de la Revolución Francesa se extendería la educación universal en toda Europa y la educación universitaria se volvió más accesible;
  2. “En la Edad Media había universidades, pero asistían muy pocos estudiantes, que eran normalmente nobles;

Con la modernización, empiezan a ir alumnos de clases medias , con lo cual también en las universidades se crean grupos de jóvenes que empiezan a reivindicar la ampliación del acceso al voto”, explica la historiadora. Tres niños mineros en una explotación de carbón, en Estados Unidos cerca de 1890. Circa Images / Glasshouse Images El pasaje de niño a joven adulto no solo traería aparejados ciertos derechos, sino también responsabilidades. A partir de los años 70 del siglo XIX, en toda Europa se generaliza el servicio militar. “Hasta la Edad Moderna , los ejércitos estaban compuestos por mercenarios, no eran permanentes y no se organizaban en función de la edad”, explica Souto Kustrín y agrega que “Mientras que en la Edad Media te encontrabas con soldados de 30 años o más, a partir de este momento se empieza a concentrar gente de unos 20 años, lo que también contribuye a conformar a estos jóvenes como grupo social”, dice Souto Kustrín.

La academia ayudaría a clasificar a este grupo social de una forma más concreta. En 1904 el concepto de adolescencia se introdujo por primera vez de la mano del psicólogo y educador estadounidense G. Stanley Hall , quien atribuyó características biológicas y psicológicas específicas a los jóvenes de entre 14 y 24 años.

Este modelo fue reforzado por Sigmund Freud , quien entendía la adolescencia como un período no sólo problemático sino también universal, común a todas las sociedades.

¿Qué significa ser adolescente en la antigüedad?

La adolescencia en la sociedad romana fue inventada durante el siglo II A. La juventud o adolescencia hacen su aparición histórica como una fase de marginación de limitación de derechos y recursos e incapacidad de actuar como adulto.

¿Cómo surge el concepto de adolescencia?

Introducción La adolescencia es un tema actual y recurrente en nuestras sociedades que sigue provocando un intenso intercambio de opiniones entre científicos sociales, educadores, padres de familia e instituciones ciudadanas y políticas. El tratamiento moderno de la adolescencia, en su sentido categorial o técnico, se presenta hoy como una realidad de la que se ocupan diversas disciplinas científicas.

Efectivamente, la adolescencia constituye el campo de estudio de la antropología, la psicología, la biología del desarrollo, la sociología, la historia y, por supuesto, también aparece como un concepto mundano de la realidad familiar, educativa y social del presente.

Desde cada una de estas disciplinas se ofrecen definiciones de la adolescencia que configuran los enfoques conceptuales imprescindibles para la investigación y práctica social. Las estrategias y métodos de investigación son también un campo abierto al debate, donde junto a las reflexiones teóricas y la utilización de estrategias de corte cuantitativo han cobrado relevancia el uso de estrategias de tipo cualitativo y centradas en un mayor énfasis en la subjetividad de los agentes implicados en la realidad concerniente a la adolescencia (Dávila, 2004).

Existe una preocupación creciente por entender mejor el fenómeno de la adolescencia, tanto desde un punto de vista analítico o experimental como desde la perspectiva que busca desplegar determinadas acciones interdisciplinares (educativas, sociales, sanitarias, etcétera) relacionadas con políticas públicas vinculadas a la realidad adolescente.

De hecho, las ciencias humanas y sociales junto a instituciones públicas y políticas han empezado a desarrollar nuevas líneas de investigación para comprender mejor las relaciones entre adultos y adolescentes, los desafíos ante la salud, la inserción laboral o las situaciones de riesgo y exclusión, por citar solo algunos de los retos que se plantean (Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía, 2000).

  • Sin embargo, esta pluralidad de enfoques teóricos, metodologías y disciplinas, junto a la diversidad de caracteres constitutivos de la adolescencia, pueden oscurecer el propósito de entender mejor el fenómeno de la adolescencia;
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El campo de estudio sobre la adolescencia se mantiene en un estado de confusión y discusión en relación con la variedad de teorías y concepciones que se presenta bajo una pluralidad caótica, cuando no en abierta contradicción. No obstante, cada disciplina por separado puede presentar en su terreno específico formulaciones teóricas y metodológicas claras y distintas.

  • Así y a modo de ejemplo, se afirma que no existe una teoría única correcta sobre el desarrollo adolescente, instando a los estudiosos de la adolescencia a comparar y contrastar los diferentes enfoques existentes sin perjuicio de reconocer, por otra parte, que pueden existir «formulaciones teóricas que parecen contradecirse o utilizar los mismos términos para designar cosas distintas» (Kimmel y Weiner, 1998:55);

Por lo tanto, compartimos la idea expresada por Acosta (1993:32) cuando sostiene que «A la adolescencia se la intenta definir desde muy diversos saberes. Estas definiciones no resultan coherentes entre sí, ya que se apoyan en disciplinas y criterios muy disímiles».

El autor, ante esta situación, propone entonces que «puede resultar mucho más esclarecedor intentar caracterizar un poco lo que es la adolescencia que pretender definirla». Nosotros intentaremos ensayar la efectividad de un tipo de clasificación de teorías y concepciones sobre la adolescencia que sea válido para ordenar un material tan extenso y heterogéneo, e identificar conexiones entre sus partes según criterios de clasificación pertinentes.

Para ello realizamos, en primer lugar, un intento de demarcación del concepto de adolescencia de otros conceptos con los que aparece emparentado, y confundido en ocasiones. El objetivo es fundamentar nuestro uso de la noción de adolescencia y su relación con otros conceptos similares.

En segundo lugar, hacemos un breve recorrido por la multiplicidad de rasgos constitutivos de la adolescencia. A continuación presentamos los criterios mínimos que consideramos necesarios para la clasificación de las teorías de la adolescencia junto a la caracterización y ejemplos de cada posición teórica.

Para finalizar, exponemos la idea funcional de adolescencia tal y como aparece en el trabajo del profesor Gustavo Bueno (1998), y que tomamos como referencia alternativa y crítica para realizar esta reconstrucción y sistematización de las concepciones sobre la adolescencia.

  1. Pretendemos con ello ensayar una definición de adolescencia que nos permita mantener el carácter universalista de la misma, pero a la vez dando cuenta de su variabilidad histórica y cultural;
  2. Con esto intentamos evitar una definición abstracta y sustancialista de adolescencia, pero sin incurrir en ningún tipo de relativismo cultural o axiológico;

Demarcación del Concepto de Adolescencia «Adolescencia» es un término no bien delimitado respecto de otros conceptos como «pubertad» o «juventud». La distinción impúber/púber no se superpone en todas las épocas o culturas con la distinción infancia/adolescencia, aunque la distinción entre impúber e infancia sí se superpone, aproximadamente, en extensión.

En algunas sociedades, la pubertad no clausura la etapa adolescente, mientras que en otras, determinadas ceremonias ligadas a la adolescencia, sobre todo tratándose de chicas, 1 tienen comienzo antes incluso del inicio de la pubertad (Schlegel y Barry, 1991; Bueno, 1998).

Una dificultad similar se presenta respecto de la noción de «juventud». Nosotros vamos a tomar como referencia las concepciones que entienden la etapa adolescente como el periodo de transición hacia el estado adulto. En aquellas sociedades donde la salida de la adolescencia no da paso inmediato a un estado de plena adultez, se hablaría entonces de un periodo de juventud o de adulto joven, de duración más o menos variable (Schlegel y Barry, 1991; Arnett y Taber, 1994).

Nuestro trabajo pretende entonces centrarse en las diversas concepciones existentes sobre el periodo de transición, descartando aquellas propuestas que abordan cuestiones relativas a la juventud en el sentido dicho, al no constituir nuestro objeto de estudio.

Sin embargo, no desconocemos que desde un punto de vista teórico general se ha atribuido la responsabilidad analítica de la adolescencia a las disciplinas psico-biológicas; siendo otras disciplinas de las ciencias sociales —en especial la sociología, la historia, la educación y los estudios culturales— más proclives al uso de la categoría de juventud, enfatizando la construcción social, histórica, cultural y relacional de las nociones en las diferentes épocas y procesos históricos.

Por lo tanto, en nuestra exposición vamos a respetar el criterio de los diferentes autores y así incluiremos concepciones que se refieren a la «juventud», o indistintamente a «juventud» y «adolescencia», solo cuando entendamos que bajo dichas concepciones se tienen en cuenta también características que serían constitutivas de la adolescencia como etapa de transición al estado adulto.

Efectivamente como lo señala Dávila: La misma noción de infancia nos remite a este considerando, y sus dinámicas de paso desde la infancia a la denominada edad adulta o adultez. El intersticio entre ambos estadios es lo que se suele concebir como el campo de estudio y conceptualización de la adolescencia y juventud, con delimitaciones en ambas no del todo claras, que en muchos aspectos se superponen, y dependiendo de los enfoques utilizados para esos efectos (Dávila, 2004:31).

Multiplicidad de Caracteres Constitutivos de la Adolescencia y Multiplicidad de Disciplinas que Estudian la Adolescencia Entendemos que los rasgos constitutivos y las concepciones de la adolescencia tienen como referencia las sociedades antropológicas e históricas; es decir, sociedades con normas institucionalizadas, ya que en rigor no podemos hablar de adolescencia en sociedades de primates (Bueno, 1998).

Y decimos esto, sin perjuicio de que en diferentes especies de primates se encuentran numerosas e interesantes situaciones homólogas o análogas, como puedan ser los procesos fisiológicos y anatómicos de la pubertad, la maduración sexual, la evitación de relaciones sexuales entre parientes, la formación de grupos de edad —entre otros— presentes también en la adolescencia humana (Schlegel y Barry, 1991; Delval, 2002).

Por nuestra parte y siguiendo la propuesta del profesor Bueno (1996), diremos que los rasgos constitutivos de la adolescencia, muy heterogéneos y variables, en tanto que realidad antropológica, no deben ser entendidos como predicados permanentes e inmutables, sino como realidades cambiantes en el mismo curso histórico de la adolescencia.

Los rasgos constitutivos de la adolescencia se pueden distribuir en dos grandes rúbricas, que tradicionalmente suelen designarse como corpóreas (morfológicas, fisiológicas) y culturales (lingüísticas, cognitivas, rituales, educativas). Sin embargo, ante la carga metafísica a la que remiten es preferible acudir a dos símbolos abstractos, como son φ, de φυ σις, inicial de naturaleza y π, de πνευμα, como inicial de espíritu.

Así, las realidades antropológicas relativas a la adolescencia son ya sea de índole φ o de naturaleza π. Nuestra pretensión es permanecer dentro de la tradición histórico-conceptual en la que habitualmente se han tratado estas cuestiones, pero intentando evitar las connotaciones metafísicas de una distinción que, de otra parte, es ineludible.

En general, los contenidos π no se reducen a contenidos aprendidos —son contenidos π también las viviendas o los caminos— aunque en el ámbito que estamos tratando los más interesantes son aquellos de índole social o históricos, ligados a pautas comportamentales o ceremonias, en el marco de instituciones sociales.

Los contenidos φ tampoco serían reducibles a contenidos dados mediante la herencia genética. El interés de esta distinción para nuestro propósito reside, por una parte, en que el ámbito de la adolescencia como categoría antropológica, surge de la confluencia entre las determinaciones φ y las π ; y por otra parte, en que las determinaciones φ se dan al nivel de la individualidad corpórea entre todos los miembros de la especie —esto implica universalidad distributiva—, mientras que las determinaciones π adoptan una escala sociocultural que ya no se circunscriben exclusivamente a la individualidad corporal.

Si consideramos las formaciones φ disociadas de π , y de alguna forma como una realidad previa al orden cultural (en cuyo caso la oposición φ/ π nos vuelve a situar en la oposición metafísica naturaleza/cultura), nos distanciamos del campo antropológico y entramos en el reino de la fisiología, la zoología o la biología en general.

  1. Los cambios corporales ligados a la pubertad, determinaciones φ, como puedan ser la menarquia, la maduración de los órganos sexuales, la aceleración del crecimiento, la mielinización, la «poda» sináptica o la reducción de la sustancia gris y el aumento de la sustancia blanca (Rosseli, 2003; Triskier, 2006), tienen su pertinencia para la adolescencia en tanto que ligadas a determinaciones π , como puedan ser las ceremonias de pubertad, la prolongación de la educación pública, las bandas juveniles, etcétera, por medio de las cuales las determinaciones φ cobran su interés antropológico y no meramente fisiológico o biológico;

En España se conoce con el nombre de «edad del pavo» a quienes acaban de entrar en la adolescencia (en inglés la expresión equivalente sería to be at an awkward age). La expresión hace alusión al conjunto de cambios fisiológicos y de comportamiento por los que atraviesan los adolescentes: ruborizarse, cambios en la voz, comportamientos extraños y que han sido tomados como una analogía de la conducta de un pavo en época de celo.

  1. En nuestro diccionario académico «subírsele a alguien el pavo» equivale a ruborizarse;
  2. Lo que queremos decir, en todo caso, es que estas determinaciones, fisiológicas o etológicas, carecerían de toda significación antropológica si se considerasen des contextualizadas de los marcos culturales pertinentes, como puedan ser, pongamos por caso, las «ceremonias de cortejo» entre chicas y chicos o el concepto de amor romántico;

En torno a la multiplicidad de determinaciones π /φ sus relaciones se organizan las teorías y concepciones acerca de la adolescencia. Algunas teorías se mueven en torno a las determinaciones φ, y no tanto por hacer hincapié en el hecho de pubertad, sino por el tipo de escala (individual distributiva) que adoptan dichas teorías, actuando la pubertad como un reforzador de dicha perspectiva individual.

Nos referimos principalmente a las concepciones psicobiológicas de la adolescencia. Otras concepciones, en cambio, sin negar la existencia de las determinaciones φ, toman como principal referencia las determinaciones π , remarcando la variabilidad histórica y cultural.

En esta posición se encontrarían las teorías cercanas a la antropología, la historia o la sociología. Cuando se aborda la cuestión de la multiplicidad de rasgos y doctrinas sobre la adolescencia, es frecuente recurrir a esquemas de yuxtaposición armónica entre concepciones diversas y enfrentadas, sugiriendo, si acaso, la recomendación erudita de contar con varias de ellas (Alexander, Roodin, y Gorman, 1984; Muuss, 1988; Kimmel y Weiner, 1998; Derval, 2002).

También es frecuente proponer esquemas de articulación (Perinat, 2003) entre distintas concepciones teóricas hasta su identificación en un solo enfoque integrador (v. gr. psicobiológico o psicosocial). Pero esta manera de proceder, lejos de resolver o aclarar los problemas teóricos planteados, puede contribuir a agravarlos, ya que las características distintivas de cada disciplina no se disuelven por sí mismas al unirlas con las de otra disciplina.

Así, en asuntos relativos a principios explicativos y metodologías pueden aparecer disputas tanto teóricas como gremiales, ante la invasión o intentos de reducción o absorción de unas disciplinas científicas respecto de otras. Los problemas de demarcación teórica entre disciplinas se mantienen aunque se recurra con frecuencia al concepto de «interdisciplinariedad» para afrontar esta pluralidad de perspectivas.

La interdisciplinariedad es una noción que no presenta mayores dificultades cuando va referida a diferentes disciplinas institucionalizadas y cuya coordinación es requerida para la gestión eficaz de determinados proyectos, que no pueden ser abarcados por una ciencia en exclusiva (Alvargonzález, 2011).

Así ocurre de hecho cuando desde determinados ámbitos —universidad, instituciones públicas, sistema sanitario o educativo— se abordan asuntos como «adolescencia y salud reproducti va», «adolescencia, pobreza y migración» o «el uso de drogas en adolescentes», que requieren necesariamente de la coordinación interdisciplinaria de diferentes saberes, instituciones y profesionales.

  • Pero una cuestión es que un médico y un asistente social tengan que trabajar de forma coordinada en un proyecto público sobre «salud reproductiva en adolescentes» y otra muy distinta es que esa situación justifique, desde un punto de vista gnoseológico, la existencia de una presunta «ciencia biosocial de la adolescencia»;

Criterios de Clasificación y Argumentos Acerca de su Pertinencia Intentaremos ensayar un esquema de clasificación que sea válido para ordenar un material tan extenso. Nuestra exposición pretende introducir un orden lógico en la pluralidad existente de concepciones y teorías sobre la adolescencia.

  1. Para ello vamos a recurrir a las variables lógicas más elementales, como son las relativas al plano extensional y al plano intensional;
  2. Pero a su vez, los criterios de clasificación tienen que ser internos al propio campo; es decir, tienen que resultar reconocibles en los mismos planteamientos de la adolescencia realizados desde las diversas concepciones teóricas;

El enfoque intensional nos pone delante de la cuestión del significado o connotación de la adolescencia con la pretensión de alcanzar una mayor precisión y rigor en su conocimiento y definición frente a otras etapas del desarrollo. Así, se ha señalado que el hito fundacional de la adolescencia, como campo de estudio diferenciado dentro las teorías del desarrollo humano, se constituye a principios del siglo xx con el trabajo de Granville Stanley Hall (Marchesi et al.

, 1985; Muuss, 1988; Delval, 2002; Feixa, 2011). En el contexto social y académico de institucionalización de la etapa adolescente se establece un concepto de adolescencia definido como un fenómeno biopsicológico, incluso con la entidad suficiente como para justificar la creación de una subespecialidad médica (silber, 1997).

Desde las ciencias del desarrollo, y de la naciente psicología evolutiva en particular (Fernández y Gil, 1990), se comienza a configurar entonces una definición de adolescencia recortada a escala individual abstracta. El concepto de adolescencia así formado se concibe entonces como presente en todos los adolescentes de todas o la mayoría de las culturas y sociedades, actuando los fenómenos biofi siológicos propios de la pubertad como reforzador de esta perspectiva individual y su universalidad distributiva (Kiell, 1969).

Tenemos así un primer criterio de clasificación: un criterio inten-sional (1-0) en función de que las teorías y concepciones sobre la adolescencia asuman o no una definición normativa de adolescencia como un periodo del desarrollo ontogenético individual.

Este criterio, aunque a efectos expositivos se presente con un carácter excluyente (presencia-ausencia), en realidad veremos teorías y concepciones que se aproximan más a su formulación canónica —como las teorías inspiradas en Freud o Stanley Hall—, mientras que otras se alejarán de la formulación canónica, incluso de forma muy crítica, pero sin renunciar a la característica definitoria de la adolescencia como un periodo del desarrollo psicológico individual.

  1. Por lo que se refiere al enfoque extensional o denotativo, este criterio indicaría la presencia o ausencia en todas o la mayoría de culturas de una etapa adolescente diferenciada de otros estadios del ciclo vital;

El criterio extensional (A-B) toma en consideración el carácter relativo, particular (A) o universal (B) de la adolescencia. Efectivamente, diversos autores han señalado la ausencia de una etapa adolescente en algunas culturas o durante determinados períodos históricos, haciendo su aparición posteriormente en función de determinadas transformaciones sociales.

  • Algunas concepciones también han apoyado su relativismo sociohistórico en la crítica a la definición de adolescencia propuesta desde las teorías psicobiológicas del desarrollo (Levine, 2007);
  • En definitiva, estas teorías conciben la adolescencia como un constructo cultural o histórico, no natural y con significados variables (Dávila, 2004; Szulc, 2006);

Sin embargo, como hemos visto, otros autores insistirán en el hecho de que adolescencia constituye una experiencia universal a todas las épocas y sociedades. La combinación de ambos criterios, extensional e intensional, nos permite obtener cuatro grandes tipos de concepciones sobre la adolescencia en torno a los cuales creemos que basculan también los casos intermedios o liminales, a modo de diferencias de grado entre alguno de los cuatro tipos elementales.

Caracterización de cada Posición Teórica y Ejemplos Teniendo en cuenta lo dicho, realizaremos una breve exposición por las concepciones de la adolescencia que consideramos más representativas o ejemplares, en relación con la posición que ocupan en nuestro sistema de clasificación.

No vamos a insistir en los contenidos positivos de cada una de las teorías, que presuponemos conocidos en sus rasgos generales, sino en los mínimos e imprescindibles contenidos descriptivos de las mismas que justifican su inclusión en un grupo de teorías u otro según los criterios que hemos establecido.

  1. a) En primer lugar, tendríamos teorías particularistas o relativistas, respecto de la presencia de la adolescencia en las distintas culturas y sociedades, unido a la ausencia, o al menos el máximo alejamiento posible, de cualquier definición normativa o prescriptiva para explicar el fenómeno de la adolescencia como etapa diferenciada del desarrollo humano;

Esta posición la identificamos en determinados estudios etnológicos (Jociles, Franzé y Poveda, 2011) así como en determinadas concepciones teóricas sobre la niñez o adolescencia (Szulc, 2006). Efectivamente, y como reconocen los propios autores, se trata de una concepción influida por la antropología cultural de la escuela del particularismo histórico, la filosofía de la ciencia inspirada en la obra de Thomas Kuhn y la sociología del conocimiento en su crítica al positivismo.

  1. Así, se señala que los estudios tradicionales sobre la infancia y adolescencia, que denominan «la infancia heredada» (Jociles et al;
  2. , 2011:11), aludiendo de forma indisimulada a las disputas en la filosofía de la ciencia del siglo XX, por su orientación prescriptiva, cosifican y naturalizan procesos y productos sociohistóricos como son la infancia y adolescencia;

En este sentido se acusa a la psicología evolutiva como principal responsable de la homogeneización y «la exclusión del niño a través de formulaciones parciales de racionalidad» (Szulc, 2006:32). Se destaca que en la década de los 80, y desde el ámbito anglosajón, se consolida el campo de la sociología y la antropología de la infancia como un «nuevo paradigma» que ha sintetizado un marco teórico-metodológico ligado a la tradición antropológica.

  • Desde este nuevo campo de estudio se abre un debate en torno al estatus que se les otorga a los menores como sujetos con capacidad para involucrarse activamente en las dinámicas sociales, políticas y culturales de los diversos escenarios en los que están presentes;

Los puntos de vista y perspectivas de los niños y adolescentes sobre lo que acontece en su entorno inmediato constituyen la realidad social que etnográficamente se procura conocer y comprender desde una metodología emic y descripcionista. Así, queda al descubierto la gran heterogeneidad y variabilidad cultural de concepciones de la infancia y adolescencia que existen frente a la naturalización y el esencialismo que imponen las representaciones hegemónicas occidentales (Szulc, 2006).

Sin embargo, lo que queríamos destacar es que esta concepción teórica rechaza proponer algún criterio normativo más allá de las experiencias y vivencias propias de los diversos agentes —adolescentes, padres, educadores, etcétera— en un contexto social determinado: No obstante, la descripción analítica de casos en la que los niños y jóvenes son protagonistas pareciera no precisar de la dimensión explicativa, dado que lo que interesa mostrar es justamente la “particularidad cultural” que da sentido a las diversas lógicas o códigos de comunicación y entendimiento específicos (Batallán, 2011:250).

Los supuestos teóricos y metodológicos de esta concepción teórica son los del construccionismo social propio de la sociología de la ciencia postkhunniana, incurriendo, a nuestro juicio, en los dos dogmas del relativismo: la oposición metafísica Naturaleza/Cultura y el dilema Prescripción/Descripción (Casado, 2011).

  1. Se trata de la incorporación de las tesis del relativismo cultural al trabajo etnográfico con la infancia y adolescencia (Alvargonzález, 2002; Bueno, 2002);
  2. Algunos autores han llamado la atención sobre las consecuencias a las que tiene que hacer frente esta concepción teórica: Como derivación del principio relativista en la interpretación sobre lo que allí sucede, la lógica de cada cultura específica es inconmensurable con respecto a las otras;

Esto, llevado a un extremo, permitiría refutar el principio normativo universal, en este caso el de la misma Convención de los Derechos del Niño y de las legislaciones internacionales que los protegen. Creo que la comprensión relativista, que metodológicamente se inicia con la apertura y el descentramiento de la propia mirada y el análisis de los prejuicios inscritos en el lenguaje, no permite establecer la necesaria conexión epistemológica entre universalismo y particularismo que requiere la explicación histórica de los procesos sociales (Batallán, 2011:249).

b) Estas concepciones serían propias de determinados estudios antropológicos, históricos y sociológicos en las que se señala la ausencia de la etapa adolescente en algunas culturas o su inexistencia durante determinados periodos históricos, para hacer su aparición posteriormente en función de determinados cambios sociales.

El relativismo se apoya también en la crítica a la caracterización de adolescencia tal y como es propuesta por algunos autores desde las ciencias psicobiológicas. Sin embargo, y sin negar el fenómeno de la pubertad, no se rechaza una definición regulativa de adolescencia en tanto que etapa diferenciada y recortada a escala individual.

Digamos que para estas concepciones teóricas, rechazadas las versiones más dogmáticas en la definición de adolescencia, pero asumiendo la existencia de una etapa adolescente dada a nivel individual, se trataría entonces de relacionarla con la variabilidad cultural, social e histórica.

Tenemos así un amplio conjunto de concepciones y teorías, distintas entre sí, en función de que se trate de estudios antropológicos, históricos o sociológicos. Nos limitaremos a exponer algunas de las concepciones que consideramos más representativas. Comenzando por los estudios históricos, la referencia inexcusable para quienes mantienen la tesis de la adolescencia como construcción sociohistórica es el famoso estudio de Philippe Ariés (1987) sobre la infancia en la sociedad occidental durante el Antiguo Régimen.

La tesis básica de Ariés consiste en que la sociedad tradicional no podía representarse bien al niño y menos al adolescente. La infancia duraba exclusiva y necesariamente el periodo de mayor vulnerabilidad, y en cuanto se lograba cierta autonomía el infante pasaba a ser considerado como un hombre joven, esto es, un «adulto en miniatura».

Durante este periodo histórico persiste la ambigüedad entre infancia y adolescencia, por una parte, y entre la adolescencia y la juventud, por otra. No se tenía una idea clara de lo que denominamos adolescencia y esta tardará en forjarse al menos hasta el siglo XIX.

A finales del siglo XVII comienzan las transformaciones sociales respecto de la sociedad tradicional que modifican la consideración de la infancia. La escuela sustituye al aprendizaje en el seno de la comunidad, siendo así que la cohabitación del niño con un grupo amplio y diverso de adultos se vio interrumpida.

Así mismo, durante el siglo XVIII se generaliza el hogar familiar como espacio de intimidad y sentimientos afectivos, a la vez que se produce una retirada de la familia del espacio público como lugar de socialización primaria. Ariés señala que la adolescencia se empieza a entrever bajo dos personajes, uno literario, el Querubín y el otro es el recluta.

  • El Querubín resalta los rasgos afeminados que se conservan en la niñez y primera adolescencia y no tendrá sucesor en la configuración de la idea de adolescencia posterior;
  • En cambio, la fuerza viril del recluta será una de las ideas que ejemplifique la adolescencia entre los muchachos;

El Sigfrido de Wagner, mezcla de pureza, fuerza física, espontaneidad y vitalismo, constituye el primer tipo de adolescente mo derno. La juventud adolescente se convertirá así en tema literario y objeto de desvelo moral, político y más adelante científico.

  1. Según Ariés, a cada época le corresponde una edad privilegiada y una periodicidad particular de la vida humana: la juventud es la edad privilegiada del siglo XVII; la infancia, del siglo XIX, y la adolescencia, del siglo XX;

Una perspectiva similar, desde la sociología y la historia, encontramos en el ensayo de Bakan (1971) sobre la invención o descubrimiento de la adolescencia en América como respuesta a los cambios sociales que se produjeron en la segunda mitad del siglo XIX y la primera del siglo XX.

  1. El movimiento combinado de tres grandes cambios sociales fueron los responsables de la creación de la noción de adolescencia: la extensión de la educación obligatoria, la legislación laboral sobre el trabajo infantil y los procedimientos de la justicia juvenil;

La adolescencia se añadió a la infancia como una segunda infancia con el fin de realizar los fines de la nueva sociedad urbana e industrial. Thomas Hine (2000), en la misma línea sociohistórica y también refiriéndose a la adolescencia en los Estados Unidos, añade interesantes contribuciones generalizables a otros países occidentales.

Señala Hine que la adolescencia, entendida como teenager, es un invento social propio de la primera mitad del siglo XX. El origen de su concepción actual data de la época del New Deal, cuando los jóvenes son expulsados del mundo del trabajo e ingresan de forma masiva en las escuelas de secundarias.

Se destaca así la importancia de la high school para conformar lo que se entiende por adolescencia, en tanto que implica el aislamiento del mundo del trabajo, la protección paterna, la ausencia de contacto frecuente con adultos y el confinamiento durante largos años con el grupo de iguales.

  1. La novedad es que a partir esta época todos los adolescentes empiezan a conformar un grupo social homogéneo, en el sentido de que tenían que pasar por el mismo tipo de experiencias vitales, formas de vida, hábitos, gustos, modas, etcétera, independientemente de su clase social, estatus y etnia; y así eran vistos y tratados por las instituciones y los adultos;

Según Hine, la experiencia de ser adolescente se ha hecho menos diversa a lo largo del siglo XX. Con anterioridad a esta época, la juventud implicaba una gran variedad individual de experiencias y formas de vida. Los teenagers se encuentran en una fase similar a la que los antropólogos denominan «liminalidad».

Pero a diferencia de lo que ocurre con la mayoría de las sociedades con ceremonias de pubertad, institucional y normativamente pautadas, en la sociedad occidental contemporánea esto no ocurre de una forma definida.

Así, según Hine, el joven se enfrenta a una pluralidad de trayectorias vitales que están en la base de sus problemas personales, los conflictos a los que da lugar y los temores percibidos por los adultos. Pasando ahora a los estudios de antropología cultural, la referencia es la conocida obra de Margaret Mead (1990).

Mead, como es sabido, supone una reacción a los postulados básicos de G. Stanley Hall (Muuss, 1988; Delval, 2002). La adolescencia no es ni universal ni constituye un período necesario tal y como aparece caracterizado y definido por Stanley Hall.

Mead encuentra en Samoa una sociedad donde la adolescencia no suponía ningún periodo de crisis personal, familiar o social. Intenta mostrar que las crisis emocionales del adolescente no son una realidad inevitable (de carácter psicobiológico) sino que están canalizadas socialmente.

Reconocía que los jóvenes americanos de su época necesitan un periodo preparatorio para una sociedad compleja, cambiante y exigente, pero que en otro tipo de sociedad esta adolescencia conflictiva no era necesaria.

No se niega la pubertad, pero se incide en la variabilidad cultural de su reconocimiento y expresión personal. Otros autores, también desde la antropología cultural, criticarán las teorías de la adolescencia de autores como Freud, Piaget o Kohlberg basados en la evidencia de los estudios transculturales (Levine, 2007).

En una aproximación también antropológica, tenemos la concepción de la adolescencia de Feixa (2011). Feixa examina la evolución del concepto de adolescencia en diferentes culturas y a lo largo de la historia.

La adolescencia es más una construcción cultural, con evidente base biológica, que una etapa evolutiva natural, común y fija a todas las sociedades y épocas. El concepto de adolescencia, tal y como hoy lo conocemos, aparece en 1904 de la mano de Stanley Hall.

  1. Sin embargo, es la sociedad la que determina los valores para esta etapa de la evolución humana;
  2. Feixa distingue cinco grupos de culturas que establecen los valores para la adolescencia según las épocas;
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Así, en las sociedades primitivas resultaría más correcto hablar de púber. En esta etapa, el objetivo es asegurar la perpetuación de la especie y por ello la adolescencia se convierte en una preparación para la vida adulta. En los Estados antiguos el progreso cultural posibilita que parte de los esfuerzos de la sociedad puedan dedicarse a la formación de los más jóvenes.

Estos se convierten entonces en efebos. Durante la Edad Media, la situación sociocultural determinará, de hecho, la desapari ción de la juventud. El adolescente comparte su vida mezclado con los adultos. Con las sociedades industriales modernas surgirán los teenagers y con el postindustrialismo llegaremos al concepto de joven, siendo en los primeros años del siglo XX cuando se reconocerá y democratizará el concepto a varios niveles: educativo, psicológico e incluso judicial (Feixa, 2006).

Durante la segunda mitad de este siglo, esta etapa ganará protagonismo participando activamente en la sociedad consumo. Por nuestra parte, pensamos que este grupo de teorías y concepciones, tanto desde un punto de vista teórico o analítico como práctico, se constituye en una de las opciones más frecuentes en los estudios y aproximaciones sobre la adolescencia (Alexander, et al.

, 1984; Kimmel y Weiner, 1998; Delval, 2002; Perinat, 2003; Dávila, 2004). Este tipo de teorías, a pesar de su diversidad, se podría hacer corresponder con los postulados del multiculturalismo armonista (Bueno, 2002).

El eclecticismo ante la pluralidad de rasgos constitutivos de la adolescencia y la pluralidad de opciones teóricas permite combinar los hechos de la pubertad, su manifestación individual junto a la variabilidad cultural e histórica por medio de la aceptación yuxtapuesta de factores explicativos y teorías diversas.

  1. Estas formas de conceptualizar, delimitar y las miradas comprensivas hacia la adolescencia, pueden ser concebidas como los enfoques con los cuales se ha operado, habiendo en ellos una multiplicidad de factores, características y elementos, unos más relevados que otros, pero que transitan por los énfasis en las transformaciones físicas y biológicas, intelectuales y cognitivas, de identidad y personalidad, sociales y culturales, morales y valóricas (Dávila, 2004:31);

Pero a su vez, esta forma de abordar la adolescencia bien puede actuar como soporte teórico para proyectos públicos que, por su propia naturaleza práctica, agradecen la interdisciplinareidad que otorgue valor a distintas ciencias y profesionales. Y dicho todo ello sin menoscabo del interés y pertinencia por los análisis, resultados y datos positivos aportados por cada disciplina y autor en su propio campo de estudio e investigación.

  1. Así como el reconocimiento por la preocupación ética y la importancia que estos enfoques han tenido en la denuncia de arbitrariedades hegemónicas que excluyen y estigmatizan a grandes poblaciones de niños y jóvenes bajo la impronta de supuestos saberes empírico-positivistas (Batallán, 2011:249);

En este sentido, muchos de los argumentos del relativismo y del multiculturalismo han servido para reducir el etnocentrismo a sus justos límites (Bueno, 2002). a) Pasamos ahora a reseñar el conjunto de teorías que hemos identificado bajo los criterios de universalismo, respecto de la extensión del concepto de adolescencia, más la presencia de una definición normativa de adolescencia como etapa diferenciada del desarrollo psicobiológico.

  1. En primer lugar citamos a Hall, al que ya hemos hecho referencia (Marchesi et al;
  2. , 1985; Muuss, 1988);
  3. En su obra se plantea el objetivo básico de construir una arqueología de la mente no solo con una finalidad teórica, sino también moral;

La idea de recapitulación se ve mezclada con toda una serie de preocupaciones religiosas bajo las cuales trataba de expresar el fin de todo el proceso evolutivo hacia la perfección de la realidad humana. Esta perspectiva recapitulacionista tiene su mayor expresión en la adolescencia, que según Hall, constituye la culminación del desarrollo y punto de partida para una humanidad superior desde un punto de vista tanto intelectual como moral.

  • Stanley Hall describe la adolescencia como un período personal de tendencias contradictorias;
  • El adolescente puede expresar mucha energía y actividad desmedida y alternativamente mostrarse indiferente y desganado; puede pasar de la euforia a la depresión, de la vanidad a la timidez, del egoísmo al altruismo idealista;

Es la edad de la conversión religiosa, donde encuentra entonces justificación la rebeldía y la crisis personal. La adolescencia corresponde a una época en que la humanidad se encontraba en un estado de transición turbulenta, como un segundo nacimiento, porque es cuando aparecen las características esencialmente humanas (Fernández y Gil, 1990).

La idea de adolescencia, con su contenido biológico evolutivo, es así una fase universal y necesaria del desarrollo de la persona, con comportamientos que no se pueden evitar, que no cambian y que no dependen de la sociedad ni de la cultura.

Una vez despojado de las tesis recapitulacionistas y las preocupaciones morales, la idea de adolescencia de Stanley Hall pervivió en la psicología académica y popular por medio de la imagen del adolescente atribulado y rebelde. Una referencia ineludible de este grupo lo constituyen las teorías psicoanalíticas (Muuss, 1988).

La teoría de Freud supone la extensión universal de su concepción del desarrollo en las diferentes culturas así como una definición del desarrollo adolescente en función de la dinámica psicosexual. La adolescencia se corresponde con la etapa genital, que sigue a la fase infantil de latencia y es cuando se resuelve definitivamente la situación edípica.

La misión del adolescente es lograr la primacía genital y la definitiva búsqueda no incestuosa del objeto amado. Otros autores, como Eriksson, Ana Freud o Blos, desarrollaron la psicología del adolescente bajo la influencia de la teoría freudiana (Delval, 2002).

Sin embargo, criticaron la primacía que Freud otorgaba a los instintos biológicos en el proceso ontogenético, ya que reconocían que los factores sociohistóricos, relacionales y la psicología del yo pueden modificar el desarrollo y los impulsos instintivos.

Erikson es quizás el más influyente teórico dentro de la corriente psicoanalista en relación con la adolescencia (Alexander et al. , 1984; Muuss, 1988). Como es sabido, fue el inventor del concepto «crisis de identidad». Para Erikson, el desarrollo del yo se caracteriza por la adquisición de una identidad según la cultura de referencia, incorporando así la dimensión social o histórica.

  1. La adolescencia se constituye como un tiempo de moratoria para que el joven integre su niñez pasada con las expectativas de futuro;
  2. El individuo debe establecer un sentido de identidad personal y evitar el peligro de la difusión de rol y las crisis de identidad personal;

En una línea próxima a Stanley Hall y a la teoría psicoanalítica, encontramos la idea de adolescencia de Norman Kiell (1969) en su voluminosa obra y de revelador título, The Universal Experience of Adolescence. Kiell defiende la universalidad de la adolescencia en tanto que consiste fundamentalmente en una disposición fisiológica.

  • La adolescencia se define como un periodo de transición en el estatus biosocial del individuo: el periodo que transcurre entre la madurez biológica y social;
  • Este núcleo biológico está presente en todas las culturas y épocas históricas aunque se manifieste cultural y psicológicamente según formas variadas;

El autor se apoya en el testimonio recogido en diarios, reflexiones, cartas y autobiografías sobre el periodo adolescente escrito por los más variados autores de distintas épocas, al objeto de mostrar la constancia del «adolescente arquetípico» (1969:22) a lo largo de culturas y generaciones.

  1. En este grupo de teorías se encuentra sin duda Piaget y los principales autores inspirados en sus trabajos sobre el desarrollo cognitivo (v;
  2. gr;
  3. Elkind o Kohlberg);
  4. La obra de Piaget y colaboradores está considerada como el paradigma científico positivista del concepto psicobiológico del desarrollo humano (Szulc, 2006);

El carácter de universalidad que acompaña a las etapas del desarrollo viene justifica do por el propio proyecto de investigación emprendido por Piaget (Delval, 2002). En este sentido, la obra de Piaget no es tanto una «psicología del niño» como un proyecto de epistemología genética; es decir, la investigación sobre la estructura del conocimiento en general y del psicológico humano en particular (Piaget, 1986).

El estudio del desarrollo infantil es más bien una herramienta al servicio de este propósito, mostrando la secuencia de estadios conocida —sensoriomotor, preoperatorio, operatorio y formal— que lleva de las formas más básicas de conocimiento al pensamiento científico.

Desde este proyecto, cobra pleno sentido su psicología infantil normativa, la comparación transcultural en la búsqueda de universales cognitivos (Carretero, 1982) así como la psicología animal comparada inspirada en sus teorías (Gómez, 2007). En definitiva, tenemos el grupo de concepciones y teorías que han apoyado la universalidad distributiva de la idea de adolescencia en criterios de naturaleza psicobiológica individual.

Este tipo de teorías, a pesar de su diversidad, constituye, por decirlo así, la posición etnocéntrica (Bueno, 2002) en torno a la concepción de la adolescencia y que, como hemos visto, ha sido objeto de duras críticas tanto por la parte del universalismo —desde los estudios de la antropología relativista, la historia o la sociología— como por la parte de las definiciones canónicas del concepto psicobiológico de adolescencia.

b) En este apartado comentaremos las concepciones que aun manteniendo una perspectiva universalista respecto de la extensión de la adolescencia, este universalismo no se sostiene sobre una definición de adolescencia circunscrita a la subjetividad individual.

La adolescencia se plantea más como espacio antropológico que como espacio personal; más como etapa social que como etapa del desarrollo ontogenético. Pero a diferencia de las concepciones relativistas, con pretensiones de universalidad antropológica e histórica.

Desde la antropología, identificamos esta concepción teórica en el trabajo de Schlegel y Barry (1991) y Schlegel (1995). En el primer trabajo se estudian y comparan datos de ciento ochenta y seis sociedades preindustriales respecto de variables típicas relacionadas con la adolescencia (vida familiar, relaciones sexuales, infracciones a las normas, el grupo de iguales, etcétera).

  1. Los autores sostienen que la adolescencia es universal para los chicos y, salvo algunas excepciones en determinadas sociedades, también para las chicas;
  2. El comienzo de la adolescencia está parcialmente fijado por el desarrollo biológico, con el hecho central de la maduración sexual, pero su término e ingreso en el estado adulto depende de variables culturales;

La adolescencia entonces se configura como una respuesta social a la desconexión entre la maduración sexual reproductiva, que se inicia con la pubertad, y la plena maduración social del estado adulto. A juicio de estos autores, la adolescencia no es lo mismo para los chicos que para las chicas y este significado diferencial forma parte del dispositivo social de los grupos humanos para evitar las relaciones entre familiares.

Las chicas se suelen casar en torno a la pubertad, pasan más tiempo con grupos de mujeres de diferentes edades y se relacionan más con estas que los chicos con grupos de varones adultos. Por el contrario, los chicos no se casan inmediatamente tras la pubertad, por eso su adolescencia y los problemas con su madurez reproductiva se prolongan durante más tiempo.

Además, los chicos están aislados social y espacialmente de los grupos de adultos varones. Esto explica que los grupos de adolescentes tengan más importancia para los chicos que para las chicas. Los matrimonios y alianzas entre clanes y linajes son determinantes para fijar el emparejamiento de los chicos y chicas y esto determina el estatus y duración de la adolescencia.

  1. En la obra de estos autores, la adolescencia es entendida como una etapa social de los agrupamientos humanos y constituye un período que puede ser observado incluso entre varias especies de primates, lo que avalaría la tesis de que no se trata de un producto de la cultura (Schlegel, 1995:16);

La etapa adolescente viene definida principalmente por factores sociales relativos a cuestiones como la evitación del incesto, la formación de grupos de edad, el parentesco y las alianzas matrimoniales entre grupos, la posición del adolescente en el sistema productivo, la administración y acceso al poder en el seno de la comunidad, etcétera.

Una idea similar podemos ver en el trabajo de Arnett y Taber (1994). El final de la adolescencia y la transición al estado adulto no es tanto una cuestión dependiente del desarrollo ontogenético como un periodo subordinado al tipo de socialización que predomina en cada cultura.

Así, en las culturas que los autores denominan de socialización extendida (broad socialization), caracterizadas por el individualismo; esto es, la pluralidad de rutas y trayectos personales en el desarrollo vital, la transición al estado adulto es más dilatada en el tiempo y se define por criterios individuales relativos a la autonomía personal; mientras que en culturas con socialización estrecha (narrow socializa tion), sociedades tradicionales no occidentales, la característica defini toria es que el individuo se ve presionado hacia la conformidad con ciertos patrones culturales predefinidos y marcados por eventos sociales, principalmente, el matrimonio.

En estas sociedades, el rango de variación de las trayectorias personales está muy restringido socialmente, ya que el bienestar del grupo tiene prioridad sobre la autonomía del individuo. En las sociedades tradicionales que han desarrollado una economía más compleja e incrementado su occidentalización, la transición al estado adulto ha cambiado hacia un modelo similar al de la socialización extendida propio de la cultura occidental.

Los autores, aun reconociendo la variabilidad cultural, señalan que el fin de la adolescencia y la transición al estado adulto es una etapa social presente en la mayoría de las sociedades y que no se define tanto por variables conductuales individuales como el desarrollo cognitivo, la regulación emocional o comportamientos socialmente responsables.

Estas variables, a pesar de servir como indicadores individuales para establecer la transición al estado adulto, no son tanto variables ontogenéticas, sino un resultado del tipo socialización predominante en cada cultura.

Conclusiones: Definición Funcional de Adolescencia y Razones para Mantener una Concepción Universalista Histórico-Contextual Exponemos brevemente la concepción funcional de la adolescencia del profesor Gustavo Bueno (1998) que hemos tomado como referencia para nuestro intento de demarcación y clasificación de las teorías de la adolescencia.

Las concepciones teóricas que acabamos de presentar compartirían los criterios señalados: universalismo/relativismo y presencia/ausencia de una definición regulativa de adolescencia recortada en el plano de la individualidad psicobiológica.

Por lo tanto, el concepto funcional de adolescencia constituye una rectificación crítica de estas teorías —de unas más que de otras— sin perjuicio de que tenga que contar ineludiblemente con las mismas y sus desarrollos positivos —con unos más que con otros—.

En concreto, la idea funcional de adolescencia se delimita por su oposición tanto a las concepciones relativistas o particularistas, respecto de la extensión, como a la presencia de una definición de adolescencia reducida a una etapa psi-cobiológica del desarrollo.

Se trata de justificar entonces la pertinencia de un concepto antropológico de adolescencia de carácter general, pero no en un sentido unívoco aplicable a las diferentes culturas. Partimos para nuestro propósito de las definiciones generales sobre la adolescencia.

La Organización Mundial de la Salud (1965), por ejemplo, define la adolescencia como la etapa de transición gradual que transcurre entre los diez y veinte años. También se define la adolescencia por una doble negación: ni niño, ni adulto (Marchesi et al.

, 1992). Así, podemos decir que la adolescencia se entiende generalmente como un estadio de la vida humana intermedio entre la infancia y la edad adulta. Estas definiciones habitualmente entienden en sentido unívoco o sustancialista cada uno de los términos señalados en el proceso —infancia, niño, adolescencia, juventud, estado adulto—, siendo los contenidos positivos presentes en la definición los propios de alguna sociedad determinada, en particular la sociedad occidental.

  • Pero hay que apuntar que una definición de adolescencia con pretensiones de universalidad no tiene por qué adoptar este formato de definición unívoca, siendo posible adoptar una definición funcional de adolescencia;

Una definición funcional o formal supone que la adolescencia se presenta definida en función de dos variables: la infancia y el estado adulto joven. Pero en sí misma es una etapa vacía o formal porque «puede tomar, sin embargo, distintos valores, según los valores que asignemos a cada una de las variables independientes a partir de las cuales se define, en este caso, infancia y juventud adulta» (Bueno, 1998:41).

Sin embargo, al definir los valores de ambas variables los conceptos de infancia y estado adulto se presentan en formatos diferentes. Podemos decir que la infancia es universal respecto de los individuos de la especie humana, pero no se puede afirmar lo mismo respecto del estado adulto, que toma sus contenidos propios de la diversidad de sociedades o culturas.

La adolescencia se configura entonces en función de realidades sociales como puedan ser las estructuras del parentesco, estructuras de producción básicas, el régimen de propiedad, los sistemas educativos, políticos o militares, creencias religiosas, etcétera.

  • El concepto de adolescencia, lejos de presentar características uniformes, tomará diferentes valores no solo según qué entendamos por infancia sino también por estado joven adulto propio de cada cultura;

Y aquí reside la principal dificultad para circunscribir la adolescencia a una etapa abstracta del desarrollo ontogenético. Para que el concepto genérico o funcional de adolescencia pueda diversificarse y dar cuenta de su variabilidad cultural es necesario disponer de una estructura efectiva en la que la adolescencia está ya organizada (por ejemplo, mediante ritos de paso).

Así, y tomando como momento interno a dicha estructura la situación de salida de la infancia, la adolescencia, como concepto funcional, se define como «El período que comienza con la salida de la infancia (salida para cuyo análisis disponemos de una criterio objetivo: la prepubertad y la pubertad) pero en el cual todavía no se ha alcanzado el estado de adultez» (Bueno, 1998:48).

A partir de esta situación, serán entonces las propias figuras antropológicas de las respectivas sociedades que se determinen, las que clausuran y cierran el concepto funcional de adolescencia, transformándolo en una realidad práctica, que sin embargo contrasta con otras adolescencias de otras culturas o sociedades.

  1. Solo es posible, por lo tanto, dotar al concepto funcional de adolescencia de un contenido efectivo y positivo en la medida en que la oposición infancia/estado adulto pueda ser definida en una cultura determinada;

Pero esto solo ocurre de forma clara y distinta en sociedades tradicionales, donde las ceremonias de pubertad aparecen pautadas por de normas antropológicas. Esto supone que en los casos en los que no fuera posible, en una sociedad dada, delimitar los valores que adopta la niñez y el estado adulto, la adolescencia, como etapa de tránsito o intermedia, tomaría un valor nulo o se desdibujaría.

Esto es lo que sucede en algunas sociedades (Mead, 1990) o en determinadas épocas históricas (Ariés, 1987). La definición funcional de adolescencia muestra entonces su fertilidad en la capacidad para adaptarse bien a los valores límites, esto es, cuando no es posible definir los valores de la niñez o el estado adulto, o bien a las situaciones prototípicas en las que la oposición niñez/adultez se dibuja claramente, como por ejemplo en una ceremonia de rito de paso.

El parámetro de aplicación de la idea funcional de adolescencia lo constituyen las sociedades antropológicas e históricas; es decir, sociedades con normas institucionalizadas. El concepto funcional de adolescencia evita una definición sustancialista, definición que identificamos como recortada en torno a la subjetividad abstracta y común a todas las culturas; por el contrario, permite dar cuenta de sus especificaciones antropológicas e históricas, en las que se conforma dicha subjetividad.

La característica del concepto funcional, etapa intermedia entre el término de la niñez y el ingreso al estado adulto, se mantiene como regla fija e invariante, lo que impide incurrir en ningún tipo de relativismo cultural o axiológico porque una cuestión es comprobar la realidad de las diferentes figuras de la adolescencia y otra es conferirles el mismo tipo de consistencia o valor.

Las diferentes ado lescencias no permanecen ajenas las unas de las otras entre las diferentes sociedades y esta comparación, insoslayable, es la que permite medir la consistencia y valor de unas figuras frente a otras. La noción de adolescencia, en este sentido, no es axiológicamente neutra, como si fuese un concepto estrictamente científico.

Pero los significados culturales que la idea de adolescencia adopta, aunque diversos, no por ello son arbitrarios o inconmensurables, ya que aparecen conectados internamente entre sí por medio de sus variables características (infancia y estado adulto) y solo en la comparación entre tipologías de adolescencia presentes en diferentes sociedades es posible construir y delimitar de forma efectiva la idea de adolescencia.

Avilés (España), febrero 2014. Notas 1 En el contexto de los asuntos tratados en el presente trabajo, la diferencia de género no resulta pertinente. La mención explícita del femenino se realiza cuando la oposición de sexos es relevante en el contexto referido, manteniendo el uso genérico del masculino en su condición de término no marcado y sobre todo teniendo en perspectiva a la idea de persona, que incluye a ambos géneros.

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